Metaperiodismo

Juan Soto Ivars: "Soy muy radical, lo que pasa es que al leerme no lo parece"

Sobre haters, buenismo, poscensura y, por supuesto, columnismo

Desde que entrevistamos a Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) por última vez, Trump ha ganado la presidencia de los Estados Unidos de América y al lado del Recyclo Bar de Málaga, donde hemos quedado, ha aparecido una pintada que reza: "Fuck Trump". Soto Ivars estudia el nombre del local y la pintada con resignación: "Está todo de un internacional que no hay quien lo aguante". En lo que va de año, ha publicado su libro 'Arden las redes' ("Podría estar hablando horas de eso"), le han nombrado miembro del consejo asesor de la Fundéu y ahora comparte espacios en RNE y con Ana Rosa. Lo que no ha cambiado es su acento de gallego de Murcia. 

¿Qué ha pasado desde que te entrevistó El Reverso por última vez?

Ha sido un año cojonudo. A veces pienso que llegará la trampa en algún momento, porque esto no puede ser. Me tengo que quedar paralítico o algo para equilibrar la balanza. Un año muy bueno haciendo lo mismo en realidad. El año empezó jodido porque tenía que entregar el libro de "Arden las redes" en un plazo muy corto y era un libro que quería hacer muy bien con el que llevaba mucha investigación. Los premios que me han dado el libro son acojonantes. Está yendo como un tiro y ha interesado mucho, sobre todo a gente de la comunicación, que son los que sufren más directamente lo de la poscensura. Pero claro, es que esa gente es la que hace entrevistas, te llevan a la tele y te presentan a gente.

Lo de las tertulias es lo último y no sé si me va a gustar estar ahí. Hasta ahora en laSexta ha ido muy bien, porque iba a contar mi rollo y no a discutir con gilipollas como Inda y gente así. Yo pienso que no me va a gustar, aunque sea una tertulia muy civilizada como es la de Ana Rosa.

¿El éxito de un columnista reside en parte en sus haters?

Eso bien lo saben en 'Playground'. Es la revista más odiada de la red, con motivo, y debe andar como 'El Mundo' de visitas, una burrada. El mismo director de la revista te lo dice: "es gracias al odio". A mí al principio me asustaba tener tantos haters, pero ya me da igual.

Escribimos en un ambiente de violencia verbal muy fuerte. El principal peligro es que acabes con el pensamiento asistido, para evitarte esas reacciones negativas o ganarte el aplauso de tus fans. Los fans son muchos más peligrosos que los haters, te dicen todo el rato "amén" y te vuelven más tonto. Para ser columnista, tienes que empezar cada mañana diciéndote que no tienes ni puta idea y darle muchas vueltas a la cabeza para ver qué piensas realmente sobre un tema. Para eso, hay que taparse los oídos y olvidarse de que mucha gente te ha dicho que eres de los suyos.

¿Sobrevivirá entonces Javier Marías?

Claro, si cada domingo es 'trending topic'. La cantidad de gente que le lee ahora mismo... Hay gente que le leíamos hace tiempo, pero una vez llega a 'trending topic', ahí se mete todo Dios. Gente muy enfadada con él, gente que le defiende... Son guerras culturales todo esto. No le van a destruir, porque si el ataque es muy frontal siempre te salen defensores de debajo de las piedras. Eso también lo he notado: hay mucha gente que no conozco que me insulta, mucha gente que no conozco que me defiende y empiezan a insultarse entre ellos. Al final digo: "Pues gracias a todos".

En 'Arden las redes' y en tus columnas sueles defender el derecho de personas anónimas de decir burradas en sus perfiles privados de redes sociales sin tener represalias en su vida laboral. ¿Qué deberíamos hacer, convertir nuestros perfiles personales en el personaje laboral o reivindicar el derecho de ser incómodos en nuestra faceta pública?

Yo apostaría por la rebeldía, pero la cosa va en dirección contraria. Yo era antes un salvaje en redes sociales y era la misma buena persona. Soy el mismo tío, que antes podía hacer bromas de mal gusto y ya no me atrevo. Camilo de Ory sigue haciéndolo, pero es que algún día tendrá un problema serio. Es algo casi hermoso. Es el último de Filipinas.

