Metaperiodismo

El arte de preguntar, porque entrevistar está en la condición humana

Congreso Internacional de Periodismo: La entrevista

19.01.2017 @santiago_mruiz 9 minutos

Entrevistar, como la Literatura, como el Periodismo, puede ser un arte. Y los entrevistadores, son los artistas. Como los artistas que desfilaron en Málaga el jueves y el viernes pasado por el rectorado de la Universidad de Málaga. Unos artistas del periodismo. Entrevistar es su base, por lo menos, sus dos terceras partes, y sirve para construir un relato de la realidad. Tres pilares del periodismo —y de la literatura, y del arte— se han nutrido de ellas: Kapuściński, Truman Capote y Hersey. ¿Qué sería de A sangre fría o Hiroshima sin las entrevistas? Tiene fácil respuesta: nada. Se quedarían en eso. Folios blancos sin magia ni trascendencia. Folios vacíos como un desierto sin arena.

A las cuatro y media comienza la primera charla, con el sol iluminando el rectorado, Helios indica el camino.

La sala todavía está vacía, sólo hay un chico, sentado en un sillón al lado de la puerta de la sala inmediata. Las azafatas, de repente le dicen que se quite. Cogen el sillón y el contiguo, lo acercan a una mesa y sacan unos papeles donde hay que firmar. A los minutos la cola es terrible.

La presentación pasa rápido y se comienza con el origen de la entrevista. Aquélla en la que se entrevistó a una ama de llaves por un asesinato. Pero el interés vuelve con dos intervenciones de Teodoro León Gross hablando de la famosa entrevista de Frost a Richard Nixon. «Entrevistar es incómodo», se quiere sacar la verdad de algo, algún asunto turbio. Ese es su fin. También el de intentar ver cómo es una persona. Las «ironías paradójicas» de entrevistar, como puede ser entrevistar a un futuro dictador. Como hizo Ernest Hemingway con Mussolini, donde ya advirtió el peligro de los fascio di combattimento. Las entrevistas es el núcleo del Nuevo Periodismo. Esos perfiles de Talese —cómo retratar a alguien sin hablar con él; Sinatra está resfriado— o las descripciones de Tom Wolfe.

Fermín Galindo, profesor, hace una aportación interesante, habla de momentos pedagógicos y del problema de las tecnologías «crean continente pero no contenido». Y, acertadamente, dice:

[su_quote]"Las entrevistas son propaganda barata, el periodismo tiene miedo del poder político[/su_quote]

Y cuando no tiene miedo, lo echan de la rueda de prensa. Como Trump hizo con Jorge Ramos, de Univisión. Fermín, da unos consejos a la audiencia:

—Hay que saber mucho y tener mucha curiosidad, conducir al otro para saber quién realmente es y aprender a mirar—. Habla de esa «mirada» que tienen los buenos periodistas, o deberían. Ver los especial, lo insólito y maravilloso o miserable. —Las entrevistas no se hacen por mail o con un cuestionario. Se hace con tiempo— espeta Agustín Rivera. Del que dicen que es el que más vive el periodismo.

¿Cuál es uno de los grandes defectos de la sociedad actual? «Vivimos un momento inquietante de la escucha» una frase ciertamente tanto poética y desoladora. ¿Qué sería de un periodista que no escucha? hay entrevistadores —malos entrevistadores— que no escuchan creen que las entrevistas son una retahíla de preguntas y una grabadora o cámara encendida escuchando por ellos. Eso no es periodismo.

Lo poético y literario del periodismo, como unos buenos versos vuelve a la mesa, David Vidal, profesor de Periodismo Cultural en la Universidad Autónoma de Barcelona, habla de la entrevista épica, las que fueron la de Hemingway y Mussolini, o Nixon y Frost, incluso la de Felipe González e Iñaki Gabilondo. —¿Se imaginan en un plató a Bárcenas por los papeles o a Chaves por los ERE? ¿no verdad?— Manuel Alcántara decía que un periodista es un salvador de instantes y un cantor de lo cotidiano. Ahí, también es donde está esa épica. Se trata de mirada.

