Día del libro

Alba Quintas Garciandia: "Me han dicho muchas veces que escribo como un hombre"

23.04.2017 10 minutos

Alba Quintas (Madrid, 1994) es una fuerza de la naturaleza, un verdadero (y raro) espécimen de las letras, un volcán que apenas está soltando toda la lava que lleva dentro. Esto no lo digo yo, lo dice Jordi Sierra i Fabra, nada menos. Añadir algo por mi parte sería estropearlo. Aunque bueno, si insistís, yo podría decir, por ejemplo, que Alba es una niña prodigio que va camino de convertirse en un prodigio de mujer. ¿Lo veis? Ya lo he estropeado. Perdóname, Jordi.

Tienes veintidós años y cuatro libros publicados... ¿pero tú de qué vas, tía?

(Ríe) Si te soy sincera, yo suelo pensar que lo mío puede ser cincuenta por ciento el trabajo que hice, pero el otro cincuenta por ciento es suerte. Suerte o insistir mucho, pero al final... Gané un premio que me hizo continuar... y en ganar un premio siempre influyen muchos factores externos. Entonces, por ese tipo de factores solo puedo estar agradecida.

A este ritmo, ¿puedes acabar arrebatándole el récord de más de quinientos libros publicados...?

¿Al Jordi? No. Es que es imposible. Es que quinientos son muchísimos. O sea, yo considero que escribo bastante, ¿vale? Porque aparte de las novelas y tal estoy escribiendo mucha poesía, mucho teatro... ¿pero quinientas novelas? Es que eso en media, tarda tres días en escribir una novela, realmente. Es imposible.
 
¿Lanzarse a publicar tan joven no crees que es una temeridad?

A veces sí que tienes miedo de que te vas a quemar demasiado pronto. Realmente, el mundo editorial quema: tiene sus lados más oscuros. Y piensas... ¿es que te ves haciendo lo mismo dentro de tantos años? ¿No has empezado demasiado pronto? ¿Es una temeridad? Seguro que lo es. Pero bueno, realmente, me he encontrado un poco aquí, haciendo un paso detrás de otro y sin mirar mucho más allá... Entonces, prefiero no pensarlo todavía mucho. Pero sí que acabas teniendo miedo de que te vayas a quemar muy pronto...

Es un poco lo que decía Lou Reed de que creces en público. Que te está viendo todo el mundo cómo vas evolucionando...

Sí, sobre todo, ahora un poco menos porque he aprendido pero cuando era más joven... Obviamente, cuando publicas con diecisiete años si no tienes la mayoría de las cosas sobre ti mismo seguras, ¿cómo vas a estar segura sobre tus historias? ¿Cómo vas a tener el orgullo necesario para defenderlas? Era complicado por aquel entonces. Y hoy todavía me cuesta porque tienes que tener, digamos, un poco presente el tema de que eres joven y tienes mucho por aprender pero a la vez tienes que tener cierto orgullo de artista porque si la inseguridad te come, te va a comer el resto. Sí sí, totalmente de acuerdo.

Escuchándote da un poco la sensación de que te has equivocado de siglo... y de país. 

(Ríe) ¡¿De siglo?! ¡Hostiaa! Mierda...
 
¿En qué siglo te gustaría haber nacido?

¿A mí? Joder, en muchísimos. O sea, ya lo he dicho, mi especialidad es la Historia, entonces... Si tuviera que elegir uno... El siglo XX me encanta, pero me gusta estudiarlo, no me gustaría haberlo vivido... (Ríe) Para nada. Quizá... Joder, me lo has puesto difícil... El Imperio de Augusto. Siglo I d.C. (Ríe) Dios mío, sí que me he remontado... ni a los godos.
 
Te pega, te pega...

(Ríe) Me pega, ¿no?

¿Un personaje de la literatura que te gustaría encarnar?

¿Encarnar? ¿Yo misma?
 
Sí, te doy la posibilidad ahora mismo.

Uff, terrorífico. (Piensa)

¿Emily?

Noo... (Ríe) Te diría que Sherezade porque me encanta esa tradición de personajes que cuentan historias y que están encandilando al resto a base de contar historias. Ella es la primera de una línea de personajes, de personajes históricos incluso, como el propio Marco Polo cuando habla con Kublai Kan... Y me gusta muchísimo como figura.

