Día del libro

Es el día del humanismo

23.04.2017 @santiago_mruiz 4 minutos
  1. Es necesario. Imperiosamente necesario que tenga su día. Porque es el vehículo más importante de todos. El que crea la identidad cultural de una sociedad. Un vehículo que trasciende el espacio y el tiempo. Llega a la inmortalidad. Es un lugar donde hay un alma que espera, pero sin impaciencia. Almas nobles moran entre ellos. Un lugar en el que el recuerdo se reaviva. Y una de las características que me resulta más sorprendente y admirable es la continua creación de riqueza. Una incalculable. Es por ello por lo que necesita una defensa férrea que combata las atrocidades que se comenten en su contra, como la eliminación de la filosofía o la literatura universal en la educación.

Los libros son una fuente insondable de conocimiento e ilustración que no tiene precio material alguno en comparación con el contenido espiritual y cognitivo que dejan. Leer agranda el alma. Es la cura uno de los mayores males del ser humano; la ignorancia y la estupidez. In bibliothecis immortales animae loquuntur escribió Plinio en Historia natural. Esto es, «las almas inmortales hablan en las bibliotecas». Si doy pocas cosas por ciertas, ésta es una de ellas. A través de los libros nos hablan sus autores y muchas veces vemos la vigencia de ellos pese a haber sido escritos siglos atrás. Lean algunos ensayos de Montaigne y compruébenlo o los Diálogos de Platón. Es la prueba fehaciente de la atemporalidad e inmortalidad. La mercantilización de la educación y la cultura y el pragmatismo estúpido hace más que nunca la obligación de celebrar su día. No sólo hoy. Cada día que pueda. Uno nunca, jamás y de ningún modo puede decir que pierde el tiempo leyendo. Además de la identidad de una sociedad también la lectura lo es de la personal y propia, pues leer afecta a la personalidad del lector y hay libros que le cambian la vida a uno. Cada cual tiene los suyos.

Comprendí la magnitud de la lectura cuando escuché de Vargas Llosa que aprender a leer fue lo más importante que le ha pasado en la vida. Quizá para mí no fue tanto eso, sino el interés por leer —cosa que no se comprende sin saber leer, claro está—. El significado de saber leer no se valora lo suficiente porque la gente no invierte un momento de su tiempo en comprender lo privilegiado que es. No todo el mundo ha tenido acceso a una educación ni a los libros. Pese a ser un derecho, también es un privilegio. Habría que pararse para intentar ver qué es no saber leer. Leer es el inicio para caminar Por una senda clara, como se intitula la recopilación de escritos de Francisco Giner de los Ríos. Es la iluminación de la mente.

Homo sum, nihil a me alienum puto, así empieza Del sentimiento trágico de la vida, de Unamuno. Nada humano nos es ajeno. Lo verdaderamente humano, su máxima expresión como ser, creo, está en tres disciplinas: el arte, la literatura y la música. Estas tres son las bases del humanismo y la ilustración. El verdadero tesoro de los pueblos. Y es la razón para creer en ellos y potenciarlos, comprenderlos, admirarlos y compartirlos. Nuestros tesoros son Lope, Cervantes, Lorca, Espronceda, Juan Ramón Jiménez, Larra, Unamuno... como en Francia los son Camus, Baudelaire, Rimbaud o Víctor Hugo. Todos ellos y muchos más son los que, como digo, traspasan la frontera de la vida y, sobre todo, la de las mentes y por ende las del alma.

Leyendo el otro día a Carlos Mayoral El Español me encantó una cita de Unamuno que reproduzco aquí: «El interés supremo, debe ser el de elevar el nivel de cultura general y despertar el gusto por las cosas que dignifican y afinan al espíritu» será entonces cuando los humanos lleguemos a nuestra mayoría de edad. Es por ello por lo que una buena educación es esencial. Cristóbal Villalobos defendió aquí, con una muy acertada y buena visión, un modelo pedagógico aristotélico. De ahí que se deba recalcar la vigencia de los libros como vehículos de ideas válidas y buenas y rescatarlas del olvido y seguir luchado para que, aunque sea, sólo una persona abra se mente a ellas y crezca. Michel de Montaigne en sus ensayos Del magisterio y De la educación de los hijos hace una defensa a ultranza de este modelo aristotélico. Mientras haya hombres buenos que sigan peleando por defender los libros y las ideas continuará la luz encendida, pues serán Eósforo.

Uno de mis amigos más cultos y admirados me dijo: «Éstas son las estepas del tiempo y del espacio. El cordero ahora se ha transformado en hombre y el Infierno en la psiqué, pero cae con frecuencia, aún, en la ignorancia de sus logros y así continúa negando imprudentemente su humanidad. Llegado a ese punto el cordero, al menos, tenía a Dios. ¿Qué tenemos nosotros? Nada» A esto le respondo, tenemos los libros.

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