¿Estamos suficientemente concienciados sobre la ludopatía?

Una adicción silenciosa

La era de la comunicación de masas y la globalización lo han cambiado todo, incluidas la forma de entender el juego y de prevenir su adicción. A día de hoy el juego en línea crece exponencialmente, debido sobre todo a la facilidad y comodidad de poder jugar en cualquier lado y de forma anónima. El perfil de jugador ya no es necesariamente ese adulto algo desfasado que vive en los bares o salones de juegos y le tiembla el brazo de tanto tirar de la palanca de la tragaperras, sino que ahora la adicción es transversal: puede llegar a todos por igual.

En este caso, para mal, los pop-ups y publicidad en general no diferencia el objetivo, por lo que cada vez más mujeres se convierten rápidamente en adictas. Y también ellas rompen con el tópico de señora solitaria, ya que “la edad media ha descendido drásticamente hasta llegar a los 18-35 años”, apunta Juan Lamas, director terapéutico de AGAJA y director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar rehabilitados (FEJAR). Nuevos juegos, viejas consecuencias. Jóvenes al borde de la ruina tanto personal como familiar, que aunque apuesten por el móvil o el ordenador, igualmente comparten el cuadro clínico de un adicto clásico. Por el contrario, el tratamiento se vuelve más complejo al introducir en las causas a Internet, mucho más discreto que cualquier salón de juegos, y aún más potente en el agravamiento de la soledad.

Uno de los principales problemas del juego en línea es que están hechos a medida para los nativos digitales, es decir, para los más jóvenes. Más impulsivos, influenciables y menos críticos con sus actos. Las apuestas son un negocio en alza, la principal puerta de los jóvenes a la adicción, según Bayta Díaz Rodríguez, terapeuta en APAL (Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata). Adolescentes que se juegan sus ahorros en apuestas combinadas de deportes que no necesariamente entienden. Todo porque “un amigo se sacó 300 euros en la final de la Champions”. Una conducta peligrosa que se está normalizando a un ritmo alarmante sin advertir de sus peligros. Todos empiezan así, con un golpe de suerte. Dinero fácil que parece caído del cielo, pero pronto comienzan a subir las apuestas sin miramientos por la comodidad que les ofrece una tarjeta de crédito. Y comienzan las pérdidas, donde llega el punto en el que no importa ganar o perder, sino esa adrenalina que sienten ante el azar. Ya no es un medio para conseguir dinero, sino un fin.

Se estipula que entre el 3 y el 8% de la población adolescente desarrolla rasgos ludópatas, una cifra que pone en relieve la gravedad del asunto no solo en la actualidad, sino con vistas al futuro. Las asociaciones especializadas en esta nueva problemática y de padres están de acuerdo en una de las posibles soluciones: regular desde la pubertad el acceso a las nuevas tecnologías. La adicción al móvil en esta edad alcanza un 9%, un dato curiosamente parejo al anterior expuesto. Incluso los videojuegos de última generación han entendido el filón comercial del azar. Juegos con ventas millonarias como Call of Duty o Counter Strike, han incluido en sus nuevas entregas pequeños minijuegos basados en el azar que les reportan enormes ganancias. Si tradicionalmente se ha hablado de la marihuana como una “droga puente” a otras más nocivas, puede que en Internet y los videojuegos encontremos el puente de la nueva generación a la ludopatía.

La ludopatía es una “adicción silenciosa”: no deja secuelas físicas detectables y está bien vista en una sociedad en la que el 80% participa en los juegos de azar

La aparición de la red ha supuesto, en definitiva, el punto de inflexión en el patrón que seguía hasta hace pocos años el perfil de un ludópata. Desde la Junta Directiva de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) advierten la preferencia de la juventud por las apuestas online y como estas han llegado a convertirse en la principal puerta de entrada a esta enfermedad de este segmento de la sociedad. Destacan las apuestas deportivas. La mayor parte de jóvenes ludópatas, entre los que también se encuentran adolescentes, comenzaron siendo partícipes de este tipo de juegos en ámbitos como el fútbol, baloncesto e incluso carreras de galgos sin imaginar todo lo que ello conllevaría. Ya son muchas las organizaciones que señalan este grupo como una mayoría que se consolida. Así lo respalda CODERE, fundación que analiza la adicción en este sector en España.

 

La ludopatía ya no es sólo cosa de hombres

La posibilidad de apostar de forma totalmente anónima, la rapidez que con la que se puede llevar a cabo sin necesidad de desplazarte gracias a las nuevas tecnologías y, sobre todo, la flexibilidad de pago en pequeñas cantidades supone los alicientes perfectos para atrapar a aquellos jóvenes que presentan conductas adictivas. En estos casos, el estímulo cerebral que estas personas reciben con el juego equivaldría al mismo que se produce en la corteza orbitofrontal del cerebro humano cuando consumimos cocaína.

Un error recurrente en el ideario popular es el de entender las adicciones como algo que sólo se produce mediante la ingesta de sustancias de cualquier tipo, obviando que el factor psicológico es el que posibilita la adicción a prácticamente cualquier actividad. El sujeto busca así de forma impulsiva la felicidad, mientras más inmediata mejor, y no importa cuál sea la válvula de escape. La ludopatía es una “adicción silenciosa”, o así la apoda Daniela Scorrani, trabajadora social de la Asociación de Ludópatas de Aralar; y puede ser más peligrosa que otras al no dejar secuelas físicas detectables y estar bien vista en una sociedad en la que el 80% participa en los juegos de azar.

