Colección de entrevistas a jóvenes columnistas

Cristóbal Villalobos: "No se le da el valor que tiene al columnista, se invita a famosillos, tuiteros o políticos jubilados que ni siquiera saben escribir"

"Que se jodan los periodistas que se molestan cuando publico en ABC" / "Periodismo es una carrera hecha para dar trabajo a los profesores enchufados" / "El problema está en el columnismo sectario de ahora, que no se ganan su espacio por su escritura, sino por su ideario, y que ya se sabe antes de leerlo la mierda que van a escribir. El cáncer del periodismo es ese" / "Todos somos machistas, editoriales y lectores"

05.03.2017 @dpelagu 8 minutos

Cristóbal Villalobos (Málaga, 1985) es un tipo bajo, con barba y vestuario de generación del Milenio. Con 20 años, columneando desde la cuna, tomó la alternativa en el Diario Siglo XXI y en Periodista Digital. Con 26 años entró a escribir a Málaga Hoy y a El Imparcial, de Luis María Ansón. Hoy escribe reportajes documentales en ABC, artículos de opinión en El Español, algunas cositas más en Zenda, Jot Down o Ctxt. "Yo solo comencé a escribir porque soy muy torpe para el resto de las Bellas Artes". No estudió Periodismo ni Filologías, sino Historia, que a la postre ha acabado siendo la materia que le da de comer mediante la enseñanza. Da clases en el colegio de los jesuitas de El Palo, Málaga, donde estudiaron el poeta de la generación del 27 Manuel Altolaguirre, el pintor Félix Revello de Toro o su admiradísimo Ortega y Gasset.

"Por supuesto, como buen escritor, soy asocial. Todos tenemos problemas para relacionarnos, si no no seríamos artistas". ¿Y ligando poco?, le preguntamos. "Sí, ligando muy poco, pero con los años he ido aprendiendo. Pasa que tenía el listón muy bajo, entonces ahora la cosa va muy bien en comparación". Quedamos con él en un bar cercano al centro educativo y resulta inevitable -es viernes noche- encontrarse a algunos de sus pupilos paseando por la zona, que le saludan con efusividad. En la última función del colegio, los colegiales le imitaron por primera vez. Un alumno sacaba una tarjeta de presentación y decía: "Soy Cristóbal Villalobos, profesor, historiador, columnista, gestor cultural... y lo que tú quieras".


¿Cómo acaba un escritor dedicándose a la historia?

Viendo Indiana Jones y la última cruzada. Mi padre y mi tío fueron arqueólogos, así que llevaba de casa el interés en la arqueología. Cuando entré en bachillerato quería estudiar algo que no sirviese para nada, algo romántico, y que a la vez sirviera para todo. Estaba entonces entre Literatura, Periodismo e Historia, pero ¿qué diferencia hay entre un periodista y un historiador? Entre la historia contemporánea y el periodismo hay un límite que no se distingue. De hecho, en mis trabajos científicos o académicos, mi principal fuente es la producción periodística. Puede decirse que soy también historiador del periodismo.

¿Te sientes un intruso dentro del mundo del Periodismo?

No, porque yo no soy periodista. Soy columnista y escritor de periódicos, una figura en España mucho más antigua que la del periodista como titulado. Todos los escritores en el país desde la Ilustración se han expresado a través de los periódicos. Yo no hago notas de prensa ni noticias, yo hago una labor literaria e histórica.

¿Te han increpado alguna vez otros profesionales por lo que ellos creen intrusismo laboral?

Sí. Ya en la facultad, cuando empecé a escribir en algunos medios, muchos estudiantes de periodismo me miraban por encima del hombro como diciendo “¿Éste qué hace aquí?”. Todavía quedan muchos periodistas que se molestan porque publique una columna o un artículo en el ABC.

¿Algún recado para ellos?