Me parece muy grave que la izquierda no esté desarrollando un discurso de defensa de la libertad de expresión

Al mismo tiempo surgen movimientos de rebote a la corrección política. Ahora mismo lo peta en 'La vida moderna' Ignatius Farray.

Pero es que el rebote es también Donald Trump. A la corrección política de Estados Unidos se le está oponiendo Trump y no la izquierda. Hay cómicos como Sarah Silvermann o Louis CK, políticamente incorrectos como Ignatius, pero no tienen un seguimiento político. La respuesta a la corrección la están dando Trump y los racistas, lo que es muy grave porque son falsos defensores de la incorrección. Son sólo incorrectos para insultar al otro. Cuando se hace una broma sobre la religión, por ejemplo, son los primeros que saltan para indignarse.

Me parece muy grave que la izquierda no esté desarrollando un discurso de defensa de la libertad de expresión. En EE.UU., y está empezando a pasar en España, se entiende que la libertad de expresión es una cosa de derechas porque es la libertad del racista para humillar a las minorías. Eso es una gilipollez. La libertad de expresión es universal, habrá racistas que humillen a las minorías y yo humillaré a los racistas. Es el acuerdo. Todos podemos decir lo que pensamos y vivimos en un mundo imperfecto donde habrá todo tipo de corrientes de pensamiento equivocadas y depravadas. Pues vale. A la izquierda se le ha olvidado las palabras de Orwell y de Bertolt Brecht. La libertad de expresión es que el mundo está lleno de hijos de puta y me van a ofender. Voy a aceptarlo, porque yo también querré ofender a esos hijos de puta.  A mí me parecen totalmente reprobable las ideas machistas, racistas, homófobas, y creo que hay que combatir a las ideas, pero callar a la gente que las tiene es un error como una casa. Conviertes en mártir a alguien que es un verdugo.

'En la era de la prosa cipotuda', ¿te sientes identificado con la etiqueta "columnista"?

Cuando leí aquello, no me moló. Me pareció que sólo llamaba cipotudos a los de derechas, también hay cipotudos en el 'Público' y en 'eldiario.es'. Cuando lo leí, me pareció muy sesgado. Con el tiempo, he ido entendiendo un poco mejor lo que decía... ¿cómo se llama? ¿Lomana, no? Íñigo Lomana. Íñigo Lomana es un tío muy listo. Y aunque yo considero que tiene un sesgo ideológico bastante grande, lo que estaba señalando es algo contra lo que yo también me he acabado rebelando. No atacando a la gente que lo hace, pues soy amigos de muchos a los que él ataca. Lo que me parece entender que significa la prosa cipotuda -aparte de unos determinados temas que son los bares, las tías y todo este rollo macho- también es una actitud que viene del columnista del s.XX, del columnista de la Transición. Es un tío con un alto 'standing' de vida, que considera que tiene la razón: "Aquí está mi opinión y aquí están mis huevos". A mí eso me molesta cuando lo leo. Eso es lo que dice, si yo lo he entendido bien, el texto de Lomana.

Yo, en mis columnas anteriores, decía: "Las cosas son así", e intentaba contarlo con gracia. Ahora, tiro mucho del "creo". Trato de demostrar con la redacción que es la opinión que yo tengo y puede estar equivocada. Aparte, he aprendido a desdecirme y disculparme, si creo que la he cagado en una columna. Se trata de romper con esa actitud de "Yo soy el macho alfa de la verdad". Me parece un paso adelante que he dado en la profesión. En ese sentido, me gusta mucho Évole. Es una persona que duda y a veces sus dudas resultan ofensivas. La duda es una gran aliada del columnismo. Lo que creo que Lomana señalaba sesgadamente era el exceso de certeza que lleva a la arrogancia. Son columnistas arrogantes. La parte de "macho" no la comparto, porque a mí me divierte el columnismo de anécdotas de Jabois y tal. En el columnismo hay que divertirse, también me gustan los vídeos de Isa Calderón, que son muy chulescos. Me parece bien, hay que darse un poco de caña, poner a la gente en una situación incómoda y divertirse.

