Cultura y sociedad

‘OT 2017’: resurgir con éxito seis años después en la era de los memes y los gifs

Las claves para entender el fenómeno OT

08.02.2018 @danielnz97 8 minutos

El regreso de Operación Triunfo ha sido un éxito. Lo que en octubre era un all in, un todo o nada, se ha convertido en una apuesta ganadora. El resurgir o la muerte definitiva de un formato que llevaba seis años en el congelador. Una adaptación a los tiempos diferencial para rescatar un programa con una mecánica similar a la de hace 16 años, a la de hace 13 años y a la de hace algo más de un lustro. Es decir, una gala semanal para poner en práctica lo aprendido en la Academia y en la que el menos votado por la audiencia, propuesto por el jurado siete días antes, abandona. Así hasta la gran final. Sencillo. Sin truco ni trampa.

Llámalo #OT

“No lo llames OT, llámalo #OT” titulaba el otro día Noemí López Trujillo en lamarea.com. Y hay que hacerle caso. Porque en la era de los gifs y los memes, el público quiere gifs y memes. El canal 24 horas de Youtube ha sido, seguro, la decisión más acertada. Más, incluso, que la elección de Roberto Leal como presentador: motivado, simpático y cercano; la de El Chat para ocupar el late night: sesenta minutos desenfadados, imperfectos e informales, una especie de contragala o antigala (llámenlo como quieran, ninguno de los dos vocablos existe); la de fichar como profesores de interpretación a Los Javis: empatía, confianza y sentimiento para enamorar a concursantes y público; o la de ofrecer un voto gratuito al día a través de la aplicación oficial, lo que ha permitido que no solo los más fieles, aquellos que se gastan la paga en llamadas y SMS para que su nuevo ídolo continúe, se sientan responsables del rumbo que iba tomando el concurso.

Pero la inmersión de Operación Triunfo en la red no ha quedado en el canal. El espectador ha tenido a su disposición, de forma instantánea, todas las galas, repasos de estas, ensayos, clases, mejores momentos, pases de micro, resúmenes diarios, etc. Una programación a la carta que no obligaba a ver el 24 horas. Aún así, este ha llegado a juntar a más de 100.000 personas al unísono frente a su ordenador, tablet o móvil (esto es cinco veces la media de espectadores de Real Madrid TV) y, en total, ha contado con 85 millones de visualizaciones, o casi dos veces la población de España. Algo que se ha trasladado a Twitter para comentar, junto al hashtag correspondiente, todo lo que ocurría. Cada día, uno. Y cada día, tendencia en nuestro país.

¿Un Gran Hermano de negras y corcheas?

Un temor debió invadir a los directivos de Gestmusic, la productora, y TVE cuando surgió la idea del canal 24 horas: la esencia de OT, la evolución musical de los concursantes, puede perder protagonismo o, por momentos, pasar a un segundo plano convirtiéndose, tal y como llama Daniel Ramírez en un artículo de El Español, en un “Gran Hermano de negras y corcheas”. Y no han faltado las populares carpetas, término propio de los realities para referirse a las parejas o posibles parejas formadas durante el concurso. Amaia y Alfred (Almaia); Aitana y Cepeda (Aiteda). Pero, en este sentido, el programa fijó unos límites infranqueables para diferenciarlo del formato de GH, desgastado tras 18 ediciones y que tendrá que reposar algunos años, como Operación Triunfo, para intentar volver a enganchar. Las habitaciones, sin cámaras. Y, a pesar de la denominación, solo grababan de 08:30 a 23:00. Lejos, de este modo, del morbo y los posibles edredonings, tan propios del concurso de Telecinco.

Así recuperó OT al público joven y abandonó al resto

Televisión Española ha pensado tanto en los jóvenes que se ha olvidado del resto, con galas cuya última hora, la decisiva, se ha alejado por completo del prime time y ha introducido en el late night. Finales que han alcanzado la 01:30 de la madrugada, a los que, por lo general, solo los más jóvenes resistían. Y, en el caso de la final del lunes, con recargo de media hora. Bendita sea la Ley General de Comunicación Audiovisual de 2010, que no permite la publicidad comercial en la cadena pública. Un día después de la cuarta gala, el portal Formula TV dio a conocer el perfil del televidente medio del programa. El público mayoritario era de 65 años o más, con un share del 21,8%, aunque con una diferencia mínima respecto al joven (19,2%), muy superior a la media de la cadena, enfocada hacia personas de edad adulta o avanzada. Pero, ¿por qué OT no conseguía atraer del todo a ese target o público objetivo joven que tanto interesa? Parte de la respuesta está en Mirador de Montepinar, es decir, en La Que Se Avecina. Solo tras el adiós temporal de la serie, el concurso musical, ya en 2018, recuperó los dos millones y medio de espectadores de la gala 0. Para ello, tuvieron que pasar dos meses y medio.

