Cultura y sociedad

50 años de campos de fresa (y son para siempre)

17.02.2017 @dpelagu 10 minutos

Brian Wilson, líder artístico de los Beach Boys, se había tomado el lanzamiento del innovador álbum Revolver, de los Beatles, como una suerte de carrera espacial por lograr poner primero el pie en la Luna de la psicodelia entre los de Liverpool y los californianos. Wilson ya había publicado el aclamadísimo Pet Sounds -que a su vez había fascinado e inspirado a Paul McCartney- y ahora quería publicar el álbum de rock definitivo, su "sinfonía adolescente para Dios", que se llamaría SMiLE. Tras varios meses de fecundidad creativa e inestabilidad psicológica, que se tradujeron en esa maravilla de composición que es Good Vibrations, Brian Wilson iba en el coche con el periodista y escritor Michael Vosse cuando comenzó a sonar una canción, recién publicada por los Beatles, que le hizo parar de inmediato: "Ya lo han hecho. Han hecho lo que yo quería hacer". Los de Liverpool habían llegado a la Luna antes que él. Habían ganado. Canceló el proyecto SMiLE, que se convertiría en el disco no publicado más famoso de la Historia, y cayó en una depresión de la que tardaría varias décadas aún en recuperarse. El tema que había sonado en la radio, que sintetizaba todo lo que Brian Wilson quería hacer, su sinfonía adolescente a Dios, todo lo que cualquier creador querría hacer, era Strawberry Fields Forever.

Desde la primera nota, quedó claro que la nueva canción de Lennon era una obra maestra. Había creado un homenaje delicado y casi místico a un lugar misterioso, un lugar al que llamaba "Strawberry Fields". Yo no tenía ni idea de qué trataba la letra, pero las palabras eran cautivadoras, como un poema abstracto, y había algo mágico en el timbre inquietante y lejano de la voz de John.

Cuando terminó, hubo un momento de asombrado silencio, roto por Paul, que con un tono suave y respetuoso se limitó a decir: "Es absolutamente genial". La mayoría de veces, cuando Lennon tocaba una de sus canciones por primera vez con la guitarra acústica, todos pensábamos: "Vaya es fantástica", pero esta canción era claramente especial.

Geoff Emerick, en su libro El sonido de los Beatles

El joven Emerick, ingeniero de sonido de los Beatles, llevaba sin verles desde hacía varios meses, cuando habían salido en la que sería la última gira de su historia. Volvían totalmente cambiados. Se habían dejado bigotes, alguno incluso barba, se habían cortado la característica melena beatle. John Lennon, que siempre ocultaba su condición de miope en público, llevaba unas gafas redondas de abuelita. Traían un montón de nuevos instrumentos, un teclado Mellotron, la guitarra slide, el sitar indio, que ya se daba por hecho. Les llovían las amenazas de muerte tras haber dejado plantada a la mujer del dictador Imelda Marcos en Filipinas y tras decir Lennon que los Beatles tenían más tirón entre la juventud que Jesucristo y que, bueno, quizá el rock and roll durase más que el Cristianismo. George Harrison estaba en pleno amor adolescente con su recién visitada India y parecía tener la cabeza más allí que en el estudio.

Tenían una idea clara: no querían salir más de gira, querían hacer un disco que se hubiera escuchado nunca y que no se pudiera escuchar en directo, "un disco innovador con sonidos innovadores", según Lennon. George Martin, productor de los Beatles, resopla: no es lo que esperaba, pero ha aprendido a darle confianza al criterio de los Beatles. "Bueno, ¿y qué música traéis?" John Lennon es el primero que levanta la mano: "¡Yo tengo una buena!". Fue entonces cuando tocó la primera versión de la canción, con una sola guitarra, con voz dulce y nasal. A ese momento mágico es al que dedicó Emerick los párrafos anteriormente escritos y que también recordaría Martin con especial fascinación en su autobiografía. Lennon también había traído una demo, pero todos decidieron que querían trabajar cuanto antes en la grabación de la canción.

