Cultura y sociedad

El laberinto del pianista

M.A. Latorre: "La educación musical es como un embudo. Cuesta entrar, pero luego hay sitio para todos. Nos falta público"

24.04.2016 y @pablomerinoruiz y @adrivazquezr 10 minutos

A menudo las cosas no son lo que parecen. Donde uno ve un simple pianista, otros ven un respiro casi vital de alivio por aquel "extraño" concepto llamado cultura. Donde uno ve un laberinto, otros una verdadera cárcel. Los griegos sabían mucho más de esto que nosotros, tenían su propia criatura "extraña" encerrada en el laberinto de Creta: el Minotauro. Aunque con la diferencia de que todos eran conocedores de ello y, de cuando en cuando, le alimentaban a base de sacrificios. Quizás sea esto último el problema de los políticos con la cultura, entender el esfuerzo que conlleva.

Hoy en día todos tenemos nuestro propio laberinto. Ser pianista en el s.XXI es complicado -añade unos 50 pasadizos de más al enredo- pero la música interesa. Según el INE (Instituto Nacional de Estadística) el 82,8% de la población escucha música al menos una vez al día. No está nada mal. Si acotamos la búsqueda y nos quedamos exclusivamente con los que escogen la música clásica, la investigación se complica. Solo un 14,4% de los españoles reconoce escucharla con asiduidad. La sociedad se está vulgarizando y las obra maestras, los clásicos, quedan en el olvido. Estamos matando a nuestro Minotauro particular y, al igual que Teseo, se vanagloria de ello.

A pesar de descargar las canciones de forma ilegal en Internet, nos gusta ir a conciertos. La música no vende discos, pero el directo no se pierde. 1 de cada 3 españoles asiste a uno o dos conciertos al año. Podrían ser más, pero no es una mala cifra. Ver y escuchar a los artistas, en general, nos gusta. Por tradición, el piano ha sido uno de los instrumentos elementales. Nadie concibe la música sin el piano, nadie concibe Creta sin su laberinto, pero poco a poco se pierde el interés por él. ¿Que hay del pianista del s.XXI? ¿Cómo entró en él? O ¿cómo pretende ingeniárselas para salir vivo de él?


Empezó dirigiendo desde el salón de su casa el famoso conciertazo de la 2 y ahora Miguel Ángel Latorre (Málaga, 1995) es un pianista. No tenemos (o no quiere darnos) fotos de aquel renacuajo delante del televisor moviendo las manos hacia arriba y hacia abajo con un palo de juguete como batuta, pero nos lo imaginamos. La música se la inculcaron desde muy pequeño. Su padre siempre le ha enseñado a ser inquieto, a interesarse por las cosas. Está en "la masa de su sangre" como decía Antonio Gala. Todavía no lo ha conseguido, pero pronto la música espera que sea su estilo de vida.

Nos invita a una de sus actuaciones en una pequeña sala de concierto. Unas 40 personas le esperan. Algo informal entre familiares y compañeros.

El Reverso: El concierto de hoy...

Miguel Ángel Latorre: Es mi pretemporada particular. Tengo que prepararme para los exámenes de junio y no hay mejor forma de hacerlo que delante de un público. Es siempre un prueba para graduarte y coger sensaciones. Subirse a un escenario y tocar ante la gente es fundamental. ¡Para eso estamos aquí!


Coloca su cámara de vídeo en el centro de la sala, preparada para que un compañero le de al play al comenzar. "Quiero que me grabes los dedos, sobre todo los dedos", no se le escapa detalle -menos mal, porque en directo podemos asegurar que se movían más rápido de lo que cualquiera de nosotros podíamos imaginado sin una partitura delante-. Ayuda al conserje a colocar el piano, centrado, de cara al público. No tiene manías, la superstición se la dejó por el camino hace mucho tiempo. Solo, como marca el protocolo, una camisa negra de la que el mismo Juanes se sentiría orgulloso. La chaqueta prefiere dejarla para grandes ocasiones. Confiesa que es bastante más incómoda. "¿Mejor la dejamos para los momentos especiales, no?"

Está nervioso. "De chico me ponía atacado, ahora un poco menos". Con las primeras notas la concentración se transforma en pasión. Sonríe mientras sus dedos corretean de memoria entre las teclas del piano. En las paredes de un envejecido conservatorio, casi arcaico, retumba la obra maestra que hoy interpreta: Variaciones Serias de Mendelssohn. La pausa, los gestos de las manos y la cabeza. La magia que transmite el artista. Esa misma que pasa el maestro a su discípulo.

E.R: ¿Qué te ha llevado hasta aquí?

