Colección de entrevistas a jóvenes columnistas

Jesús Nieto: "El público es analfabeto"

Jesús Nieto Jurado (Málaga, 1985) no disfruta escribiendo. Es columnista por necesidad. Si no, sería futbolista. O cantante. O imitador. Su personalidad rompe con el romanticismo clásico de la figura del escritor, o al menos, hablan de un nuevo romanticismo del bohemio new age. Afirma escribir lo que venda, sobre cualquier cosa, siempre que permita la caricatura. Como lector, afirma que su mayor interés es la literatura de viaje. Quizá se refiera a cuando se empotró un día entero en un autobús lleno de sanchistas. Dice que escribe en el móvil, en algún McDonald’s, que es barato y al menos tiene aire acondicionado. Nunca sabemos si creerle.

Reconocemos que Nieto Jurado es amigo nuestro. Un tipo curioso, bajito, calvo –aunque se empeñe en negarlo en las fotografías-, a veces con barba –y actitud- quijotesca, que no escribe, sino crea pilares de una catedral, probablemente barroca. Si aguantas más de cinco minutos en una conversación con él, te intentará imitar. Muchas veces lo clava. Se mueve ambiguamente entre el admirable intelectual y el más burdo showman. Le gusta polemizar por polemizar. Cuando se mete con un político en una columna, le tuitea con el enlace a la columna para que la lea y le critique. Normalmente, saltan las hordas de seguidores a por él. Les retuitea a todos.

¿Qué piensas cuando tu columna la comparten personas con la banderita rojigualda, símbolos militares, algunos con el aguilucho?

Que cada uno se la casca como puede.  ¿Qué tengo que pensar?

¿Te duele cuando una columna tuya muy buena no tiene respuesta del público?

Sí, sí me duele.

¿Y qué sientes cuando una columna muy mala de repente lo peta?

Que el público es analfabeto.

Nieto es una persona pesimista en sus declaraciones. Lo que vive, lo vive para contarlo, por y para la anécdota. "En eso consiste la generación lírica del botellón, en darle sentido literario a unos tiempos de mierda y a una gente peor". Empezó a escribir columnas a la edad en la que uno se inicia en el ritual de la botellona y ahora, en la treintena, defiende que hay que "columnear" desde la cuna. Él columnea en El Español con Picalagartos, con Intruso del Norte en Diario Sur y con Intruso en el Norte en el diario decano de la prensa española, El Norte de Castilla. "Cuando termino una columna, no te voy a decir que acabe satisfecho, pero sí como si hubiera corrido el Maratón de Nueva York. Escribir una columna cansa más físicamente que masturbarse". También asesora a la Fundación Umbral, de quien presume ser, junto con Cristóbal Villalobos, el máximo experto nacional menor de 35 años. Comparte alguna que otra tesis con el viejo maestro Paco: "si no se escribe bien en un periódico, el periódico no lo va a leer nadie", nos dice.

Siempre has definido el columnismo como el género total y se te ha escuchado decir que el columnismo salvará al periodismo…

Es el "paginismo", llenar una página. Una columna te permite meter todo, lo que te dé la gana: un reportaje, una crítica de libro, una carta abierta, un cagarte en la sociedad, una poesía… Todo lo permite.

¿No hay algo de megalomanía del columnista en esas afirmaciones, de querer abarcarlo todo, de querer llevar todo el peso sobre sus hombros?

Pues sí, pero es que eso va en el sueldo.

Teodoro León Gross te ha tuiteado alguna vez que te considera mejor cronista que columnista…

Hombre, es que la columna como tal es un espacio físico. Crónica viene de cronos, tiempo, del griego. Tú lo que haces es contarte a ti mismo dentro de un tiempo y dentro de ese tiempo, contar lo que pasa. Pero sí, lo que no puede una columna al final es tender a la pura y mera divagación. Tienes que tener consideración de que estás jugando con un soporte, que es el soporte del periódico, o de lo que sea, pero que eres periodista. Tienes que usar el "yo" como categoría periodística vital. Contando tu mundo estás contando el mundo.

¿Hablas, por ejemplo, de las columnas que escribe Juan Tallón, que no tiene tanto contenido de…?

(Nos interrumpe) ¡Claro, eso digo! Un periódico al final no deja de ser un soporte diario para la literatura. Las columnas de Tallón las ponen en la sección de deportes y muchas veces el fútbol es mera excusa para hablar de uno mismo. Hablar de uno mismo es hablar de su tiempo, de su contemporaneidad.

¿Qué significa Umbral en tu columnismo?

Podría decir que todo. Es el que renueva el género, lo reinventa y lo vuelve a inventar, le da categoría literaria. Lo defiende como lo primero del periódico. Siempre había sido algo aparte, al menos algo paralelo. Él lo defiende como lo primero. Hubo gente como Pedro J. que le apoyó, que creyó en él, en esa forma de entender el periodismo.

¿Qué es Pedro J.?

EL PERIODISMO. En mayúsculas. Tiene pasión, no pierde la pasión. Es el perfecto director de orquesta de un periódico, porque sabe perfectamente que ahora me estáis entrevistando a mí, sabe perfectamente de política internacional y sabe lo mismo sobre qué debería hablar el suplemento del domingo y cómo empezar una columna histórica. Y el resultado del Madrid de baloncesto, a la vez.