De la imaginación al recuerdo, ¿se acuerdan cuando había un deber de responder ante los medios? Es vital, en una entrevista —buena entrevista— la repregunta. Cierta insistencia para sonsacar esa verdad, tan difícil, tan huidiza y camuflada y ensuciada. ¿Qué son las ruedas de prensa sin pregunta o sin repregunta? Hacer de vocero al político en cuestión.

«Documentarse y repreguntar» son las claves para Agustín Rivera. Ir a contracorriente, ser políticamente incorrecto.

Con la insistencia a las preguntas acaba la primera charla, pero sin concederlas, por olvido o por tiempo —tan requerido y necesario para una buena entrevista, por otra parte—.

[su_quote]Para hacer una gran historia se necesita una entrevista, el periodismo es entrevista[/su_quote]

Así empieza la segunda charla, con nuevos ponentes y con el interés ya bien encendido. Todo pasa por la entrevista. Ana Romero, periodista y escritora. Ha pasado por las redacciones de Diario de Cádiz, Agencia EFE, Bronx Beat y El Mundo, con voz sosegada y amena, dice: «el periodismo es entrevista», por tanto, entrevistar bien es todo un arte. Un arte de seducción, se podría decir. También pide que vuelva el silencio, ése que se ha perdido en los medios de comunicación. Como el que creaba y no interrumpía Jesús Quintero.

—Hay que ser crítico y contrapoder— afirma. Hay que tener calidad independientemente del formato.

En esta sesión sí hay turno de preguntas. Una mano alzada a la que le llega el micrófono pregunta cómo combatir a la costumbre de no dejar preguntar a los periodistas. Esther Esteban, periodista de larga trayectoria que ha estado en Diario Ya, RNE, ABC y El Mundo, como muchos que respetan el oficio y su integridad, asevera con cierta vehemencia: «Hay que decir no a las ruedas de prensa sin preguntas». Hubo un intento de la prensa de plantar a los periodistas, pero al no unirse si ni cuando es por su bien no funcionó aquello. César González-Ruano definió, también, con precisión y no menos gracia el periodismo: «se trata de tocarle los cojones a los ángeles»

La sala está casi llena, un asiento libre por aquí, otro por allá, poco más. La gente —sobre todo joven— está expectante. El tiempo es una bala. Y el jueves se va muriendo, la última mesa redonda comienza. Y quizá, la más interesante. Por lo menos la más literaria.

La entrevista creativa, es el nombre de la despedida del jueves con Karmentxu Marín, entrevistadora de El País, y actualmente en Tiempo y TintaLibre, Anna Grau, periodista de El EspañolIsabel Nery, profesora de periodismo literario en Portugal, y Víctor Amela, entrevistador de la Contra de La Vanguardia.

Éste último, con barba blanca, ligeramente picuda, con un aire de dandi, uno que pintaría Giovani Boldini. Hay un dicho en el periodismo que reza: «el periodista busca el relato», esto (el periodismo) va de contar historias, realmente. La literatura de lo real.

—La realidad sólo es comprensible si tiene estructura de ficción— afima él—, somos fabricantes de relatos. Con esto, Víctor Amela se gana un aplauso, realza el poder de lo literario en el mundo periodístico. Tiene un estilo muy literario en sus entrevistas de la contra de La Vanguardia, especial mención la que le hizo al nobel de literatura Mario Vargas Llosa.

[su_quote]La entrevista es el último reducto del periodismo, aunque sea un género bastardo[/su_quote]

Con su acento catalán, Anna Grau, que en su asiento tiene su chaquetón rosáceo, que lo decora, dispara: «la entrevista es el último reducto del periodista». Karmentxu Marín, destaca la importancia de los detalles del entrevistado, su olor, su manera de vestir. Sacar cómo es, ese retrato exterior que dice tanto de una persona.

