Metaperiodismo

Campanadas 0,0

Si ya existe policía virtual, comercio virtual e incluso sexo virtual, el acoso desmedido y malintencionado derivado de fenómenos virales es una de las nuevas enfermedades virtuales que azotan nuestro tiempo

07.01.2018 @jorgefrances 3 minutos

En los últimos cuatro meses me he convertido en protagonista y testigo de parte de fenómenos virales en redes sociales y medios de comunicación que comienzan en crítica destructiva y acaban en acoso desmedido y malintencionado. No es ninguna rareza en una sociedad que se devora a sí misma al menos una vez al día. Si ya existe policía virtual, comercio virtual e incluso sexo virtual, esta es una de las nuevas enfermedades virtuales que azotan nuestro tiempo. Como tal, deberían empezar a elaborar estadísticas de las probabilidades de cada ciudadano de verse arrasado por una infección por hashtag a lo largo de su vida, que seguro que superan con creces a las de padecer algunas de las dolencias físicas más comunes.

Me duele confesar que estas recientes dos malas experiencias tan cercanas me han hecho entender el profundo descrédito de una gran parte de los ciudadanos por el periodismo, algo que hasta ahora no comprendía o no quería comprender. La mayor parte de la profesión está perdida, ha olvidado sus esencias y se traiciona cada día condenándose sin remedio. En la era de la desinformación si el periodismo contribuye al ruido está sentenciado. Y hacemos tanto ruido que se nos olvida hacer periodismo y caemos a diario en la ignorancia despreocupada, uno de los peores vicios a los que puede rendirse esta profesión. Esta semana una de las noticias virales en España de este inicio de 2018 es la audiencia de las campanadas de Castilla y León Televisión. Un 0,0% de espectadores según las mediciones de Kantar Media (dudoso honor que comparte con La 7 TV Región de Murcia). Un dato pésimo que azuzado desde las redes sociales ha desatado un huracán de desprestigio a la televisión autonómica y a todos sus trabajadores. Una cifra que en blogs y medios de comunicación se aderezó con imágenes engañosas para fabricar likes. La imagen de dos presentadores de la cadena brindando que ilustró las primeras noticias del asunto no se correspondía con ese programa (sino que se trataba de una gala de años anteriores) y provocó que el acoso tuitero se extendiera a sus perfiles personales con todo tipo de comentarios, miles de poco inocentes comentarios. Ya no hay nada que no sea una buena excusa para una lapidación.

Es indiscutible que la propuesta de Cyltv para el fin de año no despertó interés en la audiencia de Castilla y León y eso merece una sosegada autocrítica por parte de la cadena autonómica. Pero esta desmedida polémica invita a una reflexión más. La audiencia fue 0,0 %, un posible estadístico pero irreal social para cualquiera que lo piense un par de segundos. Las ahora famosas campanadas se grabaron en Salduero (Soria), un pequeño pueblo de unos 140 habitantes en 2016 según el INE. Es bastante absurdo pensar que ni siquiera un puñado de esos pocos vecinos pusieron La 7 de Cyltv para verse a ellos y a los suyos. Ni que tampoco lo hicieran los pueblos de alrededor, ni los familiares de los habitantes de Salduero o los nacidos allí y que hoy vivan en cualquier otro punto de la comunidad autónoma. Pero marcó 0,0. Y es que con toda seguridad ninguno de los 300 audímetros que hay en Castilla y León estaba en una casa de Salduero, ni en los hogares de los pequeños pueblos cercanos, probablemente no lo haya en toda aquella comarca. La medición de audiencias es como el sistema electoral, sabemos que es imperfecto y defectuoso pero seguimos dándole el poder de gobernar nuestras vidas. Es una religión mediática que hay que creerse por fe.

Nos estamos emborrachando de mentiras (o su eufemismo igual de dañino: las medias verdades). Tanto que hasta unas campanadas 0,0 dejan una tremenda resaca.

Jorge Francés es editor de las Noticias Fin de Semana de CyL TV, coorganizador del Congreso "Capital del Columnismo" y columnista de 'El Reverso'. 

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