Metaperiodismo

El milagro de los vínculos

Se despide El Reverso tras casi tres años de escritura, aprendizaje y, sobre todo, de conexiones jóvenes

11.11.2018 @dpelagu 6 minutos

En los últimos días, después de el anuncio de nuestra despedida y muy especialmente tras la tercera jornada cultural "El Reverso" en la peña El Palustre, hemos recibido reseñas increíblemente generosas respecto a nuestra trayectoria. Estamos muy agradecidos a todos los que nos acompañan ahora para mirar atrás y poder estar orgullosos de nuestro camino, para después tomar el impulso necesario para nuestros próximos proyectos. Hemos cumplido así nuestro objetivo para esta despedida: podemos seguir adelante con la certeza de los deberes hechos.

Durante mucho tiempo, no fue necesariamente así. El Reverso ha sido una montaña rusa, que a veces nos parecía un producto revolucionario y otras, un juguete roto. A veces, parecía que éramos sexy y otras, que no había nadie al otro lado. Desde el inicio, la apuesta fue muy parecida a un todo o nada: un medio con vocación nacional y semiliteraria, chavales de primero de carrera haciendo el género de la firma.

Cuando empezó, nosotros no sabíamos ni qué era el columnismo. Todos los profesores de la carrera de Periodismo (es inevitable destacar a Teodoro León Gross y Agustín Rivera) en la UMA incitaban a los alumnos a crear un blog para desarrollar su marca personal y se nos ocurrió que, mejor, podíamos juntarnos unos cuantos para darle más empaque a ese cuaderno de bitácora online que parecía obligado y que, en realidad, es un lugar común entre estudiantes. El Reverso nació, pues, como un blog colectivo en el que cada día de la semana publicaría uno de los componentes, y nada más. Insisto, por tanto, en que lo revolucionario no fue decidir empezar por la opinión o la literatura, que es lo habitual en los blogs de estudiantes de Periodismo, sino crear una red de estudiantes en competencia virtuosa dentro de la publicación.

Yo ya conocía a Juan Romera y a Adriana Vázquez cuando entré en la Universidad. Era consciente de su valía y sabía que el proyecto debía contar con ellos. Carlos Guerrero y Jorge Pedrosa, como primeros amigos -dentro de su disparidad- que tuve en la carrera, cayeron por su propio peso dentro del medio. A Pablo Merino no le conocía demasiado, pero a rebufo de Juan entró y rápidamente vimos el acierto de su inclusión. Miguelángel Suvires fue el fichaje estrella, el estudiante mayor e ingenioso al cual ninguno conocía, pero sólo por sus intervenciones en el grupo de Whatsapp sabíamos que debía tener un hueco. Con él, éramos siete.

La lista fue, por tanto, bastante arbitraria. Poco más que los amigos que puedes echarte en las primeras semanas universitarias. Conforme han pasado los cursos, ha resultado evidente que gente probablemente más válida que nosotros estaba fuera del proyecto: Toni Asenjo, Marisabel Lucas o Daniel Núñez se han ido sumando y nos ha alegrado enormemente poder ampliar nuestra base social con tanto talento y entrega de nuestra propia promoción de Periodismo.

Resalto que fue la faceta colectiva lo realmente revolucionario de nuestro proyecto y que, en realidad, en todo lo demás estábamos bastante perdidos: el Cajón mutante, la Vorágine, el Caleidoscopio y resto de secciones que en ese momento teníamos denotaban cierta confusión. Jesús Nieto y Cristóbal Villalobos, que tanto nos definieron, nos otorgaron valiosas lecciones de columnismo y nos hicieron entroncar lo que hacíamos con una amplia tradición española de periodismo literario. En tiempo récord, los Umbral, Camba y Jabois se hicieron nuestros tótems. Se sabe que no hay más fe que la del nuevo converso.

El Reverso tenía taras desde su inicio. Seis hombre heterosexuales blancos opinando, con la bendita excepción de Adriana, no era tan revolucionario como podría creerse. La diversidad siempre ha sido la cuenta pendiente del proyecto y hemos cometido errores en esa dirección, pese a los grandes esfuerzos de autoras como Marisabel Lucas, Sara Rodríguez o Princesa Sánchez. En muchos sentidos, nos estábamos embarcando en retos que superaban ampliamente nuestros conocimientos y ocurrieron meteduras de pata. Ha sido parte del trayecto.