Los detalles, el tiempo y la mirada son los principales ingredientes de una buena entrevista para buscar lo singular, las sutilezas del entrevistado. Pero falta algo, algo también vital en la cocina periodística. La pequeña conversación en la que dice que está «todo». Muestra algunas entrevistas que ha ido haciendo en la que lo pequeño se hace grande y extraordinario. Su entrevista a Vasco Graça Moura. En la que lo deja hablar, hay que dejar que el entrevistado se exprese, se alargue si quiere. Es su momento. Vuelve esa necesidad del tiempo. Un artista que quiere expresarse, si lo dejan.

La palabra, como cónsul del alma, vuelve a Anna Grau, que, con el tiempo llamada a acabarse, sentencia: «Hay que buscar el detalle para contar la información, porque a veces esa información no dice nada». Al jueves no le queda ya nada que decir.

Viernes, vienen las grandes estrellas. Comienza, con lo que podría ser un aforismo periodístico: «Mi trabajo no es poner un entrecomillado más», dice Julio Villanueva, Editor fundador de Etiqueta Negra. Premio de Crónicas de la Sociedad Interamericana de Prensa. Maestro de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo. Ahora otro aforismo viene de acompañada de la voz de Antonio Lucas columnista de El Mundo y poeta premio Lowe, el poeta periodista que dice:

—La entrevista es un género bastardo— porque se nutre de todo, absolutamente todo y se puede hacer muchas y diversas maneras. Y adiciona la importancia de las lecturas, incluso de la poesía, tan íntima y tan útil, «es una gran herramienta para titular y para preguntar». Kapuściński decía: «para escribir una página, antes hay que leer cien». Antonio Lucas prosigue —El periodismo es un género literario—. Ahí están los primeros mencionados del primer párrafo. Talese, Wolfe y Kapuściński quedan para la historia del periodismo y de la literatura. Dice que no lo peor que te pueden decir en la redacción es poeta. Un buen poema ilumina el mundo de las ideas, un buen artículo es el soneto del periodismo. Antes de irse, suelta una última luz como hace el día al morir diciendo:

«Hay que lanzar las palabras más lejos que la vida»

Hay estrellas que son como las palabras, fugaces. Las últimas en venir. De sobra conocidas. Jesús Quintero, El loco de la colina, Fernando Sánchez Dragó, premio nacional de ensayo y Carlos Alsina, la cara actual y estrella de Onda Cero.

Alsina, con la camisa negra sin abrocharse los botones de las mangas y remangadas. Dragó, con jersey gris, y Quintero, camisa con chaleco y bufanda roja.

 

La primera luz de la primera estrella es: «Las grandes preguntas no están con el periodismo, sino con la condición humana» y «un hombre no es 20 minutos». Él sigue usando sus característicos silencios que hacen que uno abra más los ojos y preste aún más atención. El poco tumulto que hay va desapareciendo con su tranquilidad. Y el silencio se une solamente a la voz del loco, además, añade: «Cuando alguien dice una revelación hay que darle silencio, y si está diciendo bobadas, también hay que darle silencio». Octavio Paz escribió:

«Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.»

Cuando hablan Sánchez Dragó o Quintero el ambiente se embriaga de algo, quizá una magia porque sí son estrellas, aunque lo nieguen.

—Si hay conexión, el milagro se ha producido —dice Jesús Quintero.

Cuando vuelve a hablar Dragó da una sentencia como consejo. «No aburrir». Quintero, descontento, quizá algo desolado:

—Las entrevistas que veo me aburren un poco—. Esto le sienta un poco mal a Alsina. Quintero critica a las entrevistas actuales y Alsina canaliza la crítica a la audiencia (la sociedad) a lo que Dragó dice: «Esta sociedad [el público] es la damnificada por la radio y la televisión que se hace ahora». La discusión comienza con algunos reproches, interrupciones y gritos.

Y en un momento de otro destello fugaz del loco suelta: «buscaba el humanismo y la verdad. Toda la radio y televisión que no transmite la verdad, es mentira». Ese podía haber sido el fin. Lo que vino fue más discusión, incluso con alguna pregunta de oyente exaltado y descontento. Pero el final acabó ahí. En el humanismo y con las estrellas, más o menos de acuerdo. Dos estrellas que en la distancia del pasado siguen iluminando, y una a la que le que le pertenece el presente.

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