M.L: Conocí a Javier Perianes a los 15-16 años y eso me marcó. Un día fue a mi conservatorio a dar una charla y al escucharle en concierto me encanto. En ese momento decidí que tenía que dedicarme a esto. Además es un tipo muy agradable. Estuve charlando un rato con él y, desde entonces, mi relación con la música ha cambiado. Comencé a partir de ahí a disfrutar más de las clases y los conciertos. Me enganchó al piano.

E.R: ¿Cuántas horas al día dedicas al piano?

M.L: No hay un número de horas determinado. De lunes a viernes 4/5 horas diarias más las clases y en fines de semana entre 6/7 horas. Las asignaturas me quitan tiempo de estudio, tengo que compaginarlas con mi repertorio. También están las asignaturas teóricas relacionadas con la música. Hay veces que terminas muy cansado, sobre todo cuando preparas un concierto, todo lo que le eches…


[su_custom_gallery source="media: 1643" width="700" height="620"]Miguel Ángel Latorre. El Reverso[/su_custom_gallery]

Recuerda con nostalgia su adolescencia, cuando llegaba a casa a las 22 de la noche con los deberes sin hacer, sin estudiar, agotado tras una jornada intensa de clases y conservatorio. Sacar una media decente era algo más que un reto, una proeza. Ni media hora para merendar tenía. El hábito de estudio y de sacrificio que tiene ahora es crucial, un valor especial que ha ganado a pulso. Es incapaz de parar de estudiar, ni en verano. Cualquier semana libre la aprovecha para seguir aprendiendo obras nuevas. Hace unos meses decidió viajar para poder así asomar su cabeza por encima de los muros e intentar ver algo más clara la salida de aquel laberinto en el que tan gustosamente aceptó a entrar.

E.R: Al empezar el 3º año de la carrera decides irte a Irlanda

M.L: Acabé el bachillerato musical y no sabía qué hacer. Tampoco tenía mucha orientación para decidir. Me dijeron que probara una clase particular con algún profesional y me aconsejaron ir a Badajoz, uno de los mejores lugares donde estudiar piano en España. En aquel momento no estaba preparado para salir. Hacia cursos fuera y buscaba a pianistas para que me enseñaran, pero no era el momento.

El año pasado vino al conservatorio, ya en el grado superior, una profesora de Irlanda y me invitó a que fuera allí. Bajo su tutela he pasado este curso un trimestre en Dublín. Tras varias pruebas y cartas de recomendación conseguí la beca Erasmus. La verdad, hay diferencia entre España e Irlanda. El conservatorio tiene más medios, solo la calidad de los instrumentos... En general el sistema funciona mejor. La música está más reconocida, se cuida.

E.R: ¿Aquí no?

M.L: Se encuentra menos integrada en la sociedad. Están empezando a preocuparse más por traer a gente de fuera y dar una formación completa, pero todavía queda mucho por hacer. La música no está reconocida por la política. Falta cultura y no solo con la música, también con la pintura o la literatura. Falta una base artística. En Irlanda a los niños desde pequeños les ofrecen la música no solo como una opción, sino como una necesidad. Aquí si te gusta la música tienes que buscarte tú mismo las habichuelas. Tienes que ser más autodidacta.

Hay mucha diferencia entre regiones y calidad. En Andalucía hay 5 conservatorios superiores, más que en cualquier otra región. Son muchos. En otras comunidades hay más nivel, en lugar de entrar 20 alumnos, entran 2. Está desproporcionado. Pienso que debería haber menos conservatorios superiores y más oportunidades para los pequeños. Hay niños que quieren estudiar música y no pueden porque los centros de nivel básico no tienen plazas suficientes. Está todo colapsado, no dan a basto.

La enseñanza musical es fundamental para los niños. A los alumnos de Primaria le enseñaría nociones básicas de un instrumento. Llevaría a los profesionales a tocar delante suya, que se lo pasen bien con la música. Crear un interés es fundamental. Se da en los colegios una asignatura de muy baja calidad. Ojala estuviera al nivel de las matemáticas o las ciencias naturales.

E.R: ¿Ayuda el formato de educación musical?

M.L: La educación musical española es como un embudo, se va abriendo a medida que avanzan los cursos. En los 4 años de formación básica no hay apenas plazas. Son muchos los que quieren empezar a tocar un instrumento y no hay espacio a todos. A medida que asciendes, en el grado profesional (6 años) y la superior (4 años), va abriéndose ese embudo hasta absorber a cualquier interesado. Los adolescentes lo van dejando por falta de tiempo o motivación y hay más plazas. A pesar de ello ya no hay oportunidad de que entre nadie más, la enseñanza musical empieza a los 8 años. Al final en el grado superior entra la mayoría o todo el mundo que quiere, al menos en Andalucía.

