Cultura y sociedad

El dilema de las bandas tributo: 'Spiders from Marbs' homenajean a Bowie

¿Imitar, crear o simplemente versionar?

27.10.2018 @paulamcanizo1 4 minutos

Empezaron a sonar los primeros acordes de guitarra eléctrica, y como una panda de zombis, el público se acercó lentamente al escenario. Sobre él se encontraban cuatro hombres con pintas muy dispares. Un guitarrista con gafas de sol y una chaqueta que agradaría a Elton John, un segundo guitarrista con look de punky, un bajista con la clásica melena larga rockera, y un batería cuyo look no era tan destacable. Finalmente, en una nube de humo, apareció en el escenario un hombre con media cara pintada de blanco y un disfraz de arlequín. Él era el cantante. Él pondría voz, durante las siguientes dos horas, a los himnos de David Bowie.

Juntos, componen Spiders From Marbs, hábilmente nombrados, ya que referencian simultáneamente la banda de acompañamiento de Bowie durante los inicios de los años 70 (The Spiders From Mars) y el lugar en el que están basados, Marbella. Aunque, a excepción del bajista, todos ellos son extranjeros (tres británicos y uno sueco).

Si me permiten hablar desde la experiencia un momento, me ha sido inevitable comparar este evento con otros conciertos tributo a los que he tenido la suerte de asistir. Casualmente, ambos han sido de Queen. En primer lugar, una banda argentina llamada God Save the Queen, que ha obtenido gran prestigio internacional debido a la calidad de su imitación de la banda que lideraba Freddie Mercury. Rinden homenaje al icónico concierto de Wembley en el terreno del vestuario, los movimientos, e incluso el parecido físico de los miembros. En segundo lugar Symphonic Rhapsody, cuyo tributo es mucho más creativo y libre. Un heterogéneo elenco de vocalistas interpreta temas de Queen aportando cada uno su estilo y voz personal. Además, están acompañados de una orquesta clásica.

Teniendo en cuenta lo que es capaz de alcanzar una banda tributo (hacerte sentir como que estás viendo the real thing o innovar a la hora de interpretar los temas que tanto hemos escuchado), Spiders from Marbs no llega del todo a ninguno de los dos extremos. En un concierto que rinde homenaje a Bowie, sería de esperar algún elemento de imitación en cuanto al maquillaje o el vestuario, pero no fue así. El cantante vistió aquel extraño traje de arlequín durante el inicio del concierto, y se cambió en una ocasión, esta vez vistiendo de drugo de La Naranja Mecánica, que sirvió de inspiración estética en muchas ocasiones a Bowie. Aunque a la hora de introducir “All The Young Dudes” (“Todos los jóvenes chavales”), aprovechó la oportunidad para hacer un chiste, y cambió el título de la canción a “All The Young Droogs” (“Todos los jóvenes drugos”).

Sí, su puesta en escena se alejaba bastante del glam rock y los icónicos personajes que adoptaba Bowie, pero hay que reconocer que en cuanto al sonido, tanto la voz principal como los arreglos musicales lograron reproducir con bastante exactitud las canciones del músico inglés. Se centraron especialmente en la década de los 70, cantando algunos de sus mayores éxitos (como “Space Oddity”, “Starman” o “Changes”) y también algunas menos conocidas (“Five Years”, “Sorrow” y “Suffragette City”, por ejemplo).

El ambiente entre el público fue algo tímido y reprimido, siempre a unos metros del escenario. En su gran mayoría constaba de adultos de 40 o 50 años que se movían de un lado a otro o marcaba el ritmo con las manos. Excepciones había, pero ninguna tan destacable como la señora que en todas y cada una de las canciones bailaba una extraña mezcla de flamenco y danza interpretativa a escasos centímetros del escenario, como si nada más en el mundo importara. ¡Qué energía! ¡Qué desinhibición!

Al salir de la Sala Cochera Cabaret, comentaban los asistentes sus canciones favoritas del concierto, las que conocían y, sobre todo, las canciones que les había faltado. “Life on Mars” o “Modern Love”, fueron algunas de las mencionadas. Ya sin maquillaje ni disfraz, comentaba el vocalista cuando salió a la calle: “ha sido uno de los mejores sitios donde hemos tocado”. No hay forma de saber si eso es cierto, pero es indiscutible que la interpretación y el sonido habían sido brillantes. Quizás no hubo innovación creativa ni jugaron con la imitación, pero por el simple privilegio de oír la música de David Bowie en directo, había merecido la pena.

 

 

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