Literatura

Espido Freire: "Matar de manera simbólica es una forma de madurar"

"No escribo para salvar a nadie. Escribo porque es mi trabajo y mi pasión, y porque es mi manera de comunicarme"

03.05.2017 5 minutos

Espido Freire (Bilbao, 1974) tiene un magnetismo extraño en la mirada. Probablemente no tanto como el que decían de Rasputín, que aparece en su última novela, "Llamadme Alejandra", ganadora del Premio Azorín 2017. Según ella parece más tímida de lo que es, más ñoña, más empollona de lo que ha sido siempre, más recatada y más misteriosa de lo que también es. Es escritora, colabora en Likes #0, en Historias a media mañana de la Cadena Ser, fundó la escuela literaria E+F entre otras cosas. Marta Robles dijo de ella que "es una mujer tan completa que da un poquito de asco". Ella replicó que no sabía conducir. A estas alturas puede que ya haya aprendido solo para “dar más asco” todavía.

 ¿Cómo es un día en tu vida?
Cada día es distinto. Ahora, con la promoción de la novela, viajo mucho, me encuentro mucho con lectores, y es un buen momento para conferencias. Leo todos los días, estudio, también, preparo mis clases. Intento que no haya monotonía, y sentir que aprovecho el tiempo

Subes tantas fotos al día a Instagram que casi se puede ver en tiempo real cómo te va creciendo el pelo milímetro a milímetro... ¿Ese exceso de transparencia en redes sociales puede acabar por invisibilizarnos?
Subo tres fotos al día. Tengo una estrategia de comunicación en redes sociales que parece que funciona y es eficaz. Mi Facebook, mi Twitter y mi Instagram son instrumentos de trabajo, y no cuentas personales. Algunos lectores que me habían perdido la pista me han encontrado precisamente a través de redes, y a mí me gusta mucho esa manera de contacto. Me ha permitido elegir qué contar y qué no, y así evitar muchos malentendidos e informaciones equivocadas.

He leído que a los quince años lo sabías todo sobre Freud. A los cuarenta y dos, ¿qué sabe Freud de ti?
No, es un error. A los quince años había leído gran parte de las obras completas de Freud, que estaban en la biblioteca municipal, lo cual es muy distinto. Leía de todo y sin criterio. Con el tiempo ha habido algunos de sus trabajos que me han interesando mucho, y que han sido una base importante para algunos de mis artículos o ensayos. Por otro lado, dudo de que yo le interesara demasiado a Freud.

¿Cuánto de gata hay en ti?
Me gustaría que hubiera más. Esa capacidad para el descanso, para el placer, esa mirada a la nada, esa gracilidad... mis tres gatas son una preciosidad, y una lección de buena vida.

Inventar historias es básicamente mentir. Y tú inventas muy bien. ¿Qué has aprendido de la mentira?
Que se cobra un precio muy alto. No compensa, en general.

¿Has matado a alguien? Es que “existen muchas formas de matar a una persona y escapar sin culpa”...
Cualquiera que haya leído algo mío sabe que es fácil encontrar distintos asesinatos. Matar de manera simbólica es una forma de madurar: una forma de resolver conflictos. De hecho, es la reflexión en torno a la cual gira "Abril en Estambul".

¿Todos tenemos crímenes perfectos que nunca cometimos?
No puedo hablar por los demás, pero creo que en estos momentos cometer un crimen perfecto resulta complicadísimo. Salvo que se desee pagar la culpa.

¿Y le has salvado la vida a alguien? Algún lector que quizá te haya dicho: "Oye Espido, leí Quería volar y evitaste mi suicidio".
Sí, tengo esa suerte. Muy a menudo me agradecen ese libro y el anterior, precisamente porque llegan en momentos de desesperación. Es algo que me hace sentirme íntimamente muy orgullosa. Más que de cualquier otro logro.

Hay un pasaje en Moby Dick donde construyen un salvavidas con la madera de un ataúd. Esa terrible ironía. ¿Tu anorexia hizo las veces de ataúd-salvavidas para otra gente?
Yo tuve un trastorno de la alimentación distinto a la anorexia. Hay varios, aunque la anorexia sea el más conocido.  Pero creo que sí, que hablar de la bulimia, la anorexia y el resto de los trastornos ha servido para acortar el proceso a otras personas. O al menos, que se sientan más comprendidas. La enfermedad en sí misma no ayuda a nadie a nada.

¿Escribes para salvar vidas o para salvarte a ti?
No escribo para salvar a nadie. Escribo porque es mi trabajo y mi pasión, y porque es mi manera de comunicarme. No es nada tan pretencioso.

¿Cuando te dieron el Premio Planeta a los veinticinco años se te fue un poco la olla o tú ya venías así de casa?
Soy una persona bastante sensata y muy juiciosa. Ni entonces, ni antes, ni después, se me ha ido la olla. Y menos por un premio.
Melocotones helados fue un “melocotonazo”. ¿En mitad del proceso creativo puedes intuir si un libro va a tener éxito?
No, al menos, yo no. Parte del éxito está en la distribución y la labor del librero y el editor, y el autor tiene muy poco que ver con ello.

Hay un frase que dice: "Creo que esto es lo mejor que se ha escrito en años. También podría ser una mismísima mierda. Pero cuando no noto la diferencia suele ser una buena señal".
Como no es una frase mía, no me siento identificada con ella.

Decías en una entrevista: "He hecho mucho por la Unión Europea: he sido pareja de dos polacos, dos ingleses, un francés, un austriaco, dos noruegos..." Quizá si te hubieras esforzado un poco más, podrías haber evitado el Brexit, ¿no?
No, yo no dije eso en una entrevista. Dije eso a micrófono cerrado, como broma y en confianza, y nunca debería haberse publicado. Fue una traición a mi confianza. No hablo de mi vida personal.

Etiquetas
Artículo anterior Artículo siguiente
Etiquetas