Tradicionalmente se ha entendido la figura del ludópata como alguien impulsivo, obsesivo y, sobre todo, hombre; pero no siempre ha de ser así. Se calcula que el tres por ciento de los españoles son ludópatas, un millón de ciudadanos, y que en torno al 30% de la población adulta ludópata son mujeres. Los trastornos psicológicos afectan por igual a todos sin discriminar en cuestión de género, aunque las causas por las que se produce la ludopatía en mujeres presentan una serie de particularidades.

Según afirman los expertos en psicología y terapia reunidos durante las VIII Jornadas Nacionales de Patología Dual y Género, el perfil de la ludópata es bastante diferente al del hombre. Ellas se enganchan más tarde, pero desarrollan problemas derivados de su adicción con mayor rapidez. De esta forma, el prototipo de ludópata es una mujer de mediana edad que lapida sus ahorros en el bingo o tragaperras para hacer frente a problemas personales tales como la depresión, ansiedad o soledad.

En este aspecto la diferencia no es tan notable, pero la brecha surge en el momento en el que se estipulan las causas de esos trastornos. Ellas se ven más afectadas por traumas de la infancia, malas influencias familiares o el aburrimiento antes mencionado, según Becoña. Además, hay un factor de riesgo a tener en cuenta que hace el trastorno especialmente peligroso. Hay una intransigencia normalizada ante el juego compulsivo femenino en comparación con el masculino, es decir, mientras que al hombre se le tolera la prodigalidad, a la mujer se le tilda de viciosa. Esta reacción desigual y desmedida que se explica por el machismo de la sociedad produce que, como afirma doctor Echeburúa, el 70% de las afectadas sufran violencia de género por parte de su pareja.

La impulsividad y el autocontrol femenino en estos casos sigue un patrón determinado por el desarrollo en el seno de una familia disfuncional, o al menos donde se han producido problemas de comunicación. Algo que no solo afecta a la convivencia del entorno familiar actual, sino que también perjudica a las posibilidades de que admita su problema y asista a terapia. Aún así, la cuestión de género y el desfase entre sexos en este caso, y es que la probabilidad de recuperación en el caso de las mujeres es un 14%, según la Federación Española de Jugadores de Azar rehabilitados (FEJAR), con resultados positivos en etapas más tempranas del tratamiento.

 

El tratamiento del ludópata

Antonio Fortes, ludópata rehabilitado, ya comentaba la idea de ganar dinero gracias al juego como el germen de la adicción: “Las deudas son enormes. Yo afortunadamente no tenía grandes deudas, pero aquí llegó un compañero que debía 500.000 euros. En la asociación intentamos ayudar a los miembros a solucionar sus problemas económicos, pero en un caso como ese es muy difícil”.

"Al final uno acaba teniendo la necesidad de decir la verdad”, dice Fortes. Es el primer paso para comenzar la rehabilitación, la reconquista de su vida. Hacer partícipe a la familia del problema es una forma de empezar a combatirlo. Esta no debe “intentar ayudarle facilitándole dinero para pagar sus deudas (solución muy común), que sólo servirá para mantener la conducta de juego”, según el estudio sobre “Contexto familiar y adicción al juego” de la Universidad de Huelva. Una medida que suele ser más eficaz es apuntarse en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego, la base de datos estatal en la que se apuntan quienes quieren que les prohíban seguir jugando presencialmente u online.

"Tú puedes engañar a todo el mundo pero a quien nunca puedes engañar es a uno mismo"

El tratamiento de rehabilitación es un proceso complejo. El paso clave puede ser buscar ayuda en una asociación especialista en el proceso de recuperación. Lo contaba a La Opinión de Málaga Francisco Abad, presidente de la Asociación Malagueña de jugadores de Azar en Rehabilitación (Amalajer), que vicepreside Antonio Fortes: “Nos dedicamos a atender jugadores de azar patológicos con un tratamiento que suele tener una duración de dos años. Durante el primer año se viene tres veces a la semana y, progresivamente, se van reduciendo las sesiones”. Fortes nos concreta en qué consiste la labor de rehabilitación: “Cuando uno entra, lo primero que se hace es quitarle las tarjetas y el dinero. Se le despoja de todo aquello que le convierte en un adulto. El tratamiento tiene tres fases, cuando el enfermo llega está en unas condiciones muy malas. Lo primer es parar el juego. Una vez que se consigue se pasa a las terapias en grupo, donde es muy importante el compañerismo. En la tercera y última fase ya interviene la familia. No es un camino fácil, solo el 5% de los que entran en AMALAJER se curan, hay muchos que abandonan antes de empezar casi”.

¿Necesitan todos los jugadores patológicos tratamiento para controlar su hábito? Enrique Echeburía, en su argumentación “Retos de futuro en el tratamiento del juego patológico”, defiende que muchas veces el tratamiento que hace falta no es sólo psicológico sino incluso farmacológico: “Algunos, como ocurre también en el caso de ciertos bebedores excesivos y de ciertos fumadores, pueden dejar de jugar por sus propios medios; otros, por el contrario, no responden ni al mejor de los tratamientos disponibles”. En opinión de Fortes, la voluntad es el factor clave que diferencia el éxito o fracaso en la rehabilitación: “De la adicción al juego sale quien realmente se conciencia que quiere salir. Hay muchos que llegan con sus familiares e intentan convencerse a sí mismos y a los psicólogos de que tan mal no están. Realmente, estos son los peores porque no lo reconocen. Tú puedes engañar a todo el mundo pero a quien nunca puedes engañar es a uno mismo”.

Etiquetas, , Etiquetas, ,
Artículo anterior Artículo siguiente