La canción comienza a escribirse en septiembre-octubre de 1966 en Almería. Allí Lennon se encontraba rodando, en mitad del desierto de Tabernas, la película How I won the war, del director de cine fetiche de los Beatles, Richard Lester. Compuso la canción en los múltiples descansos entre tomas. La experiencia le sirvió para darse cuenta que se aburría mucho grabando y que ser estrella de cine no era lo suyo. En la habitación del caserón en el que se hospedaba -un palacete llamada "Santa Isabel"-, Lennon grabó la primera demo, guitarra y voz, del tema. Es posible que las verjas del inmueble le evocaran a las del orfanato Strawberry Fields de Liverpool, por cuyos jardines jugaba de niño y que dieron nombre a la canción. En Almería, Lennon no era excesivamente molestado ni reconocido por la población local, bajo el franquismo, y sólo recibió una visita española que le buscase concretamente a él: la del profesor de inglés Juan Carrión, cuya historia quedaría recogida en la multigalardonada película Vivir es fácil con los ojos cerrados. El autor del libro en el que se basa el largometraje, Adolfo Iglesias, ha sido uno de los encargados de recuperar y restaurar todo el legado que Lennon dejó en el sur de España, donde compuso una de sus mejores canciones -si no la mejor-, mediante la asociación John Lennon Almería Forever.

La primera frase que se escribió es "There's no one on my wavelength / I mean, it's either too high or too low / That is you can't you know tune in but it's all right / I mean it's not too bad", cuyos primeras dos líneas serían transformadas a "No one I think it's in my tree / I mean it must be high or low". En ellos se recoge una de las ideas principales de la canción, el autodescubrimiento del ego del propio Lennon: Nadie está en mi árbol, creo que debe ser alto o bajo. Es decir, estoy a una altura diferente que el resto, no sé si más alta y soy un genio o más baja y soy, simplemente, imbécil. La letra posee, por tanto, varios componentes conjugados: la búsqueda del ego, cierta nostalgia hacia Liverpool (no sólo en el título, también en la frase "Nothing to get hung about", Nada de lo que debas preocuparte, que decía el infante Lennon a su tía Mimi para que le dejase jugar en los jardines de Strawberry Fields), y la invitación a ese mundo onírico que de algún modo significa Strawberry Fields, que es en sí el leitmotiv princial de la canción, todo ello salpicado de diversas reflexiones geniales: "Living is easy with eyes closed / Misunderstanding all you see / It's gettin' hard to be someone/ but it all works out / it doesn't matter much to me".

¿Lo más fascinante de la letra? John Lennon es fieramente sincero en la redacción y no deja de contradecirse en todo momento, aderezando toda la canción con dudas, como el que intenta explicar algo que sabe contradictorio, pero de lo que intenta hacer partícipe al receptor. "Always, no, sometimes, think it's me / But, you know, I know when it's a dream / I think, er, no, I mean, er, yes, but it's all wrong / That is, I think I disagree". Siempre, no, a veces pienso que soy yo / Pero ya sabes que sé cuándo es un sueño / Pienso, eh, no, quiero decir, eh, sí, pero está todo mal / Eso es, creo que no estoy de acuerdo. 

Durante todas las sesiones de grabación, John, normalmente impaciente y colérico, tenía una serenidad excepcional. Jugando con el sonido de una flauta en el teclado Mellotron, Paul dio con los acordes iniciales característicos. John tenía enormes dudas sobre cómo quería que sonara la canción y se grabó una primera versión en mono, que en el momento fue tomada por buena, con ese inicio. Unos días después, mientras grababan otra canción, John Lennon no dejaba de escuchar la primera versión del tema y no andaba contento con ella. Creía que debía tener "más peso". Añadieron instrumentación orquestal y tardaron más de treinta horas en grabar la nueva versión de la canción -experimentando, probando, fallando- "más tiempo y atención que a cualquier otra canción que John Lennon grabó nunca con los Beatles", según la autobiografía de Emerick. Se terminó una segunda versión de la canción, pero de nuevo John tenía un rún-rún: había decidido que, aunque la segunda versión había sido tomada por definitiva, prefería el inicio de la primera y quería que se empalmasen las dos secciones. Martin le dijo que eso era imposible: estaban tocadas en tonos y tempos diferentes. Lennon hizo poco menos que encogerse de hombros y decirles que seguro, podrían hacerlo.

