Creación literaria

Ahora que te acercas a mi puerta

08.03.2018 @SaraRaccoon 2 minutos

Ahora que te acercas a mi puerta, o aunque todavía estés muy lejos, debes escuchar nuestra historia.

Un día vinieron los lobos a tatuarnos en la frente el miedo. Nos dieron el nombre de brujas, herejes, rameras. Tras el golpe, se nos exigió emparedar el dolor entre los muros de una iglesia, bajar la voz, parar nuestra vida hasta nuevo aviso.

Con la cicatriz de sus colmillos en el vientre, como la marca eterna de un pecado que nunca cometimos,  nos condenaron a vagar por el bosque con los pies descalzos, como penitentes. Entre las copas de los árboles, observando desde su altar maldito, se escondían los carroñeros, ansiosos de saciar su sed en nuestro lagrimal repleto.

Cómo no íbamos a sentir miedo. Cómo no íbamos a clavarnos entre nosotras las garras que deberíamos haber usado como protección.

Yo lo hice. Herida, me esforcé en alejarme de mi auténtica manada. En ser invisible en ese bosque, en lugar de encontrar mi espacio en él. Luché contra mis compañeras y construí altos muros entre nosotras. Hasta que los lobos me encontraron a mí.

Para cuando eso pasó, habíamos tomado como nuestros esos nombres, y ya no dolían. Se nos habían convertido en piedra las plantas de los pies, de tanto caminar descalzas. Nos afilamos las garras para ahuyentar a los buitres. Y cientos de manos, como ramas de un árbol imperecedero, se acercaron a mi corazón despedazado, y me tendieron la aguja y el hilo para volver a unirlo.

Y tú, que no te atreves a llamar a mi puerta, tal vez lo hiciste también. Tal vez hayas querido ser invisible en tu propio bosque. Tal vez hayas construido un muro tan alto que no puedas vernos. Incluso puede que nos hayas llamado brujas, herejes, rameras. Pero siempre vas a poder contar con nuestras garras, si es que los lobos aparecen.

Tú, cuando quieras bailar, cierra los ojos y súbete tranquila el pantalón. Aprieta luego los puños y batalla contra los demonios que se enreden en el compás de un bombo distorsionado. Que nadie se te acerque nunca cuando inicies tu ritual, porque no estás sola: estás en tu propia compañía.

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