Pues que se jodan. Si no les gusta que escriba, que escriban ellos mejor. Como decía Ruano, a mí el periodismo no me interesa ni mucho ni poco, me da exactamente igual. Con esto no quiero decir que no me encante el periodismo como disciplina, algo que me toca de cerca ahora con mi tesina sobre el columnismo. Puedo decir incluso que soy experto en periodismo sin ser periodista.

¿Hay una jerarquía entonces entre el columnista y el periodista titulado?

El columnista tampoco ve al periodista serio con desdén, siempre lo hace desde el respeto. El columnismo es otra cosa. Hay periodistas excepcionales que no valen para ello, como los que se dedican al periodismo sobre economía. El periódico es un todo y tiene que tener siempre también el componente literario para estar completo. Lo objetivo y subjetivo, el reverso, donde prima la firma.

La mayoría de profesionales o estudiantes creen que es necesario formarse durante años como periodista antes de ser columnista. ¿Hay que mamar el oficio o es una creencia infundada?

No tiene nada que ver. Como ya he dicho, hay periodistas que llevan años haciendo un buen trabajo y nunca serán buenos columnistas. Hay quien llega al columnismo como director de cine o escritor y nunca ha pisado una redacción. El periodismo es un gremio muy cerrado y con poco trabajo, por eso te echan a los perros si eres ajeno. Trueba o Garci te pueden gustar más o menos, pero no le han hecho falta un bagaje previo. Culturalmente sí, eso siempre.

¿Qué hay que estudiar entonces para ser columnista?

El columnista no estudia. El mejor columnista de la historia de España es Umbral, quien fue analfabeto desde el punto de vista del sistema educativo. Fue autodidacta gracias a la biblioteca pública en la que trabajaba su madre. Otros grandes, como Alcántara, Ruano o Camba mismamente, tampoco estudiaron Periodismo, entre otras cosas porque es una carrera bastante reciente. Todo se basa en el estilo, cultura y el fondo. Estudiando cualquier disciplina relacionada con las letras y con un poco de afán intelectual, ya lo tienes casi todo hecho. La carrera está diseñada para el mercado laboral y el columnismo es un nicho de trabajo tan escaso que a las facultades no les interesa formarte como estudiante creativo. Se centran en enseñaros cuatro programitas mierda que podrían enseñarte en cualquier módulo. En vez de impartir Estructura de medios o Economía de la empresa informativa, deberían formar humanistas y ser la carrera más amplia. Es una carrera hecha para dar trabajo a los profesores enchufados.

 

Centrándonos en tu carrera, sientes fascinación por el columnismo durante la dictadura, ¿por qué?

En esa época no se podía opinar sobre nada, se habla sobre la nada gracias a la censura. Los escritores se valían de la literatura para salirse por la tangente. Ya en la Ilustración floreció gracias a esto el columnismo. Ruano llegaba por la mañana y no podía escribir sobre la barbaridad que hacía el ministro “x”, pero sí que podía hacerle una oda a su desayuno y crear una pieza atemporal. No soy un enamorado del columnismo franquista, sino del columnismo pese al franquismo. Incluso los monárquicos y falangistas sufrieron la censura. Ansón tuvo que exiliarse tras escribir un artículo a favor de la Corona y el ABC no salió ese día a la calle.

¿Se utilizaban entonces figuras retóricas para criticar de tapadillo al Régimen?

Depende del autor. Camba se quedaba al margen con su costumbrismo, pero otros sí que lo hacían con bastantes complicaciones, como Umbral o Foxá, que escribió un artículo siendo amigo de José Antonio, que parecía una crítica a la URSS, cuando realmente era al franquismo. Cela, aunque fue delator durante la dictadura, también criticó desde los recursos literarios.

Se han perdido en el recuerdo colectivo muchos autores afines al Régimen por su condición ideológica. ¿Es nociva esta dinámica desde un punto de vista puramente literario?

Uno de los mejores libros que se han escrito en España sobre literatura patria es “Las armas y las letras”, de Trapiello, donde se reacatan a todos los escritores franquistas o protegidos por Franco, como Pemán, monárquico. Llegada la Transición, fueron borrados al ser considerados, en algunos casos de forma injusta, cómplices.  Algunos tenían que comer.