"Desde los días de Revolver, nos habíamos acostumbrado a que nos pidieran lo imposible y sabíamos que la palabra 'no' no existía en el vocabulario de los Beatles", relata Emerick. Lo que hoy día es fácilmente mutable con un ordenador, lo tuvieron que hacer ("nos sonrieron los dioses") con un par de grabadoras de cinta, un control de variación de la velocidad y un par de tijeras. El punto de ensamblaje elegido fue la segunda vez que suena la primera estrofa, a sesenta segundos del inicio de la canción; concretamente en el going de "Let me take you down, cause I'm going to". Es a partir de ahí cuando la canción gana ese peso que buscaba Lennon y que se logró mediante la instrumentación orquestal. Cuando, finalmente, le pusieron la versión final de la canción a John, con las dos tomas empalmadas manualmente, este escuchó concentrado, con los ojos muy abiertos por la emoción, siempre según la versión de Emerick, y no dejaba de repetir, encantado de conocerse:

- Brillante. Simplemente brillante.

Los grandes sumarios de la historia del rock han relevado a Strawberry Fields y Penny Lane como un dos por uno, piezas ricamente instrumentadas con referencias nostálgicas a Liverpool y que sirvieron de preámbulo para el Sgt. Pepper's, pero lo cierto es que Strawberry Fields no tiene nada (o casi nada) que ver con Penny Lane. Mientras que Penny Lane es el reflejo de algunas de las obsesiones del momento de McCartney -el Pet Sounds de los Beach Boys y el Concierto de Brandeburgo de Bach- y ni siquiera sería su mejor canción con los Beatles -ahí están Hey Jude, o Let It Be, o Yesterday, o cualquiera por el estilo que gusten-; en Strawberry Fields Forever está todo Lennon. Mientras que Penny Lane no es más que un divertido retrato costumbrista de un barrio de Liverpool, en Strawberry Fields Lennon se psicoanaliza con la excusa de un ambiente onírico y lejano que comparte nombre con el orfanato por el que jugaba de niño. Eran aquellos tiempos cuando no sabía nada de su padre y su madre -Julia, que moriría en un accidente de tráfico cuando Lennon tenía 17 años- le dejó en custodia de su estricta tía Mimi. En Strawberry Fields, Lennon se apura hasta los intestinos y muestra al mundo las entrañas. Siempre lo consideró, incluso en su época más crítica con el legado del grupo, su mayor logro con los Beatles.

Strawberry Fields Forever se lanzó con Penny Lane como un sólo single, con dos caras A, por decisión de George Martin, que los consideraba los dos mejores temas que había grabado el grupo hasta la fecha. Nadie, ni siquiera Brian Wilson, estaba preparado para la propuesta de los Beatles y resultó ser el primer sencillo suyo desde el lanzamiento de su primer disco que no lograba el número uno en Inglaterra. Poco importaría: incluso les alivió algo no tener la presión continua de mantener la racha de números uno. George Martin, por su parte, consideraría durante toda su vida "uno de los mayores errores que he cometido" no incluir ambos temas en el álbum Sgt. Pepper's, que se publicaría en junio del '67, a las puertas del Verano del Amor, y quedaría como el mejor álbum de la Historia. Strawberry Fields Forever fue lanzado varios meses antes, el 13 de febrero de 1967 en los Estados Unidos y cuatro días después, el 17 de febrero, en Reino Unido.

Hace ya -justo el día de publicación de este reportaje- cinco décadas, cincuenta años, de aquello. Y no te debes preocupar: los años pasan, pero los Campos de Fresa son para siempre.

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