Metaperiodismo

Barcos del saber

Ciclo «Sala de columnas: especialización periodística y divulgación», organizado por la Fundación Manuel Alcántara (III)

11.11.2016 @santiago_mruiz 4 minutos

Tres barcos surcan los mares bajo un cielo nublado, pero el mar, azul impertérrito, mantiene su color ante la sombra que deja el sol desaparecido porque «el mar es el cielo caído por querer ser mar». Y ahí está ese mar azur bajo esos tres barcos y bajo el cielo, en un cuadro. El segundo de la pared derecha de la habitación del primer piso de la Sociedad Económica de Amigos del País. Es el principio del fin de «Sala de Columnas».

En el patio, separado por 22 escalones con la nariz en madera; madera magullada por el paso de arquitectos, físicos, biólogos, periodistas y el público de cada sesión, entre muchos otros, posan los ponentes para este nuevo coloquio. Parece que puede llover. El cielo, como el del cuadro está nublado.

«No existe la especialización periodística de salud». Frase taxativa, repetida a lo largo de la jornada, pero, según parce, con razón.Los medios son de masas pero los contenidos de salud —que afectan a todos— no lo son. Política y deportes es lo que se llega. «La salud llega a los medios, pero no con el rigor debido». Las palabras se dispersan por la sala, el conocimiento con ellas. A lo largo de la «Sala de Columnas» se iban repitiendo los problemas entre los periodistas y las fuentes —o sus tiranteces—. Todos los campos buscan una especialización periodística que no llega nunca.

Y como un rayo vuelve la gran pregunta: ¿Han de educar los medios? Sí, no, sí, no. No hay consenso. Los que son profesores han ido defendiendo el sí. El último, el profesor Rojas Torrijos. Aunque, aun sin quererlo, los medios pueden educar, y lo hacen. Asimismo pueden hacer lo contrario y lo hacen. Pueden desinformar.

Mientras habla el moderador, De Benito Cañizares mira al infinito, parece que se ha de acostumbrar al auditorio, mentalmente repasa lo que va a decir. Su mente no piensa en lo que ven sus ojos, Irene Tato, que ha traído unos libros que son su vademécum, repasa sus papeles, con su estilográfica entre los dedos, muy concentrada, y Navarro Navas, con sus gafas con cristales ovalados la observa detenidamente. Cada uno es mundo y tiene un mundo que decir. Esta vez, las voces cantantes serán Tato y De Benito Cañizares, que cuando hablan, se establece un dibujo de miradas y de atención, todo lo que se dice se escucha con suma atención, ellos son una tripulación en un barco del conocimiento.

«Los medios pecan de grandilocuencia» decía con Navarro Navas con impotencia, es difícil divulgar unos contenidos que requieren de mucho conocimiento para comprenderlos y más aún hacerlos comprensibles para la mayoría. Es una ardua tarea, otrosí, crear conciencia sanitaria. Porque los medios pueden cumplir una función didáctica. Tienen, los medios, el poder de abrir mentes. No importa el medio por el cual se comunique. Con ella, se pueden salvar vidas, hasta más que en un quirófano, asevera Tato. Algunas veces, sin tener ninguna vida entre las manos, éstas se pueden salvar. El código postal ayuda ¿por qué? Navarros Navas, con convencimiento y cierto desinterés al hablar piensa que el lugar donde hay lugares aptos y accesibles para hacer deporte es mucho más frecuente encontrar gente sana. Lo cual no es inverosímil. De Benito, firme rival de la homeopatía y del tabaco pide perder la equidistancia con dichos temas, entonces Navarro Navas, asombrada por la afirmación, vuelve el cuello, como si lo dicho atentara contra su honor, con algo de indignación en sus ojos, y replica «siempre hay que dar los dos puntos de vista».

Lo que se necesita para hacer comprensible estos temas sanitarios, es lo que ya defendió Nietzsche, la verdad para él residía ahí, justo en la palabra que hace volar la mente del lector como una golondrina sobre las nubes. Exactamente. En la metáfora. En ese lugar donde lo fantástico supera a lo real para contarlo. De Benito lo sabe y lo cuenta. Sólo hay datos, falsas esperanzas. —cuenta que cuando anunciaron que un fármaco reducía la ceguera en un chimpancé llamó un individuo a la redacción para saber dónde llevar a su padre para que lo curasen, la respuesta de Emilio fue: «Tu padre no es un chimpancé»—. El emblema de la medicina es en sí una metáfora. Una vara, la de Esculapio, y una serpiente que se entrelaza a ella y la convierte en algo único, en el progreso, en la vida misma. La medicina y el rejuvenecimiento. La gran ventaja, siempre se está reinventado y descubriendo. Los periodistas podrían —podríamos—. El origen del blasón de la profesión médica data del siglo IX antes de Cristo. Nietzsche lo recordó en el XIX después de Cristo y se ha vuelto a hacer una vez más.

Tato, con gran acierto, dice la frase final a medio coloquio pero ella no lo sabe. No todos lo finales acaban al final. Pero vio tierra nada más subirse a su barco «sólo hace falta experiencia y pasión»

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