Cultura y sociedad

Artista busca piel

El tatuaje como forma de expresión

05.03.2017 @inmansi 10 minutos

Pintores, escultores, escritores o músicos. Lienzos, arcillas, papel o partituras. Hay que tener el qué pero también influye el sobre qué plasmarlo. ¿Qué define al artista y por qué ellos no pueden serlo?

El tatuaje, como forma de expresión, existe desde que el hombre es hombre. Pero pocos se preguntan por el tatuador, ¿por qué no nos interesa esta profesión tan antigua? Oscurantismo, suciedad o poca profesionalidad son algunas características que mucha gente les ha atribuido. ¿Y tú? ¿Cómo te imaginas tú a un tatuador? Fuera prejuicios, te voy a presentar a tres de ellos:

 

Alfonso Hernández (1967, Lima), lleva viviendo en Madrid desde 1998. Tiene su propio negocio: Inti Tattoo Studio, y lleva ejerciendo la profesión desde los 29 años. El estudio de Alfonso es tan particular como él. Calaveras, una bandera negra y música entre el heavy y el rock. Alfonso no aparenta 50. Tiene el pelo largo, rizado, algo canoso y recogido en una coleta. Una dilatación en cada oreja. Dirige y trabaja en este estudio desde 2011 y lo ha decorado a su gusto, se nota. La entrada la adornan fotos y dibujos de tatuajes. Son precisamente sus diseños, junto a los diplomas que le habilitan como tatuador profesional, su mejor tarjeta de presentación.

 

Krish Trece (o Cristina Oliver) es una joven artista nacida en Girona hace 28 años. También establecida en Madrid desde hace unos 5 años, trabaja en un estudio de tatuajes llamado La Mano Zurda. Los tatuajes llenan también el recibidor de La Mano Zurda, el estudio donde Krish Trece –nombre artístico – trabaja desde hace casi cinco años. 28 años, pelo corto y negro con mechas rubias, un piercing en la nariz y, de nuevo, una dilata en cada oreja. La oscuridad y sobriedad del recibidor nada tiene que ver con la habitación en la que Krish tatúa. Música, mucha luz y una decoración completamente personalizada. Aquí al contrario de lo que se pudiera pensar, el caos creativo sí es compatible con el orden y la limpieza.

 

El sevillano Jesús Roldán, de 32 años, fijó la capital española como su destino profesional. Desde el Tattoo Center de La Vaguada lleva desde los 21 imprimiendo su arte en las pieles de sus clientes. Si el estudio de Alfonso es auténtico y el de Krish es moderno pero respetando la esencia, el estudio donde trabaja Jesús es, de todos, el más comercial. Algún diseño ilustra la entrada y un par de dibujos decoran la cabina para tatuar, pero aquí las paredes son blancas y la sencillez y la higiene se respiran como máxima para trabajar. Tattoo Center cuenta con tres centros de tatuajes y piercings. Jesús trabaja en uno de ellos como tatuador desde hace ocho años. Alto y con gorra, Jesús llama la atención, más aún cuando descubres que tiene prácticamente todo el cuerpo tatuado, incluida una parte de la cara.

Aprendiendo

Fue Thomas Alva Edison quien inventó la aguja de los tatuadores en un intento de facilitar el trabajo de los oficinistas. Al igual que él, aunque en menor medida, Alfonso empezó en los tatuajes creando, con la ayuda de su maestro brasileño, su propia máquina para tatuar: “Nosotros hacíamos artesanía, pero él tenía varios tatuajes y yo le preguntaba por ellos, si sabía hacerlos. Entonces nos confeccionamos las máquinas y me enseñó a hacer tatuajes.” Aprendió desde cero, sí, pero antes, Alfonso había estudiado Diseño Gráfico al igual que Krish estudió Ilustración en la madrileña Escuela de Arte ESDIP o Jesús Diseño de Interiores (además de un año de Bellas Artes).

De todas las ramas se quedaron con el tatuaje y entre los posibles lienzos eligieron la piel. Para ello, el requisito indispensable – tanto para el tatuador como para el anillador (piercings) – era un Curso Higiénico – Sanitario que se renueva cada cinco años y que expide la Comunidad de Madrid. Entonces, ¿no es necesario estudiar ninguna carrera para ser tatuador? No. Krish lo aclara: “Te tienes que hacer un curso. No es “me pongo a tatuar” y ya está. Aunque sí hay gente así, cada vez más, y eso es un problema”. Se refiere a los que empiezan tatuando en casa. Paradójicamente, ella también empezó así: “Es peligroso porque tienes que ser muy higiénico. Yo es que me hice el curso y allí te enseñan que tienes que tenerlo todo impecable. Yo en mi casa tenía una habitación que no usaba así que planté una camilla y un poco lo que necesitaba y me puse a tatuar a amigos. Estuve como un año en casa, hasta que me hice un portfolio” y aclara: “Ningún estudio se arriesga a cogerte y que la puedes liar”. La eterna disputa entre la experiencia y la profesionalidad. Jesús se queja de lo mismo pero lo justifica siempre y cuando se trabaje con una higiene adecuada.


