Metaperiodismo

Emilio Arnao: "Que se jodan los lectores"

“Cometí una equivocación diciendo que Reverte escribía con el culo” / “En el siglo XVII los poetas acababan a espadazos. Necesitamos otro siglo XVII” / “Escribir bien en España no está permitido”

05.02.2017 @dpelagu 9 minutos

“Mi vida ahora está al pairo. Estoy pasando por una grave crisis personal que me está haciendo replantearme las cosas. Mi literatura no va como yo quisiera que vaya. No tengo público”. No son confesiones personales que Emilio Arnao me hace en confianza. Son respuestas a preguntas que él sabe que se van a publicar. Creo firmemente que es uno de los personajes más entrevistables del panorama literario nacional. Ya quedó claro en la primera parte de estas conversaciones. El escritor y columnista mallorquín vive para contarlo. Su opción preferida para ello es la redacción, claro: “Es el único momento del tiempo en que verdaderamente soy feliz: mientras escribo. Padezco de una obsesión compulsiva -que es un trastorno psiquiátrico- hacia la escritura. Mis médicos ya me la han dictaminado. Estoy enfermo de escritura”.

Da clases de Lengua y Literatura. Produce miles de páginas al año. Escribe en El Reverso, entre una infinidad de medios. Aquí lo mismo cuenta cómo conoció a Umbral, que por qué odia a los hombres o dedica una carta de amor a María Dolores de Cospedal. Es fácil considerarle el autor más extravagante de este proyecto. Defiende su labor: “Sé que es un tipo de escritura atípico para un periódico, pero es que, si no abordamos la originalidad en el periodismo, siempre nos quedaremos anclados en lo de siempre, en el artículo político o de costumbres”.

Le da igual estar solo. Me dice que ama su escritura justamente porque los demás no la aman. Emilio se hace fuerte en su fracaso. Yo pienso que estoy contactando con un ser extraordinario. Es un maldito, quizá un Llewyn Davies del columnismo. Deseo con todas mis fuerzas pensar que el tiempo le dará una posición de culto, que tanto esfuerzo, esta vida sacrificada, no quedará en vano. Dicen que al intentar esbozar un retrato del entrevistado, este siempre queda reducido a los marcos mentales del entrevistador. Yo tengo muy claro que Arnao desborda mis concepciones vitales. Será mejor lanzarle pequeños anzuelos y dejarle que hable él.

Después de la publicación de la primera tanda de preguntas, mucha gente ha considerado algunas de tus respuestas como arrogantes. ¿Tienes derecho a la arrogancia?

Sí, fui arrogante en la anterior entrevista. Pero, dado mi actual estado de fracaso en la literatura, si no me defiendo yo a mí mismo, ¿quién lo va a hacer por mí? Estoy harto de que la literatura sea una caja de zapatos italianos o un traje de Emidio Tucci. Todo es mercancía, mercadotecnia. Yo abogo por una literatura profunda que explique las condiciones del ser humano y que interiorice el pensar a partir de un lenguaje inédito, vanguardista, trabajado. Casi todo lo que se publica hoy en día en España son excrementos de dinosaurios fósiles. Por eso puse el ejemplo de Arturo Pérez Reverte. Pero el arturismo está extendido por todos los rincones de este país de ágrafos y de analfabetos literariamente hablando. 

¿Es cierto que releyendo Alatriste ha reconsiderado su percepción de la prosa de Arturo Pérez-Reverte?

Creo que cometí una equivocación cuando en una entrevista dije que Arturo Pérez Reverte escribía con el culo. Lo cierto es que me equivoqué y le mandé un twitter a Arturo pidiéndole perdón. Realmente, en esta contemporaneidad tan asustante en cuanto a la buena escritura, Reverte es uno de los que mejor han entendido que se puede hacer un best-seller desde la calidad y la originalidad. Sus novelas de Alatriste, las cuales me las he leído todas, tienen un no sé qué que engancha, algo que las hace realmente interesantes y que convierten al escritor en uno de los que en la actualidad mejor escriben en este país.

¿Conviene que haya un enfrentamiento directo entre las distintas corrientes de literatura? ¿No sería mejor hacer frente común en defensa de la literatura, se exprese como se exprese?

A mí lo de los demás no me importa en absoluto. Yo voy a lo mío. A mi literatura. Que haya capillitas, grupos, generaciones, todo eso, sólo es una cuestión de la crítica literaria. Últimamente en los periódicos en que colaboro he dicho que yo soy mi propia generación. ¿Arrogancia otra vez? No, solamente la defensa de mí mismo. Estoy luchando solo ante un mundo frívolo y calcado de mediocridad o de literatura nociva. Yo sé cuál es mi estilo, cuáles son mis ilusiones y por ello solamente puedo creer en mí. Todo lo demás me sobra. Conmigo ya tengo bastante. ¿Egolatría? Sí, por supuesto. En el siglo XVII los poetas acababan a espadazos. Necesitamos otro siglo XVII. Otra Edad de Oro.

Para un escritor, ¿es gratificante la experiencia de ser maestro de literatura o humanidades de provincias?

Me gusta ser profesor de literatura española. Mis alumnos acostumbran a llevarse bien conmigo. Este año la conselleria me ha metido en el departamento de catalán de un instituto de aquí de Palma, por lo que estoy dando clases de lengua catalana. No se me caen los anillos por ello. Cumplo con mi deber y cada mes me ingresan nómina. Como profesor he tenido muchos éxitos y llevo ya muchos años dedicándome a la enseñanza. Me gusta el primer día de clase entrar y sin decir nada leer el poema nº 20 de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", de Neruda. Es una forma de decir: "eh, cuidado conmigo, que os vengo a enseñar lo que yo creo que es la literatura". Sí, mis alumnos me dicen que soy un profesor diferente. Algunos hasta llegan a escribir buenos poemas a final de curso. Esa es mi opción en la enseñanza: la creatividad, la lectura, el conocimiento del castellano, el humanismo, el pensamiento, todo eso.