E.R: ¿El gobierno respeta las artes musicales?

M.L: El conservatorio no se considera una carrera. Parece que no interesa. No sé la razón exacta. Cuando vas fuera de España es parte de la oferta universitaria pero aquí no. Alguna privada hay, pero muy pocas y para pagarlas hace falta una inversión económica a la que pocos pueden llegar. La LOE es muy limitada y no se nos reconoce como parte de la enseñanza. No se avanza. Estudio un grado superior que, en realidad, no es un grado. No es justo.


El interior de un piano de cola

Entre las pocas salidas profesionales que tiene el piano están: la de ser profesor de conservatorio o clases particulares, entrar en alguna orquesta, actuar en la BBC (olvídense de la del Real Madrid): bodas, bautizos y comuniones o convertirse en músico de sesión y acompañar en las giras a artistas de otro género. Se resume en una palabra: inestabilidad. La inseguridad del artista en su máxima expresión.

La AEOS (Asociación Española de Orquestas Sinfónicas) recoge las 28 orquestas a nivel nacional que existen en la península. Limitadas. Esta asociación, según ha hecho saber a El Reverso, ha convocado muy pocas ofertas en sus bolsas de trabajo en los últimos años. Entre la alta competitividad y la llegada de intérpretes extranjeros se hace cada vez más difícil hacerse con un puesto y dar el salto a las salas de concierto.

E.R: ¿Es complicado buscar trabajo para un pianista?

Eso está chungo... La salida más idealista, más bien elitista, sería la de conciertista, intérprete. Ahora hay muy buenos pianistas en España pero claro, falta público interesado. Lo hablábamos antes con la cultura. Para ganarse la vida tocando hay que ir al extranjero y tener suerte. Un buen maestro. Tocar en conciertos me encantaría, hacer giras, pero es muy difícil. Otra opción que me atrae es la de hacer unas oposiciones para profesor de conservatorio. Me gusta la enseñanza aunque tampoco está nada fácil acceder a ella. Se valora más el curriculum y los trabajos académicos que saber tocar mejor o peor a la hora de ganarse un puesto.

E.R: ¿Qué se necesita para ser músico?

M.L: Requiere bastante técnica, aunque un músico que no se cultive con otras cosas es un músico pobre. La función del intérprete es hacerle llegar a la gente la idea del compositor. Dar tu visión. Tocar una obra de un compositor de hace, por ejemplo, 300 años y dar tu visión es lo bonito de la música. Leer su biografía, escuchar su obra, entender las partituras… Para mi es algo especial.


Admira a los compositores, pero quiere ser intérprete. "¿Mi favorito? Mozart, Chopin, Bach, Beethoven,… Hay tantos que uno no sabe qué decidir". El piano es pura vocación. Va de maestros y discípulos, de genio y aprendiz. "Además de ser una profesión, la música es una vocación". Un rara avis que nuestro mercado laboral no ha conseguido todavía asimilar. Tampoco la sociedad sabe o se interesa por saber. La incultura de nuestro tiempo se refleja en una profesión perdida. La política no ayuda.

El amor tampoco lo hace. O al menos eso quiere hacernos creer nuestro pianista -seríamos duros competidores- cuando le preguntamos por el “salseo” entre músicos. Un pianista es más solitario y reduce mucho las posibilidades al pobre de Cupido, quien, según nos cuenta, encuentra mucha más diversión en las orquestas.

Ser pianista es complicado, muy complicado, pero oportunidades hay. En España, según el INE, se celebran 241 concursos de música al año. Existen entre agrupaciones de cámara, agrupaciones, líricas, bandas, coros, orquestas de cámara y orquestas sinfónicas 4899 entidades musicales. Al año se editan más de 1393 obras musicales y están operativos 541 salas de concierto. Progresa adecuadamente, pero queda mucho camino por hacer. En la cultural y la educación está nuestro futuro.

Intentar salir del laberinto cuesta. Si no que se lo digan a Dédalo, arquitecto del laberinto de Creta. Cuando el príncipe Teseo lo consiguió con un ovillo de lana –retrocediendo, eso sí-, Dédalo y su hijo Ícaro fueron encerrados allí por orden del rey Minos. Lo que este último no sabía es que “las salidas las tienen las personas”, así que Dédalo construyó unas alas de cera con las que consiguieron escapar. Ojalá encuentre Miguel Ángel también la salida y vuele alto pero lo suficientemente alejado del Sol, que este unas ciegas y otras derrite alas de cera. Si no que se lo digan a Ícaro.

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