El tatuaje más antiguo que se conoce es de un cazador neolítico del 5300 a.d.C. Imagen: José Antonio Blanco
Recogida de residuos, inspección de la máquina de esterilizar por un laboratorio, material homologado y de uso único y exclusivo... Pero no solo se trata de higiene, el tatuador también sabe de pinturas y, por supuesto, de pieles: no es lo mismo la tinta negra que la de color como no es lo mismo tatuar un brazo, la espalda o una pierna.

Artistas antes que tatuadores

“¿Qué es el tatuaje para mí? Es arte. Es como un cuadro que te gusta y decides llevar en la piel. Tú eres el lienzo y lo tienes para siempre” afirma Krish contundente. Para Jesús es una forma de expresión y para Alfonso un sentimiento, una cultura: “No es una moda, la moda es efímera”. Para todos, el tatuaje es algo más que un trabajo. Antes que trabajadores, son artistas. Otra cosa es que, además, tengan la suerte de poder hacer de su pasión el día a día: “Si tuviera que estar en un sitio donde no pudiera expresarme de un modo artístico estaría perdida” explica Krish, a lo que Alfonso añade: “Poca gente puede decir que trabaja en lo que quiere. Como decía un proverbio chino: si tu trabajo te gusta, no estás trabajando. Yo cuando tatúo, no trabajo”.

Coinciden también en que lo mejor de su profesión es hacer feliz a la gente, que los clientes se marchen contentos con el resultado. ¿Y la peor parte de ser tatuador? Para Alfonso, ser empresario. Para Krish y Jesús, contratados por un estudio, hacer un diseño que no te convence o tatuar siempre un tipo de dibujo: “Los infinitos te pueden saturar mucho” se queja él. Ante estos casos, y más aún, cuando la inspiración escasea, los tres tatuadores sacan a relucir su profesionalidad: “Hay que ser serio y hacerlo lo mejor posible. El tatuaje es algo que queda para siempre y hay que tener un respeto al cliente. Hay que agradecerle que te haya elegido a ti como tatuador” explica Alfonso; “tienes que hacerlo bien, como si fuera el último que vas a hacer en tu vida, porque puede ser que esa persona haya estado toda la vida decidiéndose para hacérselo” añade Jesús. Krish Trece va más allá y nos confiesa que el secreto es la constancia: “Es dedicación, no te vale con ahora sí y ahora no; esto es día tras día”.


Las manos de Jesús crean arte, pero también lo desprenden. Imagen: José Antonio Blanco
Pero como para todo artista, la expresión no entiende de horarios. Esto explica el hobbie que los tres comparten: dibujar. Todo el día y sin importar el formato. Alfonso se queda con el papel, Jesús pinta tablas de madera (con exposición incluida) y Krish lo hace con el nuevo Ipad.

Cualidades, pasión, actitud, inspiración, profesionalidad... ¿y tatuajes? ¿Todo tatuador tiene que llevar tatuajes? No puedo resistir la pregunta. Krish me responde: “No necesariamente, pero supongo que tenerlos te hace ver un poco cómo se puede sentir la otra persona”. ¿Y qué significan los tuyos? Silencio. La situación se repite con cada uno de ellos y me sorprende lo poco dispuestos que están a “desnudarse” delante de cualquiera. Jesús me confiesa que la M que lleva tatuada en la cara es por su madre, Manuela, que falleció el año pasado. Aún así, en general, no están cómodos con el tema, solo explican que casi todos tienen significado o son obra de un tatuador al que admiran.

El tatuaje no entiende de fronteras

Al igual que los tatuajes, la profesionalidad, la constancia y el arte, hay algo más que define y construye al tatuador: los viajes. El tatuaje es un idioma universal del que, al mismo tiempo, gracias a cada dialecto, se aprende. Alfonso conoce muy bien Latinoamérica. Desde hace cinco años Jesús viaja todos los años, dos o tres meses, a tatuar a Nueva York. Krish, por su parte, sabe lo que es el tatuaje en Dublín y Brighton.