¿Y Cebrián?

Sólo lo conocí una vez, en el edificio de Telefónica, curiosamente. Me hice un selfie en el ascensor con él y con Felipe.

¿Con qué Felipe?

Felipe González.

¿Los tres coincidisteis en el ascensor?

Sí. Los tres y el fotógrafo.

Si le pides que se defina, te dice que "yo sólo sé que soy un hombre que le gustan las mujeres". Si le preguntas por el sex appeal del escritor, te dice no cree que la escritura tenga ningún morbo. Que si una chica le resulta atractiva y ella le dice que escribe, él pierde el interés. Al igual que, afirma, le ocurre a las chicas con él cuando les comenta que escribe. "Como escritor no se liga una puta mierda. Primero, porque un escritor no da seguridad. Segunda, porque se piensan ‘este tío divaga y no tiene una profesión seria’…". ¿Su relación con las mujeres? "De amor-odio: si no me hacen la cobra, de amor, si sí me la hacen, de odio".

¿Se puede llegar al columnismo sin pasar por el periodismo?

Por supuesto, de hecho, es lo que hace falta. Esa es la que debe ser la puerta de entrada. No todo el mundo puede llegar a hacer columnas, pero todo el que hace columnas sí puede hacer otro género.

¿Por qué crees que hay menos mujeres columnistas que hombres?

El columnismo es un género que permite la divagación, la mujer va a lo concreto. La mujer es mejor entrevistadora que el hombre, por ejemplo. Es una cuestión de sexo.

¿Te consideras un machirulo?

¿Machirulo? No. Lo que no voy a hacer es pedir perdón por ser macho, que parece que es lo que esta sociedad propone. Yo si salgo, y puedo, intento hacer triplete. Voy por una, y luego a por otra. ¿Eso qué tiene de malo? ¿Eso es ser misógino? ¿Qué quieres, que empiece con el rollo que lleva todo el mundo? No, mire usted, la mujer puede hacer lo que le dé la gana, ha llegado a su liberación sexual. Que dejen al hombre llegar a su liberación sexual. ¿Cuándo has escuchado tú a un tío decir: "Vamos a salir de locos al centro"? No, pero a las tías sí: "Vamos a salir de locas". ¿Los tíos por qué no salen de locos? Pues si salen de locos, pues ya está… Te comes a cinco, pues te comes a cinco. Que no, pues te comes un kebab.

"Igual que sólo soy amigo de tías guapas, sólo soy amigo de buenos columnistas", nos dice. Quitándole a él, asegura que sus columnistas favoritos menores de 40 años son sus amigos Guillermo Garabito, Cristóbal Villalobos y Mariano Gasparet. No sólo ha coincidido en Madrid con un expresidente del gobierno y el director del grupo PRISA.

Nuestro colega común Emilio Arnao escribió sobre él que "lo mismo habla con un ministro que con una puta de Callao". Nieto siempre responde lo mismo a la afirmación de Arnao: "En Callao no hay putas". Lo mismo se relaciona con Raúl del Pozo, Antonio Miguel Carmona o Pedro J., que queda a cenar con unos niñatos que estudian Periodismo. Cuando quedamos a cenar con él y muy especialmente en esta entrevista, nos sentimos más puta de Callao que ministros, claro.

¿Cuán importante es tener amigos para abrirse paso en el columnismo a nivel nacional?

No es importante tener amigos, sino saber venderte y no pedir perdón por ser brillante.

¿Qué significan para ti los nombres de Raúl del Pozo, Pedro J. o Manuel Alcántara?

La historia de este género, que sólo se ha dado en España y hay que cuidarlo.

¿Y a nivel personal?

Son gente que siempre se ha portado bien conmigo y nunca me han puesto la zancadilla. Tienen una categoría moral de maestros que no la tiene otra gente. Siempre he visto en ellos una ayuda. De alguna manera, han sido mis padres, gente que me ha ayudado en todo lo que ha podido y yo, en la medida que puedo, también les ayudo. Es una cosa recíproca.

Cuando llegaste a la capital, Pozo te dijo que te comieras Madrid…

Si estuviera en provincias, me estaría comiendo a mí mismo. Mi casa de Madrid es una puta mierda, pero da igual. Merece la pena. Lo he perdido todo, he perdido cuatro novias por estar en Madrid, pero da igual. O se es columnista en Madrid o no se es. Lo que yo tenía muy claro era que yo quería estudiar Periodismo para vivir en Madrid. Desde pequeño, yo quería vivir en Madrid y ser Madrid. Lo único que lo permitía era el artículo.

¿“Escribir en Madrid es llorar"?

No. Escribir en Madrid es, por lo menos, vivir de la escritura.

¿Qué te guardas en tus columnas?

Nada. Lo doy todo: la vida, el alma. No soy como esa gente que hace postureo en las columnas. Soy un terrorista de la palabra. La columna, al final, trata de seducir. Dependiendo de para qué periódico escribas, puedes seducir de una manera o puedes seducir de otra. Nunca puedes dejar indiferente.

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