Cultura y sociedad

Por qué a los niños blancos de clase media les encanta el rap

11.01.2017 @caguecast 7 minutos

“La única zorra a la que extraño es a mi pesa, gracias a ella es que tengo mi empresa”, trapicheos. “Fuck the pólice comin’ straight on the underground”, violencia policial. “It aint safe for the block, not even for the cops”, crimen organizado. “Florescent lamps in my crib, providing life for my seeds”, más drogas. ¿Por qué aparecen los artistas más marginales en el móvil de los chavales de barrios residenciales?

Calles impolutas prácticamente vacías si no fuese por la presencia de un jardinero y dos señores paseando a sus perros. Colegios que ofertan su educación en dos o tres idiomas. Familias bien avenidas y perfectamente estructuradas. O casi. En ellas, un hijo díscolo que contesta cada vez peor a su madre, frecuenta amistades comprometedoras y empieza a catear. Por no hablar de su repentino y sospechoso aumento en su capacidad adquisitiva.

Ahora todos estos chavales hablan de “ser calle”, del trap. De Barcelona, Londres o Estados Unidos, pero ¿qué hay detrás de este movimiento?

 

Echando la vista atrás: el inicio de la música ofensiva

La música, como cualquier otro arte, sirve para expresar lo que de otra forma muchos no se atreverían. La capacidad de denuncia es uno de sus elementos naturales, y está claro que los disidentes llevan gritando por sus derechos e inquietudes de una forma u otra desde que el arte es arte. El mensaje depende de la forma de comprender la realidad del artista, y en muchos casos se trata de una comprensión bastante jodida. Pero esto no trata de algo tan lejano, sino de un movimiento que comenzó a gestarse con la Generación X.

Miles de personas han dedicado sus esfuerzos censores a criticar el producto que unos cuantos inconformes con la sociedad pretendían sacar a la luz. Personas marginadas por la sociedad que encuentran en la música su única vía de escape y salvación.

Muchos creen que el verdadero cabreo de las autoridades públicas  y algunas asociaciones de padres comenzó a salirse de madre con el auge del hip hop a un nivel mundial, pero este debate cobró verdadera importancia a mediados de los años ochenta por culpa de otro género bien distinto: el heavy metal.

“Parental Advisory”, contenido explícito, fue uno de los triunfos de las asociaciones de padres antes mencionadas. En 1985, los álbumes comenzaron a ser etiquetados con esta advertencia en caso de contener letras o portadas consideradas ofensivas, algo más contundente y ambigua que simplemente categorizar las letras como “explícitas”. Una victoria pírrica, ya que no solo no sirvió para frenar el avance de lo escandaloso, sino que además muchos artistas se enorgullecían de que sus discos llevasen este logro.

El sello de Parental Advisory no solo no frenó el avance de lo escandaloso, sino que además para muchos artistas era motivo de orgullo

 

Prince, Guns & Roses, Madonna o Megadeth son solo algunos de los variopintos grupos que se ganaron la calificación. Como se ve, ni siquiera hacía falta ser un melenudo para que estos padres religiosos intentasen boicotear tu obra. De poco sirvió el alegato de Frank Zappa ante el jurado, quien presagió que la campaña sería tan inútil como peligrosa para los derechos civiles. “El equivalente de tratar la caspa decapitando”.

Aunque el revuelo que se montó fue considerable, no llegaría ni de lejos a lo que el hip hop causó poco más tarde.

La negra es la minoría racial más extensa de Estados Unidos de América, conformando un 13% de la población. Aunque haya quedado atrás la segregación más infame, todavía hay algunos datos que demuestran que la situación de esta minoría dista mucho de la inclusión real.

El rap, surgido en la escena underground neoyorquina, comenzó siendo simplemente un género destinado a la fiesta. Un género que artistas como Blondie supieron apreciar desde su nacimiento. Y un género que rápidamente se convirtió en la voz de una comunidad harta de vivir en el gueto.

El hip hop se convirtió rápidamente en la voz de una comunidad harta de vivir en el gueto

 

Aunque el primer álbum de rap que llevó la advertencia en su portada fue Rhyme Pays (1987), de Ice-T, el punto de inflexión  se produce con la salida de Straight Outta Compton, el disco debut de la banda de MC’s de Los Ángeles, N.W.A. (Niggas With Attitude). La prensa y opinión popular se cebaron con los creadores del gangsta rap. De repente, todos los estadounidenses podían conocer de primera mano la realidad de las calles menos favorecidas del país. Sin metáforas ni dobles sentidos, simplemente un puñetazo de realidad directo a la cara de un país. Aunque sea una canción de sobra conocida, Fuck The Police es uno de los mejores resúmenes de lo que supone la opresión racial, la violencia policial y las consecuencias de una vida obligada al margen de la ley.