Para todos ellos, un mayor conocimiento del tatuaje implica más libertad a la hora de tatuar. En ese sentido, parece que el resto de países nos lleva ventaja, como explica Jesús: “La mentalidad es totalmente diferente allí, no tiene nada que ver con la española. La gente es más abierta y confía más en tus diseños, aunque hay de todo, como en todas partes”.

Más libertad para tatuar, más confianza en el tatuador y, sobre todo, menos prejuicio hacia el tatuaje. Alfonso nos pone un claro ejemplo: “La primera vez que fui a Holanda, en el 1999 o por ahí, vi de lejos a un tío trajeado bien, con su buen maletín. Cuando te acercabas veías que tenía el pelo amarillo, llevaba sus pendientes y un tatuaje enorme asomando por el cuello. La gente ni le miraba”.

La intención de Alfonso – y el deseo de todos – es que sus diseños se vean. Imagen: José Antonio Blanco

 

¿Y en España? “En España estamos muy retrasados pero la cosa está cambiando”, afirma Alfonso, “Antes ibas al Alcampo y veías a la niña en la caja que tenía que tener una tirita en la nariz para que no se le viera el piercing. Ahora va con su piercing, se le ve un tatuaje, y no hay problema. Ahora incluso hay policías con tatuajes. Vamos poco a poco metiéndonos en lo que es el resto del mundo. En el resto de Europa esto ya está asumido”. Jesús nos revela que el truco está en la mentalidad de la gente: “Está cambiando pero hay gente que todavía tiene la cabeza cuadrada. Yo voy en el metro y la gente me sigue mirando, ya sea por tener las orejas dilatadas o por tener tatuajes en la cara o en el cuello...”. Pese a ello, Krish está convencida de que sí, vamos mejorando: “Lo noto porque cada vez tenemos más trabajo y porque cada vez se ve gente más tatuada. Yo, por ejemplo, este verano he ido a la playa y era raro el que no estaba tatuado. Eso antes no se veía tanto”.

Poco a poco desterramos prejuicios y caminamos a la aceptación. Sin embargo, aún hay una batalla perdida: la conciliación entre trabajo y tatuaje. ¿Por qué querría alguien borrarse un tatuaje? Pregunto a cada uno de ellos. Las respuestas son variadas pero hay una que se repite: trabajo. Son muchos los que se despiden de un tatuaje para no ver disminuidas las posibilidades de encontrar empleo. Frente a ello, Alfonso sigue esperanzado: “Aquí en España espero que cada vez sea mejor visto, que la gente no tenga tantos problemas a la hora de tener un trabajo solo por el hecho de tener un tatuaje. Que prime más tu cabeza que tu piel”.

Tatuajes soñados

¿Sabías que los tatuadores también tienen caché? Ellos mismos se sorprenden de la palabra pero reconocen que sí, hay que hacerse un nombre dentro de este mundillo. ¿Qué influye? Para Alfonso, es el trabajo de la persona lo que define su caché aunque también es importante cómo gestione su publicidad. Para Krish el trabajo es también lo más importante, pero ella va más allá: “También te da caché viajar, ir a estudios reconocidos y trabajar en un estudio con nombre”. Por último, para Jesús, el caché se mide en lo sólido de los tatuajes, de la línea y del color, y en que sepas que el tatuaje le va a durar al cliente toda la vida. Para él, el caché es hermano gemelo de la profesionalidad además de una herramienta de trabajo necesaria: “Hay que tener caché en todos los tatuajes”.

¿Y el futuro? El tatuaje no es un mundo exclusivo para jóvenes y ellos, según me dicen, desean jubilarse haciendo esto. Alfonso espera que su estudio siga adelante. Krish y Jesús, más jóvenes, sueñan con irse fuera de España, probar, aprender y, por supuesto, llegar a tener su estudio propio, con su nombre, su caché y pudiendo tatuar con citas privadas.


“Cuando te retiras, tener tu propio estudio y gente que trabaje para ti... es como la cumbre” (Krish). Imagen: José Antonio Blanco

Como el pintor al que eligen para capturar la realidad, el escritor al que escogen para dar vida a una idea o el músico al que confían una banda sonora. Para los tatuadores, la máxima es un “Hola, diséñame lo que quieras”. Solo piden nuestra piel como lienzo para crear arte. Es arriesgado, sí pero, la mayoría de las veces, merece la pena. Alfonso, Jesús y Krish, os deseo suerte para el futuro. Para mí sois tatuadores pero, antes, artistas.

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