Cultura y sociedad

Y ellas pararon el mundo

Así se vivió el 8 de marzo en Málaga

Histórico. El día de ayer no fue un 8 de marzo más. La primera huelga feminista en España ha quedado plasmada en el extenso lienzo de la lucha ciudadana moderna. Jóvenes, adultas y ancianas gritaron juntas como nunca antes lo habían hecho. De la mano. Por aquellas que ya no están. Siempre presentes. “No hemos muerto, nos han asesinado”. En primera persona. Sororidad como principal arma para combatir el machismo. Vivas, libres y unidas. Sin tener que ser valientes. Miles de mujeres dijeron basta. Y el mundo se paró con ellas. Porque hay algo que han dejado claro: el futuro es feminista.

Divididas pero juntas. Así comenzó la jornada del 8M en Málaga a las doce del mediodía. En distintos puntos de la capital de la Costa del Sol media docena de concentraciones se disponían a las puertas del Hospital Materno, Ciudad de la Justicia o el aeropuerto. Sin embargo, en la plaza de la Constitución, en el Centro de la ciudad, el ruido era mucho mayor que en el resto. Los puños se alzaban junto a cánticos y pancartas. Y el éxtasis llegó cuando una mujer de avanzada edad se quitó la camiseta, erigiéndose como todo un símbolo para las allí presentes. El esqueleto de la futura Tribuna Oficial, lejos de su habitual público cofrade que ansía ver pasar El Cautivo o La Esperanza, pasó a ser el principal escenario de las reivindicaciones. Hasta que fue desalojada por la Policía por motivos de seguridad minutos después del “Esta tribuna la vamos a ocupar”.

La marcha de las manifestantes no hubiera sido posible sin el apoyo de asociaciones vinculadas a la causa. Desde Forum de Política Feminista Málaga, su Presidenta María del Mar Castro reconoce que la celebración de la huelga no ha sido fácil por los trámites burocráticos para los permisos. Mientras, tras una pancarta amarilla que reza “No más violencia de género”, Toñi Alcaide representa al colectivo Amnistía Internacional, una plataforma que lucha contra la discriminación de la mujer en todos los ámbitos. Toñi lleva más de treinta años siendo miembro de esta asociación y está fascinada con el seguimiento de la huelga. “Hemos estado paradas una hora desde que la manifestación comenzó a andar” afirmó.

A pesar de las dificultades, la concentración superó todas las expectativas y, ante tal aluvión de asistentes, se convirtió en una improvisada manifestación que recorrió la comercial Calle Larios. En tal vía, donde no había ningún establecimiento con el cierre echado, cinco trabajadoras del Bershka decidieron unirse a la huelga, lo que se tradujo en múltiples felicitaciones y aplausos de los allí presentes. Rosa en mano, también en camiseta (junto a la frase “Feminists are not only women”, es decir, “No solo las mujeres son feministas”) en el caso de Eva, una de las empleadas. “Hemos decidido cerrar porque estamos de acuerdo con la manifestación de hoy. La mejor idea para ello es haciendo un parón de dos horas, y esta tarde se hará otro”, justifica.

El #8M… ¿también para ellos?

Un grupo joven cercano a la decena disfrutaba de una mañana en la que se respiraba compañerismo, reivindicación y empatía. Empatía por todas las mujeres. Incluso por aquellas que no comparten la huelga. El corrillo estaba formado siete chicas y un chico. Mientras, a pocos metros, cientos de mujeres, sobre todo, protestaban contra la violencia machista y la LGTBIfobia, entre otros. La lucha por los derechos de la mujer, la igualdad y el deseo de que tenga el mayor éxito y ruido posible, se convierten en el punto en común de todas.

Ana y Lucía, que llevaban la voz cantante, creen que los hombres sí deben estar “pero detrás”. De forma más pasiva y dejando que las mujeres lideren sin oposición la lucha. Por su parte, José, el único hombre, reconoció haber visto algún que otro comportamiento desde el ala masculino que él no comparte. “Había chicos que empezaban a meterse en medio. Yo veo bien venir pero relajado. No creo que eso sea lo correcto”, sentenciaba el joven, cuyo papel cree que debe ser secundario pese a compartir las ideas del movimiento.

No debería faltar ninguna mujer ni tampoco ningún hombre. Si queremos luchar, luchemos todos

Allí estaban también Sonia y Ana Belén, de 19 y 20 años respectivamente. Ambas estudian Educación Infantil. “Todo empieza por nosotras, las educadoras actuales y futuras. Además de las familias, que tienen que promover una educación basada en la igualdad, de valores y con cabeza”. Así, aspiran a cambiar una sociedad que consideran que no ofrece las mismas oportunidad a hombres y a mujeres. Hoy, desde la calle; mañana, desde las aulas. Pero no creen que toda la responsabilidad tenga que recaer sobre ellas: “No debería faltar ninguna mujer ni tampoco ningún hombre. Si queremos luchar, luchemos todos”, reclama Sonia; “Si apoyan la igualdad, deben venir también para combatir junto a nosotras”, sentencia Ana Belén.

