Metaperiodismo

El quiosco de Pilar

Vende unos veinte periódicos al día, pero no piensa dejarlo por factores sentimentales. Hablamos con la dueña de uno de los pocos quioscos que continúan vendiendo prensa escrita en el centro de Málaga, con las obras del metro encima y vendiendo libros clásicos a dos euros

28.11.2017 @marisabellucas 6 minutos

Pasear por la Alameda de Málaga es evitar obstáculos de las obras del metro. Pasear por el centro de Málaga y observar un quiosco con prensa es salvar la esperanza del lector en papel. Y con esto se puede usted encontrar un quiosco al final de un callejón que se mantuvo sin salida un año y medio por el transcurso de las obras del metro en Alameda. Además, allí mismo puede comprar prensa y literatura por dos euros. Se hace de noche y asoman periódicos y revistas casi al ras del suelo, como siempre al borde de la caída, pero sujetos a un expositor. Al lado, en las vitrinas, hay literatura clásica, libros con olor a polvo viejo. Ocurre que entre las sombras de las vallas, el ruido de las excavadoras, la velocidad de las calles y la lentitud de la suya, Pilar mantiene su negocio en calle Pastora. Dice que lleva en este quiosco desde 1987 y que su suegro lo abrió hace más de setenta años: "¿Estudias Periodismo? ¿Ah, sí? Pues entonces pregúntame lo que quieras. Yo a los periodistas les veo, hablo con ellos y siempre les digo lo mismo: somos de la misma familia".

¿Prensa? Yo siempre he vendido prensa y no dejaré de hacerlo a pesar de la crisis y de que no se venda. No puedo desprenderme de algo que considero mío de toda la vida.

En la familia que recrea Pilar hay sobre la mesa un periodista, un repartidor, un fabricador de papel y un vendedor. Dice que en esa familia hay que trabajar pero también comer. Cada día viste su quiosco de prensa a pesar de la situación: "¿Prensa? Yo siempre he vendido prensa y no dejaré de hacerlo a pesar de la crisis y de que no se venda. No puedo desprenderme de algo que considero mío de toda la vida. Antes había más quioscos con prensa por los alrededores pero lo han ido dejando: había uno en calle Córdoba, en calle Sagasta y en Alarcón Lujan. Son muchos los que lo han dejado. Las empresas  están buscando abaratar los costes. Es que ya no es solo el acuerdo al que llegó Prisa con Amazon para el reparto de prensa, es que en Diario Sur, por ejemplo, están los suscriptores, entonces lo que pasa es que las suscripciones llegan al punto de venta  y viene el cliente a por su periódico. Aunque el cliente venga aquí a por el periódico, no me lo paga a mí pero a mí sí me reporta un beneficio que eso por lo menos está bien. Pero vamos, están intentando abaratar costes. Por ejemplo, las distribuidoras. Si tú vendes un día cinco periódicos de esa cabecera, a la semana siguiente te mandan esa misma cantidad. Te bajan y te suben según la venta. Pero a pesar de ello no hay que ser catastrofista (si existe esta palabra, que no lo sé)".

Un transeúnte para en el quiosco de Pilar y la conversación enmudece. “Hola. ¿Me da veinte céntimos de pictolines? ¿Y chicles sin azúcar tiene? ¿De fresa solo? ¿Pero son sin azúcar? Vale pues deme un par. Mire una cosa más, ¿para cruzar hacia aquel lado por donde tengo que pasar? No vea usted el metro la que está liando. Bueno, usted lo sabrá mejor. Gracias, adiós”.  Dice Pilar que se cumplen dos años de la obra en Alameda.

-¿Qué cómo llevo esta situación? Yo estoy sufriendo las obras día a día y estoy en la junta directiva de lo que es la plataforma del afectado. Esto hay que hacerlo sí o sí  porque lo han mandado los políticos y las administraciones, y lo están haciendo. Cuanto antes terminen mejor. A mí esto me ha servido para llevar mejor la economía de mi casa, administrar mejor el dinero, saber de dónde puedo ahorrar. Yo ahora pienso y digo: "¿Y lo que he aprendido?" De todo lo malo viene algo bueno, siempre. No les queda tanto, como dicen, para terminar y yo pienso verlo.

Unos padres se detienen con su hija en el quiosco. La niña quiere chuches. “Hola, deme un fresquito para la niña”, dice la madre. “La niña parece que no tiene frío”, dice el padre. Todos ríen. Durante el rato de entrevista solo han pasado un hombre y una familia para comprar chucherías. Nada de periódicos. Nada de revistas. Nada de libros. Pilar dice que al día puede vender veinte periódicos y que los que más se venden son AS y ABC. Habla de ideologías.

- ¿Por qué te crees que La Razón está en pie? Porque va a defender a Rajoy y en el momento que haya un cambio en el gobierno y en vez de estar la derecha pudiera entrar la izquierda La Razón cae, pero totalmente. A ti te puede gustar mas la  línea de ese periódico o menos pero a mí lo que me gusta de un periódico es que mantenga una línea y no que según el gobierno que haya se vaya a favor de uno o a favor de otro".

Coge el periódico La Opinión de Málaga.

- Le tengo cariño  a este periódico precisamente lo sacaron el día de mi cumpleaños y veo que es muy malagueño. ¿El Málaga Hoy? En la web de Málaga Hoy muchas veces salen las noticias de un día para otro. Y hay veces que digo: "¡Uy! Esta noticia ya la sacaron ayer en otro periódico y este la saca hoy". No creo que sea por falta de actualizar la página, sino por falta de personal porque van al límite.

Su forma de vender chuches y vender prensa no es la misma. Los periódicos le siguen emocionando porque “aunque el periódico no se venda o no funcione, es algo sentimental para una”.

Pilar considera el quiosco como su otra casa, su otro refugio. Allí permanece “por el tema de las obras de diez de la mañana a dos de la tarde. Y de cinco a ocho y media.” Igual que en una casa puede cambiar el color de una habitación, se puede reformar la cocina o comprar un sofá para el salón, su quiosco se ha ido trasformando: "Ahora los quioscos están muy bonitos, se trabaja mucho mejor, son más amplios pero yo con la cascarria que tenía antes vendía más que ahora. Este quiosco se ha ido reinventado. En esta vida hay que tener el arrojo suficiente para cambiar. Puse primero souvenirs, pero no funcionó porque por esta calle no hay turismo y entonces, como mi vida siempre había sido el papel, las revistas y los periódicos, pues surge la idea de empezar con libros. Y la gente compra libros”.  De la publicidad dice que le ayuda a que el quiosco se mantenga pero que tapa la visibilidad pues “al tener publicidad por los lados y por la parte de atrás, solo te queda la parte frontal por lo que quita visibilidad y a veces no sabes si está abierto o cerrado”.

Es tarde y Pilar va a cerrar cuando llega el último cliente del día. Quiere un periódico. Quiere el AS. Saca un billete de diez y Pilar no tiene cambio pero de pronto encuentra dos billetes de cinco. “Con el diario AS también le viene el Málaga Hoy”, dice Pilar. Su forma de vender chuches y vender prensa no es la misma. Los periódicos le siguen emocionando porque “aunque el periódico no se venda o no funcione, es algo sentimental para una”.

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