Creación literaria

Mientras cae la luna y sale el sol

14.06.2017 2 minutos

Mientras cae la luna y sale el sol, ando despierta, como de costumbre. Son las seis y media, y a la misma vez que Spotify me va enlazando canciones, reflexiono y escribo; escribo y reflexiono. Y así. Lo primero que pienso es cuánto voy a dormir. No mucho, unas siete horas. Suficiente, pienso algo resignada. Sin embargo, bendito problema, ojalá el sueño sea el mayor de todos porque después de ver a tu madre superar un cáncer, enterrar a tus abuelos o rezarle a todos los dioses posibles aun siendo ateo para que tu padre, a pocos metros de la sala en la que te encuentras, salga de una operación a corazón abierto de doce horas, el sueño no es un problema. Como si me muero de sueño.

Comparado con perder a una amiga tampoco lo es. ¡Claro que no! Y no, no se murió de cáncer, ni de una operación de corazón, y ni mucho menos por la edad. La maté yo. Bueno, eso ha sonado un poco a best seller. Obviamente hablaba en sentido figurado. A lo hecho, pecho. O no, porque qué poco ganaba despertándome aquella mañana y cuánto perdía. Había dormido suficientes horas. La alarma no falló. Y fui. Y pasó. ¿El qué? Te dejo que te lo imagines. ¡Quizás aquello que pienses sea mejor! Si fuera un gato, desde aquel día perdí una vida.

Empieza a amanecer y aquí sigo, un día más. Para qué hacer caso al sueño. Para qué preocuparme por ello. Para qué. Y no solo el sueño, casi todo. Para qué perder el tiempo. Para qué perder más vida(s) si pasan los años y no nos damos cuenta. Si luego estamos hartos de escuchar: «¡¡Si yo tuviera tu edad!!», «¡¡Si tuviera veinte años menos!!»... ¡¡Pues haberlo aprovechado, señora!! (El perfil medio de quien suele lanzar la frase es: mujer de unos 50 años, 30 años casada y con dos hijos).

No pierdas el tiempo. Solo gástalo. Agótalo. Pero en aquello que lo merezca.  Decía antes que me daba igual el sueño. Ha pasado una hora y sigo tumbada, boca abajo, antes boca arriba, pero con la sensación de haber gastado algo de tiempo. No mucho. O quizá demasiado. Tampoco sabemos cuánto nos queda, pero no lo he perdido. Antes comparaba ejemplos, todos reales, de muerte, enfermedad y amistad con el sueño. ¡Qué tontería! Ahora, sustituye «el sueño» por cualquier otra cosa. Ocho de la mañana. Al final dormiré seis, pero ahora lo digo sin resignación. Buenos días.

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