Metaperiodismo

Y el periodismo, ¿quién lo paga?

V Congreso Internacional de Periodismo de la Fundación Manuel Alcántara

30.10.2017 @pablomerinoruiz 6 minutos

En el "V Congreso Internacional de Periodismo" organizado por la Fundación Manuel Alcántara no saben si hablar de periodismo de la crisis o del periodismo en la crisis. Tras dos años navegando por la crónica y la entrevista, esta edición se sumergen en la cruda realidad de la profesión buscando soluciones. Desde primera hora Enric González (El Mundo) quiso llevar la bandera de optimismo y acabó diciendo: “Esto no sirve para nada porque al final vamos a morir todos”. Hasta para un veterano ilustre como Enric resulta hoy más complicado que nunca dar un mensaje de esperanza.

La jornada empezó con bajas. El artículo 155 dejó al Congreso sin el testimonio de Casimiro García Badillo (El Independiente), Íñigo Domínguez (El País) y Ana Pardo de Vera (Público). A cambio, trajo a Magdalena Trillo (Granada Hoy) y Javier Caraballo (El Confidencial) como fichajes de última hora. El que no faltó de los citados fue el propio Enric González que a sus años mantiene que la información no es un negocio, solo sobrevive en pequeños nichos autónomos. Desde uno de ellos acude a la llamada Gumersindo Lafuente (eldiario.es), que se niega a vivir de la publicidad y se hace la misma pregunta: ¿quién paga las facturas? Javier Caraballo está en la mesa por culpa de Puigdemont pero no terminar de creer que la crisis económica sea la culpable de todo.

Fundación Manuel Alcántara

Un chico joven del público mira asustado a Magdalena Trillo. Acaba de admitir que llegó a la dirección de Granada Hoy  haciendo un ERE y que ya cuenta con el segundo. Habla de la modernización de los medios mientras en la mesa le dicen que el periódico en papel está obsoleto. Quizás su futuro sigue estando en el papel hasta que no encuentra la fórmula de monetizar -que palabra más desagradable- la web. ¿Quién defiende el futuro del papel?

A media tarde el Congreso se toma un respiro. Termina el primer coloquio, el público agacha la cabeza y se zambulle en el teléfono en busca del último tweet de Mariano Rajoy. Se está suspendiendo la autonomía de Cataluña en directo. Entre tanto, suben los periodistas de datos al estrado. Tiempo para nuevos proyectos. Como solución a la crisis llega la tecnología a los medios. Borja Bergareche presenta y al poco el ordenador de la sala se bloquea. ¿Casualidad? No lo creo.

Clara Jiménez (LaSexta) cuenta el estreno de “Maldito Bulo” y Antonio Delgado (WebBlog) hace lo propio con “Datadista”. Marcos García (El Confidencial) no quiere aburrir con los infinitos números de los Panamá Papers, pero no se resiste a enseñar las cloacas de Internet. Antes Antonio Rubio (Profesor Máster Periodismo de Investigación de El Mundo) confesaba que le encanta que lo utilicen las filtraciones interesadas y se limita a dar tres claves para ser un investigador de primera, las tres “c”: café, constancia y cariño. Puede que le faltaran otras dos "p", paciencia y persistencia.

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A última hora llegan las estrellas. María Angulo (autora de "Crónica y mirada") modera una mesa de lujo con cuatro de los mejores reporteros de habla hispana. El primero en tomar la palabra es David Jiménez (autor de "El lugar más feliz del mundo") al que le importa más de lo que él quisiera la gente sobre la que escribe. En la conversación rescata una idea fantástica que el periodismo olvidó hace ya algún tiempo: hay que regresar a los lugares para rescatar y reescribir viejas historias.

A Ander Izaguirre (autor de “Potosí”) le gusta perder el tiempo haciendo ese periodismo. Sostiene que en un viaje de seis días, en el séptimo encontrarás la historia que buscas. A su lado, Robert Herrscher (profesor Universidad de Chile) se pregunta porqué de cada reportaje uno se acuerda de una frase y se olvida de lo demás. Para practicar el periodismo de inmersión aconseja caminar en los zapatos del otro sin confundirse con él. Conversan sobre periodismo de inmersión, las realidades invisibles.

Y también está Leila Guerriero (El País) que pone el foco en la mirada porque posiblemente ella sea una máquina de mirar. Con el tiempo se ha alejado de las minorías marginales para acercarse a otras minorías, las de la alta sociedad. Asume que para escribir necesita alejarse lo más posible del relato, aunque le cueste. En definitiva, todos hablan de escribir en tercera persona para tener distancia, solo aceptan hablar en primera persona cuando existe una causa que lo justifique. Coinciden en que el "yo mayor" es un horror y que, al final, se trata de visibilizar y no de militar.


La segunda jornada de Congreso comienza con la mesa, moderada por el reportero Agustín Rivera (El Confidencial), sobre la guerra y los conflictos olvidados. De esto sabe como pocos Xavier Aldekoa (La Vanguardia): "Los conflictos no se olvidan, se silencian porque se decide dar importancia a otras cosas". Es difícil hacer periodismo de guerra cuando las empresas no se pueden permitir siquiera un corresponsal en una ciudad segura y en paz. Gervasio Sánchez (Heraldo de Aragón) cree que no cubrir las guerras es un gran error y Ane Irazabal (freelance) advierte que es muy difícil convencer a un medio para que siga un conflicto. Mayte Carrasco (directora de "Thebigstoryfilms") sentencia que uno de los grandes males de nuestra profesión es que "nos miramos demasiado el ombligo".

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Tras la parada obligatoria para el café de las 11, Robert Herrscher arranca un diálogo con María Angulo. Ella es profesora de la Universidad de Zaragoza y da fe, se puede compatibilizar el ejercicio del periodismo con la docencia. "Hay que dejar claro quién eres, por qué estás ahí", dice Angulo. Ambos llegan a la misma conclusión, en el periodismo contar lo que a uno le pasa es lo que lo hace honesto.

La voz de Marta García-Aller (El Independiente) inaugura la última conferencia del Congreso. Para dejar buen sabor de boca hablan de los nuevos horizontes del periodismo. El primero en intervenir es Jorge Galindo (Politikon) que se considera un intruso en la mesa. Él no es periodista, dice que trabaja en un medio que no tiene audiencia y que sus artículos son un coñazo. Asume que son una minoría en crecimiento todavía, pero se siente orgulloso de las charlas que organiza en bares donde se mezclan a partes iguales cerveza y política.

En la otra esquina del escenario, Pedro Simón (El Mundo) insiste en la mirada. Dice que Internet la ha convertido en un túnel estrecho y se niega a hacerse una cuenta en Twitter. Está convencido, el precio de ser modulado por la audiencia es hacer un peor periodismo. Alba Muñoz (Playground) le replica. No entiende el rechazo de los mayores a lo tecnológico. Aunque se considera una romántica del papel, su día a día transcurre en la red y en la viralidad o no de sus artículos allí. Esto le agobia especialmente a Noemí López Trujillo (eldiario.es), que no quiere tener frente a su mesa de trabajo un panel que le diga las visitas que recibe su último artículo a tiempo real. Ni lo quiere ni le interesa.

Cuando la discusión alcanza su punto más álgido, pregunta Pedro Simón: "¿Alguna profesión se ha devaluado tanto como el periodismo?". "La de los videoclubs", responde Marta García-Aller. El público ríe y Teodoro León Gross (El País) aprovecha para poner el punto y final al Congreso. Parece que sí, siempre habrá alguien peor que un periodista. ¿Conclusiones? Una por encima del resto. El periodismo sigue vivo, y eso es lo más importante.

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