Creación literaria

Resurrección

18.05.2016 @SaraRaccoon 2 minutos

Entras, raudo como un alud de tierra fresca, y te deshaces del óxido florido en mi pecho.

Y los olores, de repente, me estallan en la nariz y descubro la montaña y el arroyo, el espliego, el romero, la hierbabuena, el tomillo. Pero el mar queda lejos, a un mundo de distancia, cuando acerco mis fauces a tu cuello desnudo.

Las constelaciones que reposan sobre tu pecho titilan en contacto con el mío y aprendo de nuevo los sabores. Y mi lengua prueba el orégano, el tomate, la sal, el vino, las frambuesas. Pero la cicuta queda lejos, a cien mundos de distancia,
cuando enfoco mi miope pupila en tus ojos.

Tiemblan tus pies descalzos y calientes al lado de mis tobillos y conozco, al fin, los colores. Y veo la albahaca, las avellanas, el malva, el cielo, la luz. Pero el hollín queda lejos, a mil mundos de distancia, cuando mis uñas dibujan el camino de vuelta en tu espalda.

Tus pulmones se estremecen y dudan, y comprendo, súbitamente, que existe el tacto. Y mis manos sienten el agua, las brasas, la arcilla, la hierba, el algodón. Pero el hielo queda lejos, a una galaxia de distancia, cuando tengo entre los dedos la quintaesencia de tu cuerpo, palpitándome en la palma de la mano.

Entras, raudo como un alud de tierra fresca, en mis sentidos primero, en lo más hondo de mí, después.
Y te oigo.
Me nombras.
Y el corazón se me desboca, pero no puedo sostenerlo más bajo el pecho.

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