Historia de nuestro columnismo

Camba, el solitario del Palace

Autodidacta, anarquista, humorista y bon vivant

30.05.2016 @cristobalvs 5 minutos

A César González Ruano le extrañaba ver cómo alguien que había escrito “invenciones admirables, páginas de observación verdaderamente prodigiosas…”, no le importaba un bledo la Literatura. Era un ser auténticamente aliterario, dijo, que nunca hablaba de nada relacionado con el mundo de las letras. A Josep Pla le conmocionaba su falta de sensibilidad hacia la actualidad y los hombres que la conforman con su quehacer diario. Nunca había conocido a nadie igual. Sin embargo, Julio Camba llegó a ser uno de los grandes columnistas de la historia de España. Quizás el mejor de una época, en un género en el que arte e información se entrelazan hasta confundirse.

Y a pesar de eso odiaba escribir. “¿Sabe usted mi único odio auténtico? Al miserable que inventó la imprenta”. Le dijo en una ocasión a Ruano. Por eso, y porque tenía que ganarse la vida, quizás no sabía hacerlo de otra forma, escribía unos artículos cortos e irónicos, con una ironía de clase media, en palabras de Francisco Umbral, que eran ligeros y graciosos, como escritos sin muchos esfuerzos, desde los que observaría la vida a su alrededor durante más de cincuenta años.

Autodidacta, anarquista, humorista y bon vivant. Salió de su Galicia natal hacia la Argentina, como polizón de un buque que le llevaría, como a miles de gallegos, a Buenos Aires. Allí empezaría a escribir en unos panfletillos anarquistas, motivo por el cual sería deportado a España dos años después y sería detenido cuando, en 1906, Mateo Morral fracasaba en su intento de acabar con la vida de Alfonso XIII el mismo día de su boda.

De vuelta a España, comenzaría a ganarse la vida escribiendo en diversas publicaciones: Diario de Pontevedra, El País, España Nueva o los Lunes de El Imparcial, hasta  su debut como corresponsal en Estambul para La Correspondencia de España, artículos que se recogen en Constantinopla,  obra editada apenas unas semanas atrás por Renacimiento. Después, viajaría como redactor de El Mundo a París, Londres y Múnich, escribiendo lo que para Umbral era “un periodismo costumbrista, sociológico y literario que iba bien para los suplementos dominicales.”

Viviría en Berlín hasta el comienzo de la I Guerra Mundial,  trabajando para ABC desde 1913, cuando ya era uno de los periodistas más leídos y mejor pagados de España.  Durante los años veinte recorrería los Estados Unidos y buena parte de Europa, acrecentando su fama de gourmet exquisito reflejado en su libro La casa de Lúculo o el arte del comer.

Francia tuvo a Paul Morand y España tuvo a Julio Camba. Morand era un poeta de las ciudades. Camba era un sicólogo de las grandes urbes que se servía de la paradoja incesante para explicarnos el alma de los sitios que visitaba.  Julio Camba era tan esnob que no podía vivir en Madrid.

(Francisco Umbral)

En 1949 se retiraría a la habitación 383 del hotel Palace de Madrid, “el solitario del Palace” lo llamaría Ruano, estancia que habitaría hasta su muerte en 1962. Durante esos años, ya sea desde Madrid o desde cualquier ciudad europea, Camba cultivaba un género híbrido entre la información y la opinión, en el que encontraba la forma perfecta de expresión.

Durante su vida, buena parte de sus crónicas y artículos se fueron recopilando en diversos libros pero a su muerte, quizás a la vez que iban pasando a mejor vida los lectores que tanto se habían identificado con el gallego, su obra quedaría relegada al olvido, sólo recordada por otros grandes del articulismo que lo veneraban como a un auténtico maestro.

Hoy, pequeñas editoriales vuelven a traernos el aroma de sus crónicas en cuidadas y delicadas ediciones. Es el caso de la antología Mis páginas mejores, recuperada por Pepitas de Calabaza con prólogo del genial columnista Manuel Jabois, o de las obras, reeditadas durante 2012, Alemania, de la editorial Renacimiento, Playas, ciudades y montañas y Londres,  éstas dos últimas de Reino de Cordelia, en las que Camba nos retrata los paisajes y los personajes de Alemania, Francia, Suiza e Inglaterra, sin olvidarse de su Galicia natal.

La recuperación de la obra de Camba continuó en 2013 con la edición de Sobre casi todo, de Renacimiento y de Maneras de ser periodista, por parte de Libros del K.O., tomo en el que se reúnen los artículos escritos por el gallego, a lo largo de su carrera, sobre la profesión periodística, una profesión que, aun no tomándose, como a él mismo, muy en serio, hizo un poco más grande.

Es en este libro, breve y ameno, Francisco Fuster, responsable de los prólogos de algunas de las obras de Camba reeditadas y mencionadas unas líneas antes, selecciona una serie de artículos que nos dan la medida de Camba como articulista, un escritor de periódicos que vivía por y para su columna y que reducía todas sus experiencias “a la superficie literaria de 150 centímetros cuadrados”, convirtiéndose en “una fábrica de artículos” que no cerraría ningún día hasta su muerte.

Yo lo mismo hago un artículo con una noticia de tres líneas que leo en el Daily Telegraph, que con las obras completas de Voltaire. Yo me voy al mar, por ejemplo. No cabe duda de que el mar es una cosa grande y hermosa. Pues para mí como si fuese un sombrero de paja. Toda su hermosura y toda su grandeza yo la reduzco rápidamente a una columna escasa de periódico; mando las cuartillas a su destino, y ya se han acabado para mí los encantos del mar, y, como los encantos del mar, las mujeres bonitas, y como las mujeres bonitas las obras maestras, y como las obras maestras las catedrales góticas, y los buques de guerra, y los campos sonrientes, y la primavera, y las fiestas movibles y todo. El articulista no puede gozar de nada, porque todo, en su organismo, se vuelve literatura, así como esos enfermos que no gozan de ninguna comida porque todas ellas se les convierten en azúcar. Esos enfermos son fábricas de azúcar, y nosotros somos fábricas de artículos.

Julio Camba. “Cómo escribo mis artículos”, en La tribuna (29-05-1913).

Etiquetas, , , , , , Etiquetas, , , , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente