Cultura y sociedad

Marta Gayá: "El Rey me amaba y me sigue amando"

01.04.2017 @emilioarnao 5 minutos

Me encuentro con Marta Gayá en los despachos de OK.Diario. Eduardo Inda me ha dado permiso para que realice esta entrevista que no va en serio, sino que es una especie de dibujo de la revista “La Codorniz”. Marta se presenta desnuda de cintura para arriba, una vez superado su secreto de loba feroz con el monarca emérito.

¿Qué vio el Rey en usted?

Yo creo que le emocionó ver que tengo tres tetillas en vez de dos, cosa que no tenían ni Corinna ni Barbara Rey ni la periodista ésa de la Gran Bretaña.

¿Y las tres tetillas las tiene todas iguales? Según veo ahora hay una más pequeña que las otras dos.

Pues claro, que se creía usted, pero la pequeñaja era la que más le gustaba a mi Juancho. Se divertía mucho con ella, le daba pellizquitos, arrumacos, la amaba tanto que un día me pidió a ver si me la podía amputar para llevársela a La Zarzuela.

¿Y qué vio usted en el monarca?

Primero que le gustaba el bourbon, después que siempre me traía chupachups para que los chupara y por último que acostumbraba a regalarme trompas de elefante para que hiciera uso de ellas.

¿Es verdad que usted en un momento dado llegó a tener tres teléfonos móviles, uno para sus clases de inglés, otro para el yoga y el último para sus visitas a Llongueras?

Nada, todo eso es falso en cierta medida. Yo tenía mis tres teléfonos sólo para las llamadas de mi Juancho. Por uno me llamaba para recitarme párrafos de la “Justine” del Marqués de Sade, por otro le hacía uso para mandarme besitos de tocinete por las noches, para que durmiera bien y con toda la fuerza imperial que dan los besos de los monarcas, y el último lo utilizaba mi Juancho para preguntarme por mi tetilla pequeña, a ver qué tal iba. Estaba empeñado en que, como digo, me la amputara para poder mostrarla en sus discursos de Navidad.

¿Cómo es el monarca desnudo? Está hecho otro elefante.

Es precioso, de piel blanca como los cheques bancarios, musculoso como Nacho Vidal, y además es monórquido, digo yo que por pegarle eso de la monarquía, que casi son palabras polisémicas.

¿Y por dentro cómo es? Tiene su corazoncito.

Juancho no tiene corazón, sólo dos músculos que son como dos motores de motos GP. Por otra parte, es muy tiernecito, adorable, viciosillo y un aliento por donde le sale todo el bourbon cuando se pone a cantar el himno nacional, que lo hace siempre después del campeonato de nuestros amores.

Usted es decoradora, tuvo tres empresas millonarias, pasa los inviernos en Suiza y los veranos en Palma de Mallorca, ¿ahora de qué vive?

De los recuerdos, de cuando mi Juanchito venía a verme a Palma y me pedía que le suministrara Viagra -tres pastillas- para nuestros campeonatos.

¿Y aquello funcionaba?

Ya lo creo. Bufaba como un oso, se rompía siempre la clavícula y además nunca se quitaba la pierna ortopédica. ¿Por qué se cree usted que siempre pasaba por el taller?

No sé, señorita Gayá, pero ahora todo el mundo habla de usted, dicen que fue el gran amor del monarca, ¿eso fue así?

Of course. Juanchito me amaba y me sigue amando como a una muñeca hinchable, como a una oración de la Virgen María, como a su yate Fortuna, diría más, como a una mula en celo sin menstruar.

¿Y qué cosas le hacía así en la intimidad, si no es mucho preguntar?

Cosquillas, sólo cosquillas. A mí me gusta mucho que me hagan cosquillas, porque me da la risa y me gusta mucho ese rascarasca de la piel. Juanchito sólo me rascaba como si yo fuera un cupón de lotería. Nada más.

Pero aquí, Eduardo Inda, les ha sacado una grabación en donde no hay sólo cosquillas, ¿qué tiene que decir a eso?

Que los del Cesid son unos hideputas. Pobre Juanchito mío, con lo bien que lo hizo de rey. ¿Es que alguien ya no se acuerda de cómo paró el 23F?

Hay quien lo duda.

Pues no hay duda ninguna. Fui yo misma quien lo vistió esa noche de soldado con todas sus medallas. Incluso antes de grabar me tocó mi tetilla pequeña para que le diera suerte. Hombre, es que la gente habla por hablar. España no se merece a mi Juancho.

¿Y qué me dice de sus caídas? Hemos visto en repetidas ocasiones cuántas veces se ha caído el monarca.

Eso es por que siempre que hacíamos los campeonatos de cosquillas y tetillas se le nublaba el seso y no podía manejarse en firme. Pero ¡cómo montaba la moto¡ ¡Qué barbaridad¡ Siempre venía a verme en moto. Cuando escuchaba el ruido del motor en la puerta, ya se me abrían las carnes como a una mariposa.

Por último, ¿puede cubrirse usted el cuerpo? Es que aquí en la redacción todo el mundo sólo hace que mirarla y nos despista el periodismo.

Jamás. Enseñar mis pechitos es una forma de hacerle ver al mundo toda la pasión y toda la trompa de elefante que todavía guardo en la memoria de mi Juanchito.

Como usted quiera, señorita.

No me ha gustado la entrevista. Es usted muy vivales. Un tirititero de esos.

Le pido perdón, señorita.

Ni perdón ni leches. Por cierto, ¿por qué no me rasca aquí, justo aquí, donde yo le indico? Es que hecho mucho de menos aquellas cosquillas.

Lo que usted mande, señorita.

Así, así, hay que gustillo. Ay, mi Juanchito. Quién nos ha visto y quién nos ve.

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