Supongo que no te habrá pasado eso de Vargas Llosa de que "la muerte de un personaje literario me ha dolido más que la de muchos miembros de mi familia"...

(Ríe) No. Tanto no voy a decir porque soy muy joven y todavía me desheredan, ¿vale? Pero sí que he vivido, sobre todo en este libro, las he vivido muy duras como escritora. Y como lectora... también.

Alba es una friki de las estructuras narrativas: tiene una pizarra enorme en su cuarto en la que va encajando cada pieza del puzzle en plan CSI.

Te obsesiona mucho la escritura... Ya lo has dejado claro. ¿Te identificas con esa frase de <<un libro no se termina; se abandona>>?

Totalmente de acuerdo. De hecho, creo que la mencioné en una de las clases de escritura. Yo soy una persona que piensa mucho en qué estoy contando, cómo contarlo... Y aparte, detrás de cada novela siempre escribo relatos, cartas a personajes... mucho material que luego no acaba saliendo pero que a mí me sirve para caracterizar a los personajes o para comprenderlos psicológicamente. Entonces, claro, sí que creo que lo que aparece en una novela es limitado; el resto es infinito.

¿Por qué crees que necesitamos inventarnos otros mundos? ¿Por qué la realidad no nos basta?

Ostras... Hay muchas razones. Te diría porque la realidad es fea, hasta cierta medida, claro está. Te diría porque hay muchas cosas que no comprendemos si no creamos nosotros mismos. También te podría decir que en realidad toda fantasía sí que acaba hablando de nosotros y de nuestro presente. En una clase -esta no la impartía yo, me la estaban dando- de narrativa, Rafa Reig dijo "la literatura es el deposito de sabiduría de nuestras emociones". Que nosotros hemos aprendido a sentir gracias a las historias que nos han contado. Hay cierto proceso de realimentación. Necesitamos esos mundos pero a veces esos mundos nos necesitan a nosotros.

¿El escritor feliz existe o es un ser mitológico? Leí en una entrevista que habías sufrido depresión...

(Ríe) Sí, de hecho, me asusté porque César Mallorquí me dijo en un charla que según una estadística el setenta por ciento de los autores tenían depresión. Y yo dije: estoy jodidísima. Pero también creo que escribir a mí al menos es lo que me ha ayudado a salir. El inicio de mi recuperación fue escribir La chica del león negro. Es complejo, porque un escritor tiene cierto grado de sensibilidad que va a hacer que haya cosas que le afecten más pero a la vez creo que escribir nos hace felices. No sé si tengo respuesta para tu pregunta; tengo esperanza en que sí.

En aquella entrevista también decías que habías intentado escribir acerca del nazismo. ¿Esto fue el germen de La flor de fuego? Por lo de Chad y sus ideas nazis...

No. Me enteré más tarde de cómo el nazismo estaba detrás del ideario de Eric. Sobre el nazismo empecé a escribir porque estudiando mi carrera, me fascinaba mucho el hecho de que cuando Hitler ascendió al poder, el relato puede ser que ascendió por la fuerza pero, realmente, hubo unas elecciones y admitámoslo, a partir de cierto año el setenta u ochenta por ciento de Alemania era nazi. La ideología era muy poderosa y convencía. Igual que el franquismo aquí convenció. Por un lado me parece que es la cara de la moneda más difícil de admitir, de que ese tipo de ideas pudieran convencer a tantísima gente y pudieran tener cierto atractivo, y ese tema de la ideología era, al final, lo que más me acababa gustando y quería contarlo en clave de adolescentes. En algún instituto o algo... Todavía tengo el proyecto, no te creas que lo he abandonado.

Leyendo La flor de fuego se perciben ciertas pinceladas de moralina (sobre el pacifismo, el tema de las armas...) ¿Esto era premeditado o el hecho de que los personajes sean adolescentes acentúa más esta carga?

No creo mucho en la separación de géneros. El término de literatura juvenil a mí me hace aguas por todos lados. Me parece más comercial que otra cosa. En cierta medida, yo soy de las que piensa que si tienes un instrumento tan poderoso como es la literatura, como son las películas, las obras de teatro -que tienen ciertas características que las hacen incluso más convincentes-... me parecería una irresponsabilidad no usar ese instrumento en favor de ciertas ideas y en favor de un mundo mejor.

¿Pero has llegado a empatizar con los asesinos?