Y “para luchar contra la sociedad patriarcal” está José. También Pablo, que suscribe las palabras de su colega. Uno, moreno, con barba tímida y camisa de cuadros azules; el otro, rubio, imberbe y con camiseta morada en apoyo claro a la lucha. Pero aunque en el aspecto físico no compartan casi ningún rasgo, están en la plaza de la Merced por una causa común. Ambos vislumbran con una dialéctica impropia de adolescentes de 17 años. Claro que, ya resulta sorprendente ver a dos menores de edad que se manifiestan en apoyo a sus compañeras. “Eeh… Mariano, nosotrxs sí nos metemos en eso”. Ese es el mensaje de la pancarta que elevan mientras reclaman igualdad, incluso perteneciendo al género privilegiado.

José y Pablo

Ninguno de los dos quería quedarse en casa, ni tampoco ir al instituto. Querían estar en la huelga. Las palabras de José son claras: “Nos hemos quedado atrás en la manifestación, precisamente para darle protagonismo a las mujeres”. Su papel no puede ser protagonista. Así lo entienden ellos, que reconocen haber debatido con algunas de sus compañeras para tomar la mejor decisión. Pablo reivindica su derecho pero también defiende la misma idea: “Tenemos derecho a asistir a las manifestaciones, pero, desde luego, en un segundo plano y dejando el protagonismo a quien le toca hoy”. Los jóvenes han resumido el feminismo en una idea clave. En una frase sentenciadora. Lapidaria. “El feminismo es la igualdad. Lucha contra el patriarcado, no contra los hombres”.

Jubiladas, pensionistas y feministas

Entre la multitud, María Luisa despuntaba en la marea morada con su chaleco reflectante. Está aquí por los que vienen detrás de ella. Sobre todo las mujeres, para que no tengan tantas dificultades como ella tuvo en su día. Es jubilada y se hace llamar a sí misma Yayoflauta. Aunque afirma que es mayor, con su mínima presencia trata de apoyar todas las cosas que las jóvenes de hoy día están reclamando. Sobre la propia juventud también señala que cree que “se están despertando”.

El patriarcado está ahí, es una cosa educacional, hay mujeres y familias que ven las cosas de otra manera y si los hijos aprenden estas cosas, es malo. Si un hijo está acostumbrado a ver como su madre está todo el día con la carga, llega un momento que lo ve natural

“Yo he trabajado desde los 12 años. Tengo una pensión mediana, pero mi hija, los jóvenes y mucha gente está dudando sobre si la van a tener o no. Por tanto, ponemos nuestro granito de arena para que la cosa mejore y para que los que vengan detrás tengan unas garantías”, relata María Luisa, que cree que el machismo es un problema de base:  “El patriarcado está ahí, es una cosa educacional, hay mujeres y familia que ven las cosas de otra manera y si los hijos aprenden esas cosas, es malo. Sin embargo, otra familia que sea más abierta y vea que sus padres colaboran los dos pues, pues se acostumbran… Si un hijo está acostumbrado a ver cómo su madre está todo el dia con la carga, llega un momento que lo ve, no por mala idea, sino natural”.

Por último, María Luisa se enciende cuando toca hablar de política y, en concreto, sobre la posición de los partidos respecto a la huelga feminista. No comprende cómo la ministra de Igualdad, Dolors Montserrat, puede calificar de “etiqueta” al feminismo. Para ella “son mujeres que han pasado por poco, están en la zona de confort”. Sentencia de manera muy clara: “Si ellas hubieran empezado a trabajar con 12 años como lo hice yo, verían las cosas de otra manera”.

Manifestación 8 de marzo en Málaga

A la huelga feminista también se han sumado Encarna y Alicia. Y eso que vienen desde más lejos. Desde Salamanca para ser exactos. El motivo: la visita al hijo de la primera, que vive en Málaga. Pero no se podían perder la manifestación. Y hablan de ella con alegría y nostalgia. Encarna, que ha venido más veces a la ciudad del espeto, no recuerda nada igual. Encarna, que ronda los 70 años, ondeaba una bandera morada de Comisiones Obreras. “Soy militante de CCOO y he sido concejala por Izquierda Unida. Siempre he estado trabajando por los derechos de las mujeres”; Alicia, algo más joven, sin embargo, se dedica a la docencia y es simpatizante de CCOO.

Además de la violencia de género, Alicia señala otros aspectos como las principales causas de la desigualdad en España: “La diferencia salarial me parece muy importante. También otra razón que se esgrime con frecuencia es que las mujeres damos a luz; eso es un servicio a la sociedad, y no lo contrario. No se debería de penalizar, sino ayudar.”  Cree fervientemente que el trabajo doméstico (“que siempre se carga contra nosotras”), se debería de remunerar, “porque es un trabajo”. Piensa igual en el caso del de cuidados de personas adultas, enfermos…

—Yo viví todavía con el fascismo, fíjate tú, cuando se murió Franco viví…  —recordó Encarna

—¡Antes de morir Franco! —exclamó Alicia

—Antes, ¡coño! Dímelo a mí, que salimos a celebrarlo y todo —manifestó Encarna

—Gracias por interesaros por este tema —despide Alicia

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