Creación literaria

Quisiera ser aire

15.03.2016 @_franJL 4 minutos

Quisiera ser aire.

Quisiera ser cualquier cosa menos humano. Un soplo de viento, la última luz del atardecer, una gota insignificante en un océano de lluvia gélida, el rocío del amanecer, un árbol que espera ser desnudado. Solo así privaría a mis emociones y a mis sentidos de darles un orden lógico, y a mi cerebro la capacidad para analizar los múltiples errores cometidos durante nuestra corta existencia.

Desconocemos aún quién puso este universo a nuestra disposición, cómo se nos otorgó el beneficio de la vida y el placer de respirar. Desconozco aún más si nuestro sentido de esa existencia y supervivencia tuvo que basarse desde un principio en el odio, el daño y la violencia. Desconozco muchas más cosas, pero ninguna me hace más daño que pensar en cómo somos y en por qué hemos acabado siendo así. Y en cómo seremos en un futuro no muy lejano.

Considero a la mente humana una maquinaria compleja, una auténtica reliquia con talento y potencial. El problema desde un principio estuvo en nosotros, en aquellos que no supimos aprovechar toda su magia y sustituimos la inteligencia por valores que acabaron pasando factura, incluso, al mundo en el que decidimos desarrollarnos como especie. Todo se reduce a egoísmo, ignorancia, intolerancia y miedo. Miedo a convivir, a compartir, a crecer, a evolucionar. Miedo al respeto, a la multiculturalidad y a la posibilidad de un desarrollo sano, una evolución sin prejuicios, combates y controversias.

Echar la vista atrás hace daño a la mente. Hiere nuestros sentimientos, agita nuestras emociones y acelera nuestro corazón de la misma manera que se lapidaron los sentimientos, se removieron las emociones y se apagaron los corazones de aquellos que injustamente abandonaron nuestro barco. Y todo se reduce a un hecho, inamovible y dolorosamente cierto: fue nuestra culpa. Como especie, como ignorantes, nunca supimos tomar el camino correcto y siempre nos desviamos en multitud de senderos donde ser persona era más una cuestión de supervivencia que un regalo. Creímos necesario mutilarnos para avanzar, y el progreso nunca manifestó que la violencia fuese el camino correcto. No me hago responsable físicamente de lo que sucediera años atrás, siglos atrás, con nombres que incluso desconozco; pero en mi mente anida el pensamiento de que nuestra moral y ética están destruidas desde hace muchísimo tiempo y probablemente jamás lleguemos a repararlas del todo. Estoy sucio emocionalmente. Nací en un lugar en el que la tolerancia, el respeto, el cariño por lo ajeno y la paz son elementos manchados de sangre, sin valor de pulcritud y con aires de falsedad y manipulación.

Siento que no puedo curarme y por eso quiero ser aire. Dejar de ser persona para dejar de pensar. Seguir respirando el mismo odio pero liberándome de unas cadenas que nos atan a todos al mismo sitio y jamás nos dejan escapar de lo maligno, de lo puramente inhumano. Quisiera olvidar el recuerdo del nazismo, desconocer que existió, prohibir la entrada en mi pensamiento de historias en las que no soy protagonista pero sufro, de igual manera, el daño ajeno. Es imposible curar mi espanto porque nací en un universo ya corrompido. Me asocié con aquellos que veían lógico y cotidiano el uso de la violencia como justificación del desarrollo y crecí ignorando el sufrimiento de personas que perfectamente podrían redactar estas líneas con mayor exactitud, amor y deseo que yo.

Todos vimos lógico y cotidiano ese uso del mal para hacer el bien. Lo negamos en nuestra cabeza, pero en nuestro interior está mecanizado mirar hacia otro lado y seguir adelante. Pocas personas reconstruyen esa mirada y comienzan a enfocar hacia donde se tiene que ver porque es un proceso que ya hemos adoptado inconscientemente, día tras día. Y será imposible olvidarlo.

Por eso quiero ser aire. Para liberar mi mente, dejar de atormentarla y vagar por un mundo en el que la evolución seguirá sujetándose al mal y a la injusticia para avanzar, sin mirar atrás y apartando la vista hacia otro lado. Porque mirar atrás duele y focalizar el dolor es ilegalmente moral.

Ojalá el mundo no hubiera crecido así. Ojalá todo se redujese a mirar horizontes vacíos, donde la mano del hombre nunca llegó, el odio del ser humano jamás existió y tan solo la naturaleza pudo expandirse como lo hago yo, siendo aire y no humano, por ciudades en las que crecí, lleno de odio y maldad, y donde ahora respiro libre de responsabilidad, prejuicios e intolerancia.

Avanzaremos torpemente, golpeando nuestra evolución una y otra vez, dejando marcas y arañazos en sitios donde nunca los hubo y en territorios donde hace ya tiempo que no existe otra cosa. Y nunca aprenderemos, porque así hemos caminado siempre. Sin mirar al otro, tan solo a uno mismo, y sin apartar la vista del camino del egoísmo, la soledad y el vacío.

Mi deseo es no vivir en un mundo así. Pero siendo imposible trasladarse a otro océano de estrellas, donde el daño no haya expandido sus fronteras, seré aire. Y habrá un día en el que vuelva a mi condición natural, examine el terreno y vea que aquellas ciudades donde crecí, impregnadas de odio, se han vuelto negras, han perdido su alma y ya no les queda magia en su interior. Aquellas calles en las que jugué, formé amistades y me culturicé permanecerán calladas, dejarán de llamarme y se fundirán con la evolución humana, teñida de rojo.

Entonces volveré a ser aire, pero para no volver más.

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