¿Están las humanidades destinadas a desaparecer o, al menos, en decadencia?

Mientras exista el hombre, no desaparecerá lo artístico, porque la belleza atrae a cada paso que el hombre camina. El alumno sabe muy bien distinguir entre lo bello que es un poema, por ejemplo, a una fórmula matemática, que puede ser bella también, pero que no penetra en ese hilo profundo que predomina en los corazones o en la interioridad de cada joven. Lo humanístico siempre vencerá a lo tecnológico, pero eso hay que hacérselo ver a los jóvenes. La tecnología nunca acabará con el Quijote, ni siquiera con el olor de la lluvia entendida como verso, como profundización del alma, como penetración en el interior de cada ser. Volverán las oscuras golondrinas y poco a poco irán mermando los juegos tecnológicos. El joven sabe muy bien dónde están la virtud, la belleza, la emoción de las cosas. Ése es el mensaje que debemos enviar los que nos dedicamos a la enseñanza

¿Qué es el periodismo para ti?

Periodismo, o mejor, articulismo, que es lo que yo practico, es una defensa contra el poder, contra la mentira, contra ese Leviatán que se organiza en torno a la política, a la economía, al capitalismo, a esta tendencia de aquí vale todo con tal de conseguir el objetivo final. El periodismo/articulismo debe ser convulso y en mi caso trato que esa convulsión siempre esté manejada desde la estética y el lenguaje. Sin lirismo e ironía, no hay artículo, sólo información que va convirtiendo poco a poco a los articulistas de este país en meros blogueros, esto es, en veloces opinadores del entorno social y político, sin preocuparse de que es la lengua castellana quien escribe el artículo y no la mera información o el dato preciso. El articulismo, si no despierta de ese letargo de profesionalidad necia y abstrusa, en breve tiempo quedará abducido por la tecnología. El periodismo tecnológico es veloz y se escribe sin atender al preciosismo o al estilo. El articulista debe ser un hacedor de estilos. De modo contrario, queda reducido a las cenizas del periodismo profesional, el cual posee sus propios sistemas y lenguajes, pero muy alejados éstos de la gran belleza que puede resultar de un gran artículo. Me considero un articulista a la búsqueda de esa gran belleza. Sin ella, no soy nada.

¿Está permitido para un columnista meterse con los atributos físicos de un político a la hora de caricaturizarle?

Mis artículos contra el Partido Popular son crueles, lo entiendo, no se salva ni uno, por eso trato de escribir una caricatura mostrando los lados menos amables de cada uno de ellos. Son sátiras o burlas al estilo barroco. Los estudio primero a fondo y luego les doy el mandoble literario por donde bien me sepa, aunque sea metiéndome con su físico o con su psíquico, me da lo mismo. Lo importante es que no salgan indemnes de mis atrevimientos y de mis metáforas. Ahora bien, en todo momento estos artículos se deben entender como caricaturas, como si dibujara en revistas como "La Codorniz" o "El Jueves". Se tratan de pinturas expresionistas y grotescas e incendiarias sobre unos personajes que quevedianamente deben quedar en ridículo. Me divierto mucho escribiéndolos.

¿El literato tiene un compromiso con la verdad o con la estética del lenguaje? ¿Son excluyentes?

Más que con la verdad, que siempre es relativa, el compromiso de la literatura debe tener que ver con la escritura fijada desde la originalidad y el avance de la prosa en un siglo XXI en que todavía estamos escribiendo como en el siglo XX. El tiempo avanza y la literatura debe explorar otros caminos que no se repitan. Por lo tanto es la estética del lenguaje la que debe cumplir con el compromiso del escritor sin intentar nunca averiguar el sentido de la verdad, pues ésta se desvanece entre los arcanos de las manipulaciones políticas o social-culturales. Lo único que importar es buscar al genio que uno quizá pueda llevar dentro. Todo escritor tiene que trabajar hacia esa asechanza del talento, incluso, como digo, de la genialidad. ¿Cuántas obras se han escrito a lo largo de la historia que siendo hoy geniales se rechazaron por innovadoras o por incomprensibles? El escritor debe estar más allá de los tiempos en que escribe. Debe pensar en el destino de su escritura a largo plazo. Escribir bien en España no está permitido. Siempre existen los odiadores o los que dicen que la literatura debe alcanzar los amplios públicos. Yo me considero un escritor para la minoría.

¿Qué le queda, cuando está solo, a uno que sólo cree en sí mismo?

Es la única posibilidad de este lujo que es escribir, esto es, creer sólo en sí mismo. Uno no debe pensar en el lector cuando escribe, sino en ese gran placer que ocasiona en sí el acto creativo. El lector es un segundo escritor y hará siempre con la obra lo que crea conveniente. El narcisismo en literatura es obligatorio. Si uno no ama su escritura, difícilmente será feliz con lo que escribe. El único objetivo de la literatura debe ser la grandeza del universo interior del que escribe. Yo ya sólo creo en mi propio universo. Todo lo demás ya no forma parte de mí, sino de esas inercias del mundo que pueden ser cínicas o traidoras, cruentas o verdaderamente delincuentes. Todo poeta, en su búsqueda del gozo interior, debe desechar al mundo que no forma parte de él. Escribir es uno mismo. Nunca los demás. No hay que tener respeto hacia el lector, sino hacia uno mismo. Que se jodan los lectores.

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