Columnismo

Vidas cotidianas

La doble de Susi

19.10.2016 3 minutos

Ya habrán oído en más de una ocasión que todos tenemos un doble en alguna parte del mundo. Algunos incluso dos o tres, más aún: una legión. Por lo visto yo tengo un doble cerca, en Málaga. De hecho, ya han sido varios amigos los que me han asegurado verme en Pedregalejo o en Torrox una tarde de este pasado mes de agosto cuando yo estaba disfrutando, en el sofá de mi salita, de la remontada de España en baloncesto femenino ante una Turquía  seria y peleona o viendo la victoria en la final de bádminton de la onubense Carolina Marín.

A veces ese doble tuyo puede ser un problema, imagínense que comete algún robo o le da por hacer un estriptis ante unas cámaras de vigilancia, o peor aún, delante de alguien conocido tuyo que pueda confundirse contigo y que, pensando, que eres tú, no se atreve a decírtelo. Sí señor, mejor que tu doble esté en un país lejano, y si es en otro continente, punto a favor.

Pues bien, en julio, mis dos Inmas y yo viajamos a Praga y Viena, y en esta última ciudad, mientras nos acercábamos al Palacio de Belvedere, una joven guapa y alegre nos miraba y sonreía desde una valla publicitaria. Esa imagen apenas duró unos segundos porque los anuncios iban rotando, pero el rostro nos resultó muy familiar. Nos olvidamos de la chica al entrar en los jardines del palacio.

La volvimos a encontrar camino del hotel, justo a la salida del metro, y ahí sí, los tres supimos a quién nos recordaba. Era Susi, nuestra sobrina, aspirante a médico. Era idéntica, o eso creímos. Bromeamos y fotografiamos el panel justo antes que volviera a cambiar. Cuando estuvimos en la habitación,  después de una jornada agotadora (ya se sabe lo duro que es la vida del turista), aprovechamos el wifi indispensable del hotel y waseamos con Susana enviándole la foto con el consiguiente comentario: “¿Qué haces en Viena?”

Ahí  pude comprobar que la chica del anuncio no nos seguía con la mirada ni con la sonrisa en los labios porque ella ríe, junto a otras amigas que la observan, pero tiene los ojos cerrados. Un pañuelo en la cabeza la hace interesante y confundirse con mi sobrina. Pero no sabemos el producto que ofrece ni las frases que aparecen en alemán.

La encontramos de nuevo en un panel publicitario justo cuando nos marchábamos hacia el aeropuerto. “Mira, Susi también nos despide” y entonces, se me ocurrió invertir el pensamiento de mi sobrina y trasladarlo al de la chica austríaca que tanto parecido tenía con ella. Pensé que ignoraba que su doble está en Churriana, un pueblo que ni siquiera sabe que existe. Supongo que al prestarse a posar para publicidad podría convertirse en un icono, sabía que sería observada por miles de viandantes y, algunos, como nosotros podrían bromear o filosofar con su imagen comparándola con otros rostros.

Al llegar a Málaga, mientras esperaba las maletas en la cinta transportadora temí que no aparecieran después de una larga espera, fantaseé con que un doble mío se había apoderado de ellas e incluso se había marchado con mi mujer y mi hija. Entonces oí las voces de ambas diciéndome que me había confundido de puerta y que ellas habían recogido el equipaje. Suspiré aliviado y cogí una de las bolsas.

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