Junto con las críticas de compañeros de carrera mayores que no dieron ni la bienvenida y a los que nunca terminé de entender, también llegaron en mayor cantidad los mensajes de apoyo y de reconocimiento a nuestra escritura y, con ella, la ambición. En el congreso Valladolid, Capital del Columnismo (2016), donde se escuchó aquello de que había "tres medios que estaban revolucionando el periodismo: El Español, Jot Down y El Reverso", por fin empezamos a comprender de verdad la amplitud del mundillo y nos sentimos los detectives salvajes. Juan Soto Ivars, Guillermo Garabito, Ricardo Colmenero, os debemos muchas cervezas.

A partir de ahí, El Reverso comenzó un brutal crecimiento exponencial. A la vez que fomentabámos que hubiera hueco en el proyecto para todo aquel que quisiera practicar y aprender a escribir (hemos publicado, en total, 1 119 entradas de 122 autores distintos); Jorge Francés, Princesa Sánchez o Emilio Arnao se ponían en contacto para colaborar semanalmente con nosotros y, de repente, El Reverso era el medio emergente en el que escribía el futuro del columnismo. El rediseño de la página en forma y fondo, que tantos quebraderos de cabeza nos dio, hizo posible una estructura moderna y ya bastante más clara en la que desarrollar nuestras ideas. Las entrevistas a jóvenes columnistas, el reportaje sobre los patrocinios de El Corte Inglés o el estremecedor relato de Sara Rodríguez "Oye, preciosa" se hicieron microvirales y la página llegó a las diez mil visitas diarias, mientras que Quique Peinado, Kiko Matamoros o Arturo Pérez Reverte nos compartían. Fue el éxtasis.

Entre tanto, las jornadas culturales en la peña "El Palustre" y nuestra aparición semanal con Carmen Abenza en el programa televisivo "Málaga, aquí y ahora", de Canal Málaga (entonces, Onda Azul), por la generosidad de Santi Souvirón, nos dieron estimulantes actos fuera de la página web propiamente dicha y nuestro agradecimiento a los que lo hicieron posible es enorme.

Mantener tal ritmo mientras estudiábamos segundo o tercero de Periodismo, como se puede imaginar, era imposible. No hay nada que desgaste más que el éxito y las fuerzas comenzaron a menguar. La figura de Jorge Pedrosa, que siempre creyó con pasión en esto, se hizo más imprescindible que nunca. Jorge ha acabado siendo el mejor columnista del proyecto por pura insistencia, por propósito de serlo. Su fidelidad y amistad ha sostenido El Reverso durante su última época. La incorporación de otros amigos de otras promociones, como Samuel Ruiz o Paula Martínez, y la dedicación de los columnistas hizo que siempre, al menos, quedara un reguero de Reverso para quien siguiera ahí para leernos.

Era obligado recuperar un final digno para nuestro proyecto y ese ha sido nuestro objetivo en los últimos meses. La generosidad de todos los que han hecho el esfuerzo para volver a casa, además de las incorporaciones que siempre habíamos soñado con añadir, lo han hecho que pase a ser el final ideal. Podemos estar satisfechos de todo el camino transitado y, sobre todo, podemos tener la certeza de que ha sido el trampolín de pasión que soñábamos. Nos queda un amplio futuro por delante, en el que cada uno se está abriendo ya su propio camino. Hay que matar al padre que ha sido El Reverso, para que cada uno pueda desarrollar su trayecto centrándose en sus propios intereses. Pero no se nos debe olvidar, jamás, que el milagro del proyecto no fue la literatura ni la juventud, sino la unión de siete chavales (y los que vinieron detrás) para construir una casa entre todos. También la de estos jóvenes autores con unos improbables lectores, a los que no podemos dejar de agradecer. Gracias por leernos, gracias por apoyarnos, gracias por estar ahí. El Reverso ha sido el milagro de los vínculos.

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