Dio igual la costa, la mecha había prendido. Death Row Records hizo llegar el gangsta rap a millones de hogares de clase media. En los años noventa la MTV comenzó a conceder la dimensión que se merecía al rap. Ya no era algo relegado a las altas horas de la madrugada. De repente todo el mundo sabía quién era 2Pac, Notorious B.I.G. o Nas, germen desde entonces de lo que vendría sucediendo hasta hoy.

Actualidad: Factores por los que el rap triunfa entre los que no debería

Con el hip hop ha ocurrido como con todas las cosas de esta vida. Con el paso de los años ha ido calando en un público cada vez más extenso que ha hecho del género algo diferente de lo que se suponía en un principio. De esta forma ha ido ramificándose en subgéneros, algunos experimentales, conquistando e influenciando otros, y permitiendo que entrasen en el juego artistas que de primeras estarían por completo vetados.

El trap ni siquiera ya tiene que ver necesariamente con el “ser calle” y la mala vida del pequeño delincuente de barrio. Ni siquiera las producciones están tan encorsetadas en una electrónica agresiva y oscura. Pero aunque el género haya derivado en algo tan vago que casi lo hace indefinible, continua habiendo gente que sigue su estética y modo de vida aparente.

Aunque el objetivo de estudio de este artículo sean puntualmente los adolescentes blancos de clase media, el rasgo verdaderamente definitorio no tiene que tanto ver con su condición social como con la edad.

El principal factor no tiene tanto que ver con la condición social como con la edad

 

Tener 16 años es una mierda. Todo te queda grande y al mismo tiempo pequeño. Pierdes el interés en las cosas que antes te encantaban para comenzar a descubrir otras tantas que crees que son tu mundo entero, pero que probablemente deseches al cabo de un par de años. Ante todo este vendaval de influencias y sensaciones contradictorias propiciadas por la hiperestimulación de los medios, descubres que tan solo quieres ser diferente. Ya que no encuentras tu lugar en la vida, creas el tuyo propio. Y rompes con todo lo anterior.

A la contestación de todo lo impuesto (buena educación, apariencia y modales) y la canalización de la rabia juvenil, se le suma el morbo. Letras que representan una vida de violencia, excesos y desacato de la autoridad,  algo que jamás en tu vida has sentido, pero que te gusta observar desde la comodidad. Algo que a distancia parece guay.

Aunque este sea el primer factor, solo se produce de forma verdadera en los primeros casos, cuando la subcultura en cuestión se está formando, porque pronto entra en juego la industria. Plataformas como la MTV  en su constante búsqueda de nuevas tendencias destruyen ese espíritu primigenio para venderlo a cientos de miles de jóvenes por todo el mundo. Supreme muere como marca “auténtica” en el momento en el que precisamente se reconoce su marca. Thrasher abandonó el circuito underground del skate gracias al semidocumental Kids. Y el grime, un subgénero del hip hop en Inglaterra, no para de ascender en popularidad. Hasta el ministro de cultura conservador de Reino Unido dice que él y su equipo han escuchado a Skepta "en el asiento de atrás de un coche oficial", todo esto después hacer campaña en contra del género durante años.

Por último, y en particular el caso de España, encontramos el factor de la crisis. Se hablaba en su momento del auge de los “tetes”, allá por el momento cumbre de Mujeres y Hombres y Viceversa, con Rafa Mora y su trupe. Jóvenes sin estudios que habían perdido su empleo y que encontraban en la televisión un modo de vida atractivo que se conseguía sin apenas esfuerzo. Otros chavales ven en YouTube algo parecido, solo que obtenido mediante medios ilegales o gracias a la fama.

Sea como fuere, y como el resto de modas, todo pasa y la mayoría terminarán abandonando lo que ni siquiera deberían haber empezado. Paradójicamente, la sociedad todavía invierte más tiempo en criticar la influencia de la música y una cultura urbana producto precisamente de los fallos del sistema, que en intentar solucionarlos. Porque importa más que tu hijo oiga hablar sobre droga y tiroteos, que el hecho de que otros tengan que sufrirlo.

Etiquetas, , , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente
Etiquetas, , , , ,