(Ríe) ¿Cómoo? ¿Empatizar? Nunca. ¿Intentar comprenderles? Puede ser.

John caminando en dirección a los disparos... "La ciudad más aburrida de todo el estado. Aquel lugar tan normal, tan dolorosamente normal".

Eso sale muy bien en Bowling for Columbine de Michael Moore. Porque sale el creador de South Park hablando de cómo a él esa ciudad -era de la misma ciudad que Eric y Dylan- cuando era adolescente lo estaba matando, lo estaba destruyendo... y salió por patas.

A mí eso me recuerda un poco a El extranjero de Camus, cuando aquel sol infernal lo mueve a que dispare...

Claro, cuando eres adolescente te resulta difícil, y a mí también me lo resultó en cierta medida porque, obviamente, si estás escribiendo metódicamente novelas desde los catorce años pues no es algo muy normal... Pero cuando eres adolescente te resulta difícil entender que en algunas cosas que te han vendido como el ideal quizá no encajes, quizá esté bien que no encajes. En esa ciudad aburrida y normal, John no entendía que no encajaba, pero precisamente ese era su valor, por así decirlo, como persona. Es algo por lo que todos acabamos pasando en algún momento.

¿Crees que hay misoginia en ciertos círculos literarios?

Sí, estoy convencida de ello. A mí me han dicho muchas veces que escribo como un hombre. En concursos literarios me han dicho: "Pensaba que eras un hombre por cómo describes los personajes masculinos". Y luego es que vas a las mesas de las grandes superficies y la gente te querrá decir que es casualidad pero nunca es casualidad, en ciertos géneros, véase romántica, noventa por ciento son autoras femeninas, en otros ciertos géneros -en la fantasía remontan un poquito- pero en terror por ejemplo, noventa y cinco por ciento son autores masculinos. No es casualidad. Hay formas de misoginia que quizá estén más encubiertas porque sí que hay editores que no tienen problema en publicar autoras pero te han vendido que por ser mujer te tiene que gustar o tienes que escribir ciertas cosas y por ser hombre no puedes escribir romántica, por ejemplo. Hay misoginia, sin duda.

¿Cómo es un día en tu vida?

(Ríe) Caótico. Me levanto muy tarde porque soy muy dormilona. Digamos que entre las once y las doce es una buena hora para empezar.

Eres animal nocturno, ¿no?

Soy animal nocturno, como en la peli. Normalmente por la mañana, ahora mismo estoy haciendo cosas de promoción o de corrección... No suelo escribir por las mañanas. No soy muy mañanera yo. Y después de comer sí que ya me pongo a escribir. Suelo ir a alguna cafetería que me guste porque me ayuda a salir de casa y ahí echo la tarde. Y de noche, soy de las que se ponen Netflix a tope y horas y horas.

Eso lo he escuchado también de otros escritores, de irse a un bar y escribir con el bullicio de fondo...

Siempre, siempre. Yo es algo a lo que estoy acostumbrada y es que no puedo estar en mi habitación a solas con el silencio, así yo no me concentro nunca.

Dices en La chica del león negro: "Lo que más miedo produce es aquello que uno más desea". ¿Qué es lo que tú más deseas?

Hmm...

Que se venda bien el libro, ¿no?

(Ríe) Noo... Como autora te diría que crear historias de calidad.

¿Y como persona?

Ser querida.

También dices: "Crea sin preguntarte de dónde viene eso. A lo mejor un día hasta sepas qué demonios es lo que estás haciendo". ¿Has descubierto ya qué demonios estás haciendo?

(Ríe) Noo... para nada. Eso viene porque siempre escucho a un montón de autores decir "yo escribo para mí" o luego está la otra versión "yo escribo para el público". A mí nunca me han convencido ninguna de las dos. Yo sólo escribo. Entonces, el "para qué" todavía se me está escapando. Eso es lo que hay que descubrir.
 
Tengo un problema. A mí me gustaría leer más pero Netflix se ha empeñado en que no lo haga. ¿Qué solución me propones?

(Ríe) Yo lo entiendo. Podría decirte que te forzaras un poco o también podría decirte que al final todo son historias y que tampoco está mal que veas Netflix.

¿Cuál sería la banda sonora de esta entrevista? Ya que acabas tus libros con un mixtape...

Te pondría un poco de Arctic Monkeys, probablemente. Un poco de Strauss. Y High For This de Ellie Goulding. ¿Te parece?

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