Por ejemplo, Lola Flores, La Faraona, no era nada, pero sí se arrimó al bando nacional porque no podía hacer otra cosa.

 A Lola la llevaban a bailar al Pardo. Camba fue anarquista, pero cuando llegó Franco, tuvo que elegir entre exiliarse o ponerse a escribir desde el Palace. Una vez muerto Franco, es muy fácil ser un héroe. Cela puede parecerte un personaje nefasto, o Pemán al escribir contra la Generación del 27 (Los Someros Rojos), pero eso no tiene que ver con la crítica literaria. Alberti también hizo barbaridades y escribió artículos cuestionables, pero nadie cuestiona su poesía. No se debe juzgar políticamente la literatura.

¿Estamos preparados en España para un acercamiento académico a la cultura del franquismo sin un sesgo ideológico previo?

Sí, ya se está haciendo como ya he comentado, pero cada vez que se publica un libro de estos autores, se le pone la tacha por lo que ellos creen una reivindicación del franquismo.

¿Qué piensas de la Ley de Memoria Histórica?

Se juntan la polémica, utilizada para hacer política, y una incultura enorme. Me parece genial que se le quite una calle a un maldito asesino franquista, como fue Yagüe en Badajoz, pero no me parece comprensible que se le quite a Carlos Haya. Luchó por el bando franquista, sí, pero independientemente de ello, batió numerosos records de aviación. Que le quiten también calles a la izquierda, a la Pasionaria, que tanto se habla de ella, pero no de cómo trató a los niños durante la Guerra en la URSS y en los gulags. Asesinos también.

Picasso era un cabrón misógino y maltratador, que incluso indujo al suicidio de una novia suya, ¿pero vamos ahora a cerrar sus museos? Lo mismo si le decimos a los políticos que era taurino, pues sí que se cierran.

¿Qué herencia recibe el articulismo de aquella época censurada?

De aquel articulismo nace Umbral, quien se cría leyendo a estos autores. Su obra se basa sobre todo en lo que daba dinero, el columnismo de su época. Ahora se paga mal o ni se paga. Umbral es la cumbre, y todas las buenas firmas actuales, que son pocas, vienen de Umbral.

¿Cómo ves el panorama columnístico actual?

Fatal. No se le da el valor que tiene al columnista, porque en los medios locales ni se les paga, porque se invita a escribir famosillos, tuiteros o políticos jubilados que ni siquiera saben escribir. A nivel nacional sí hay buenos columnistas, pero somos pocos los frikis que le damos el valor que merecen.

¿Por qué crees que hay pocas mujeres columnistas?

Venimos de una época muy machista, donde las mujeres escritoras estaban prácticamente en el exilio interior. El columnismo es también una tradición, y las mujeres han tardado demasiado en entrar en ella. Todos somos machistas, editoriales y lectores. En el futuro, poco a poco, habrá más columnistas.

¿Sigue habiendo herencia partidista en los periódicos?

Por supuesto. En el siglo XIX surge el escritor de periódicos, cuando en Madrid hay líneas editoriales de toda tendencia, anarquistas, monárquicos, socialistas y burgueses. El problema está en el columnismo sectario de ahora, que no se ganan su espacio por su escritura, sino por su ideario, y que ya se sabe antes de leerlo la mierda que van a escribir. El cáncer del periodismo es ese. A Camba o Valle-Inclán los leías por ser anarquistas, pero sobre todo por ser enormes escritores.

¿Hay hueco en el ABC para un periodista de izquierdas?

Sí y no. Hay una línea editorial a seguir, pero hay periodistas de todo tipo que van cambiando de medio sin problema. La gracia viene en el contrapunto, en la capacidad para reírte de tu propio periódico, pero cada vez se estila menos.

Etiquetas Etiquetas
Artículo anterior Artículo siguiente