Por supuesto, la evolución de los concursantes y el crecimiento alcista de tráfico en las redes sociales, han sido claves para remontar un programa que, entre el inicio dubitativo, con problemas de sonido y escasa confianza en los chicos por parte de un sector del público, y la consolidación de LQSA pese a sus diez años de vida en la cadena de Fuencarral, no convencía a la audiencia tal y como la conocemos, la del share. Sin embargo, en Internet, en una especie de realidad paralela, deslumbraba y crecía sin parar. OT perdió a más de 500.000 espectadores tras aquella gala 0, con mínimo histórico en la segunda, la del 6 de noviembre (15,5% de share y 1.859.000 millones de espectadores). Y no los recuperó hasta la novena (aunque a partir de esta se empezó a registrar a los invitados en el sistema de medición de audiencias, algo que puede desvirtuar la comparativa), en la que los vecinos de Montepinar ya no estaban en antena. Aún así, la dinámica venía siendo positiva. La gala final, con casi cuatro millones de personas frente al televisor y un 30,8% de cuota de pantalla, demostró que Operación Triunfo en 2017, convertido en #OT, sí puede ser un producto de éxito.

¿Estamos preparados para OT 2018?

El portal televisivo Bluper da por hecho que habrá una nueva edición en otoño; y el director de programas de TVE, Toni Sevilla, declaró en la última rueda de prensa que hay “una ilusión enorme por una segunda temporada”. La llama de OT 2017 no parece que se vaya a apagar pronto. Y no solo por lo que ha supuesto. No solo porque muchísimas personas han disfrutado, han gritado, han llorado y han reído con los concursantes. No solo porque Televisión Española ha descubierto que existen las personas LGTBI. No solo porque se ha descubierto que las mujeres tienen vello corporal y también se tiran pedos. O mejor dicho, se ha visibilizado. O mejor aún, se ha normalizado. O, incluso, todavía mejor, se han roto los imaginarios, moldes, esquemas y cánones. También porque Alfred y Amaia irán en mayo, juntos, de la mano, a Eurovisión. Y, también, porque Lo Malo, interpretada por Ana Guerra y Aitana, bautizadas como Aitana War, va a sonar sin parar hasta verano o vete a saber tú hasta cuando. Una letra reivindicativa, feminista, una forma de hacer trap y reggaeton diferente a la habitual.

España no está preparada para Operación Triunfo 2018. Incluso con otro canal 24 horas, El Chat, Roberto Leal, Los Javis y un voto gratuito diario a través de la app. Porque a España no le ha enamorado el formato tradicional. La gloria la ha alcanzado #OT; OT, no. 500.000 personas desconectaron a la segunda semana. Y 700.000 lo hicieron a la tercera. A España le ha enamorado Amaia, Aitana, Amaia y Aitana, Alfred, Alfred y Amaia, Cepeda, Aitana y Cepeda, Ana War, Miriam, Raoul, Agoney… Y así. España se ha enamorado de ellos y de ellas. Como personas y como artistas. En ese orden, me atrevo a decir. El éxito de la hipotética nueva edición quedaría sujeto a una única condición: mejorar el casting. Otro all in, otro todo o nada, porque igual que ha salido bien, muy bien, puede salir mal, muy mal. Quizá quieran aprovechar el tirón. Quizá no, seguro. Aprovechar que la Academia ya está construida y mejorar en otros aspectos. Quizá, otra vez, sepan que nada es eterno. Y que OT, al igual que las personas o los animales, también morirá algún día. Ese momento puede llegar este mismo año. O en 2019. O en 2020. O dentro de diez años, quien sabe.

Ayer, la ganadora, la del Osasuna, Amaia, hizo un directo en Instagram. A los pocos minutos, 46.000 personas la veían. Luego se unió Roi, que estaba como espectador. Ambos, con pantalla compartida, superaron los 60.000 movilvidentes, concepto que no existe en la teoría pero que nos invade a diario. La madre de ella entró en la habitación. Todo natural, como entran las madres. Con un beso de buenas noches y una regañina. Antes, solo se podía alucinar con el artista, o aprendiz mejor dicho. Lo veían tres minutos y nada más. Ahora no. TVE y Gestmusic han entendido, como explica Borja Terán (periodista y crítico televisivo) en La Información, que esta ya no puede esperar; y que “debe irrumpir en las plataformas interactivas en las que se encuentra su espectador potencial”. Y lo ha hecho a través de Youtube. Los casi cuatro millones que vieron la final no son bots. Son de verdad. Son reales. Como los propios concursantes. Como tú y como yo. Son aquellos que se fueron al principio y son aquellos que, en el último tramo, se han agarrado al programa, aun sin saber quien lo presentaba, a través de los memes, vídeos y gifs que circulaban por la red, y, en consecuencia, han sintonizado con el canal 24 horas, que ha empujado a miles de personas a poner La 1 cada lunes a las 22:40 de la noche.

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