Respecto a la opinión, sí comparto el diagnóstico. No quiero ser cipotudo por ser arrogante. Si me llaman cipotudo por una juerga que me he pegado, pues lo acepto y me he divertido. Pero esa arrogancia -que señala acusatoriamente Lomana- me parece mala también. Estoy de acuerdo con él.

Alcántara dice que la columna es el soneto del periodismo. Sin embargo, tus artículos no comparten con la columna tradicional la longitud. 

En la prensa digital ya no existe la columna. La columna yo la concibo en Facebook, 250 o 300 palabras, que puede ser la longitud de una columna de Alcántara. En la prensa digital, somos articulistas. Eso exige cierto nivel de análisis. No puedes hacer una columna-soneto con la extensión de El Confidencial, por ejemplo. Es muy difícil, se te muere antes. Eso lo intentaba hacer al principio, era más poético, pero acabas siendo cursi o solemne, engolándote.

Tu compañero de 'El Confidencial' Marcos Lamelas señalaba también un argumento geográfico en tu columnismo. Tú escribes desde Barcelona cuando los Jabois, Bustos y cía se han ido a Madrid con la añoranza de un Café Gijón que ya no existe. 

Yo me fui igual, a estudiar a Madrid desde Tánger, donde vivía con mis padres, lo que pasa es que la oportunidad me ha llegado en Barcelona. Esto lo conté en un artículo del 'Tentaciones', la revista de 'El País', antes del Apocalipsis. Lo primero que hice cuando llegué a Madrid fue ir al Café Gijón e hice el ridículo allí. Había leído 'La colmena' y toda eso que te mete basura en la cabeza. Me fui a ser escritor, como Jabois en 'Irse a Madrid' y todos los de mi año de la carrera. Y teníamos grupos de poetas... Aquello era "Los detectives salvajes". Íbamos borrachos y era muy divertido.

Eso ahora ya no hace falta. Con las redes sociales, hay técnicas para suplantar al Café Gijón. Desde cualquier parte del mundo, puedes llegar a los contactos adecuados. Ahora te puede leer Elvira Lindo todos los días, sólo tienes que pedirle amistad y que te acepte. Es una ventaja, pero se pierde una cosa muy bonita, que era ser un puto ridículo en esos ámbitos. Yo he sido tan rídiculo...

¿Filtraste el acróstico que le colaste al 'Tentaciones' a alguien para que se descubriera?

Cuando yo hice eso, quería que se descubriera, no para que quedara oculto en la hemeroteca. Así que, ¿tú qué crees? Claro que se lo filtré a alguien. Si no, ¿qué gracia tenía? Yo tenía el seguro de que lo envié dos semanas antes y si me arrepentía podía no decir nada, que nadie lo pillase. Pero la noche antes dije: "A tomar por el culo". Y se lo filtré a El Hematocrítico. Le dije: "Te voy a decir una cosa que vas a tener muchos retuits".

Lo de la poscensura estaba escribiéndose, había mucha gente desde diferentes ámbitos hablando sobre eso, que he intentado condensar y le he puesto nombre. He encontrado una fórmula y está teniendo aplicación, ahora se usa el término sin citarme a mí

El columnista tradicional es caótico, literario. En tus artículos e incluso publicaciones de Facebook, sin embargo, da cierta impresión de ser aplicaciones reflexivas de un cuerpo conceptual mayor que has desarrollado en el libro, por ejemplo, la poscensura. ¿Hay cierto peligro de pasar de ser literato a ser ideólogo?

En parte por ese miedo a acabar convertido en ideólogo, apuesto ahora mucho por la duda y por el "creo". Los ideólogos no dudan, los ideólogos dan respuesta. Es verdad que ciertas obsesiones tuyas te pueden llevar de cabeza a un sesgo de confirmación, que es el mayor peligro de lo que estoy haciendo yo. