Cultura y sociedad

El “¡Willy, valiente, tu padre es inocente!” que no fue

De concierto con Taburete, el grupo musical de Guillermo Bárcenas

28.02.2017 @dpelagu 4 minutos

“Taburete, así arrasa entre los pijos el grupo del hijo de Bárcenas”. Los tituló así El Mundo. El País obvió al progenitor pero no la condición social de su público. “Taburete: un grupo indie para gente bien”. Entrevistas en El Confidencial y VozPopuli: “Nuestros fans no son pijos, no hay tantos pijos en España” y “No llenamos conciertos por ser el hijo de Bárcenas o el nieto de Díaz Ferrán”. Los 40 juega a la disyuntiva: “Taburete, la banda del hijo de Bárcenas: o les amas, o les odias”. Y concluye: “Algunos le consideran el símbolo del ‘pop pijete’”.

De Taburete sólo se sabe, o sólo se dice, que son hijos de Bárcenas y que gustan a los pijos. El Mundo comenta que ambos se mezclan en un cántico que recibe al grupo: “¡Willy, valiente, tu padre es inocente!”. Uno puede imaginarlo apoteósico a la entrada, grotesco, canto liberador del pijo acomplejado que puede dejar correr por sus venas su tolerancia hacia la corrupción debido a su holgada capacidad económica, el último reducto cultural de la inviolabilidad política. Pero la realidad es que en el concierto de Taburete en Málaga el pasado viernes 24 de febrero sólo mi grupo trata de iniciar el cántico y nos miran raro -nadie nos sigue- al iniciarlo. Las niñas de al lado nos mandan a callar, algo avergonzadas y responden cantando Sirenas. Esta vez sí, a coro. Hay veces que apetece que el mundo sea el que cuentan los periódicos.

“En serio, ¿cómo vamos?” “Camisa, vaqueros y náuticos. ¿Cómo quieres ir?” Es la conversación previa vía whatsapp. No se puede negar tampoco que ir a un concierto de Taburete tiene su ritual. Todos ciegos y en camisa, como un padrino borracho en un bautizo. A las dos canciones mi colega ya se ha partido la camisa como Camarón en boda gitana. Willy Bárcenas, en el escenario, se olvida de excentridades y viste y baila como lo haría cualquiera de nosotros, los del público, en su situación. Antón (el guitarra principal y nieto del también encarcelado Díaz Ferrán) canta mal, pero tiene más rollo y personalidad visual -gorra, camisa ancha, rizos- que Willy. Eso sí, por muchos que se nos parezcan, ellos están más sobrios que el público.

Preguntamos a algunos asistentes si creen que escuchan al grupo de los pijos: “Lo considero un grupo de pijos, pero no un grupo al que únicamente escuchen pijos. Hay gente que dice que sólo lo escuchan fachas y a mí me gustan bastante”. Habla Fernanda, que no se considera pija y mucho menos de derechas: “Sus canciones me encantan, tienen un rollo muy distinto al reggaeton que todo el mundo escucha”. Tanto ella como Pablo, que estuvo en uno de los primeros conciertos de la banda, señalan los inicios en los colegios mayores y locales madrileños como determinantes para ser considerados pijos. Carlos no les seguía la pista desde tan pronto, pero va al concierto “porque tienen un par de canciones jodidamente pegadizas y creo que ver este grupo en directo es una buena oportunidad para disfrutar y echar un viernes agradable. Si no tuviesen algo especial la gente no hubiera empezado a oírlos”. Está por allí dispuesto a saltar, gritar, divertirse y descamisarse: “Eso de limitar a un grupo o una música a un grupo social es un poco nocivo y a veces, aunque resulte sorprendente, puede estar equivocado. Es como decir que el rap es de izquierdas”.

Taburete, que obvia el tema durante todo el concierto, suena muchas veces a algo que ya has escuchado, pero muchas otras mezcla coplita, chotis, rancheras y tal. Taburete es Willy, Antón y una banda de acompañamiento. Cantan Es gratis de Arnau Griso (un par de discos no dan para un par de horas), que todos en la sala saben pero probablemente muy pocos fuera de aquella sala lo conocerán. El fenómeno, y lo mismo vale para el de Taburete, no es mayoritario pero sí muy intenso. Y Griso no es hijo de nadie, simplemente canta desde la cercanía a la vida, la juventud y las pequeñas cosas que hacen que la vida merezca la pena, o casi, y eso es suficiente para el respetable. Quizá esté ahí también el éxito del grupo, que no duda tampoco en echarle el cante a Ese toro enamorado de la luna, que es el Taburete de nuestros padres.

Apenas hablan entre canción y canción. Lanzan, eso sí, vivas a Málaga, a México y poco falta para que caiga alguno a Asturias, patria querida. Tocan bien, pero el concierto es más por el público que por el grupo. Os puedo jurar que ni con un beatle he visto a tanta gente sudando junta. Es lo más cercano a un concierto de rock que muchos estarán y no desaprovechan la oportunidad. Hay grupos de niñas que se saben todas las canciones, incluso las que nadie conoce, incluso las que todavía no se han estrenado, repartidas por todo el público. El mayor amago ideológico es el cántico del himno de la legión, que aquí es poco menos igual que cantar el himno del Málaga -dicho sea de paso, también coreado-. Si en ese momento se hicieran elecciones en la Sala París 15, ganaría Ciudadanos.

En unas horas se ha cantado de todo menos el prometidísimo “¡Willy, valiente, tu padre es inocente!”. Saliendo del concierto, el taxista pone Lou Reed y sube el volumen -mientras canta y conduce al ritmo- con Take a walk on the wild side, a ver si los niñatos de Taburete aprendemos algo de música, imagino.

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