Creación literaria

Si algún día me quisiseras

21.03.2017 @22yepe 2 minutos

Que la gente hable de metáforas cuando es tu vida la que cuentas,
que agaches la mirada cuando deberías levantar la cabeza
y te rías del infierno que algunos diablos dicen llevar a cuestas;
nunca te hizo regresar,
¿verdad?

Que ya son más de cinco años los que has dejado pasar frente a un espejo
que lleva toda la vida hecho pedazos,
que nunca fuiste capaz de acariciarte sin dejarte cortar por las grietas que lo sostenían
y que nada te hace recordar lo bonita que eres
que aún rota,
eres capaz de sonreír con la boca entreabierta a una sociedad que nunca apostó por ti,
que te culpó por las hostias que te dio su suerte,
que te vio caer al suelo y te dejó llorando en tu habitación.

Que estás cansada de pedir perdón
sin saber bien a qué o a quién
se lo estás pidiendo.

No quieres admitirlo
pero tú, que pese al dolor, sonríes;
eres la que sigue exponiendo sus heridas frente al papel,
la que se desnuda costillas hacia dentro dejándose la piel frente a quién,
alguna vez;
supo ver más allá de las palabras.

Pequeña;
quiérete,
quiérete porque algún día tus tormentas alimentarán la sequía emocional de los que nunca
te quisieron,
de los que te negaron un simple abrazo
y te llamaron enferma por quedarte en los huesos,
porque puede que,
si no lo haces,
acabes sintiéndote esclava de las explicaciones que nunca nadie quiso oír
y tú seguirás regalando por creer no estar a la altura
de alguien que nunca supo estar a la tuya.

Pequeña;
deshazte de tu carita triste,
el hecho de dar la vida por alguien que jamás dio un puto duro por ti
no te hace dueña de sus insultos,
de las amenazas
y los chantajes
que has estado soportando todo este tiempo,
no te hace responsable
de las miradas despectivas de los que te echaron la mano el cuello
fingiendo ayudarte,
de los que nunca quisieron ver
que necesitabas su ayuda.

Que a lo que llaman pecado,
yo llamaré poesía;
porque sale de tu mente herida;
porque sufres,
porque sangras
y escueces
y porque aún no te has dado cuenta de que mereces mucho más que las ruinas que te
dejaron dentro.

Sí,
esas que ahora cuidas,
sin la esperanza de que,
algún día,
entre tanta letra
logres encontrar una flor
que te haga saber que aún sigues viva
y que
todo
es gracias
a
ti.

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