Cultura y sociedad

¿Pegar a un nazi? Sí, no, puede

25.01.2017 @caguecast 6 minutos

La semana pasada, durante el acto de investidura del cuadragésimo quinto (45, sí) presidente de los Estados Unidos, se grabó  en directo una agresión. Un encapuchado le propinó un derechazo, una "guantá", mientras grababa su entrevista. La víctima, el líder de la "derecha alternativa" en este país, Richard Spencer, denunció enérgicamente lo que él cree un acto contrario a la libertad de expresión. Dice no tener nada que ver con el nazismo, porque él solo es "identitario", y promueve el nacionalismo y supremacismo blanco sin tener nada que ver con lo que decía Adolf.

Con todos estos ingredientes, estalló en el país un debate que ha defendido a capa a lo largo de su historia el derecho a expresar todo tipo de ideologías, derecho constitucionalmente blindado. Unos piensan que ningún nazi se merece expresarse, ni siquiera vivir, para evitar que contagie a más personas, y otros creen, sin necesidad de compartirlo, que también merece el amparo de la Primera Enmienda.

En España también hemos disfrutado de la polémica. El otro día en Murcia, quince antifascistas algo cobardes le propinaron una paliza a una joven, con la suerte de que fueron grabados. El vídeo ha corrido como la pólvora, y el género de la afectada no ha hecho sino aumentar el escándalo. Lo que algunos han interpretado como un caso de violencia machista, no es otra cosa que una golpiza movida por la venganza y con motivos ideológicos. La golpeada se hace llamar en su círculo nacional-socialista como "La Intocable", y es conocida por ser una de las nazis más violentas de la zona. Famosa por sus "cacerías" de miembros del colectivo lgtb, inmigrantes y socialistas varios; parece haber probado ahora su propia medicina.

[su_quote cite=""] Sentir empatía por un nazi es complicado, pero hay quienes critican las agresiones por motivos diferentes [/su_quote]

El caso nacional es más interesante para este debate que el estadounidense, ya que sabemos que la víctima ha dedicado media vida a la violencia salvaje e irracional contra los que no piensan como ella o no son cómo ella querría. Sentir empatía es complicado, cuando no prácticamente imposible, pero sí que hay quienes critican esta agresión por otros motivos diferentes. Y no hace falta ser un "facha" para esto.

La filosofía del deber de Kant se articula en torno al imperativo categórico, por el cual argumentaba que las acciones son correctas o incorrectas en sí. No hay nada en el mundo que pueda entenderse como puramente bueno o malo, por lo que no podemos prever las consecuencias de nuestros actos, solo importando la intención de la acción. Puede resumirse grosso modo todo esto en que una acción solo será correcta si puede convertirse en una ley universal, sin doble moral ni trampa alguna.

Por supuesto, hay quien entiende esta agresión como algo que Kant no aprobaría, y es que en el siglo XXI hay quien prefiere resolver sus diferencias mediante las herramientas que pone a nuestra disposición el Estado y el Imperio de la Ley. Este se sustenta teóricamente en los principios de independencia judicial y protección igual, y por ello es justificable y deseable la cesión al Estado del monopolio de la violencia. De esta forma, si uno tiene un problema con, pongamos un ladrón, no lo soluciona por sus propios medios, sino que acude a la Administración para que ataje su problema de forma pacífica.  Uno entonces no le abre la cabeza al caco, sino que confía en que será procesado y penado por el sistema. La violencia individual suele fallar en lo relativo a la justicia, y por eso creamos ese monopolio.

Los justicieros, pese a actuar con buena voluntad, pueden equivocarse de objetivo o excederse

 

Por otro lado, e hipotetizando, imaginemos que se aprueba el golpear a los nazis por ser simplemente eso, unos desgraciados. Habría quien se aprovechase de este criterio y generar una ola de agresiones justificadas con el simple motivo de que "era nazi", porque sabe que la sociedad se lo reprocharía. Sin juicio ni investigación diligente, no hay que ser demasiado avezado para comprender que pronto nos encontraríamos con casos en los que los justicieros, pese a actuar con buena voluntad, se han equivocado de objetivo o excedido en el castigo. A esto hay que sumarle la manida ley de que "la violencia genera más violencia", y ya se rumorean numerosas represalias de carácter especialmente violento.

¿Has apreciado ese "teóricamente" que se encuentra un par de párrafos más arriba? No es casual. Para muchos toda este sermón sobre el Imperio de la Ley y el monopolio del Estado de la violencia no es más que eso, teoría. Puras habladurías que nada tienen que ver con la realidad que algunos viven. Es fácil criticar la actuación de unos encapuchados sin entender ni querer comprender sus motivos.

Hay jóvenes marginados por la sociedad y sus instituciones que asisten a un espectáculo habitual: la inacción del Estado. Ese garante antes expuesto puede ser en el mejor de los casos sumamente ineficiente, y en el peor, un traidor que hace oídos sordos. No son pocos los casos de agresiones por neonazis que han sido exculpados o penados de una forma ridícula. Si también se conocen casos de policías que tristemente han pertenecido a bandas fascistas, ¿cómo puede sentirse protegido por la Policía un "rojo" acosado?

Ni siquiera tienen de su parte a la opinión pública, ya que los medios hacen las veces de encubridores de los verdaderos hechos acontecidos. Titulares que hablan de integrantes de la "izquierda ultra radical", pero no apostillan que la joven es una nazi particularmente peligrosa. Otros aún más tendenciosos que aseguran que recibió la paliza por "llevar una bandera de España". Y que le dan cien veces más cobertura a este suceso que a las numerosas agresiones a minorías que cometen estos cabezas rapadas. Qué cosas. Puede que se les haya pasado en la redacción.

Los nazis ya no son simplemente matones de barrio. Ahora pretenden conquistar algunos barrios gracias a la caridad sin ocultar su xenofobia y lavar su imagen pública

 

Independientemente del debate, las consecuencias que podemos sacar son claras. Por un lado, la imagen del colectivo antifascista ha quedado manchada a nivel nacional. Sin importar ahora si han obrado bien o no, la ultraderecha está logrando lavar su reputación con iniciativas constructivas, con sus peros, como Hogar Social Madrid. Ya no son simples matones de barrio, sino que pretenden conquistar algunos barrios gracias a la caridad sin ocultar su xenofobia.

Lejos de haber solucionado algo, solo han originado aún más violencia. Y esta tristemente puede recibirla también la izquierda constructora, la joven, asamblearia y sindicalista que trabaja a diario, la que pretende mantenerse al margen de las reyertas callejeras y nada tienen que ver con los encapuchados anarquistas. Hay quien dice ni siquiera reconocerlos, que nunca han pasado por una asamblea y no saben dónde militan.

Yo no sé si se debe pegar a un nazi o no. Sólo sé que no me produce especial pena.

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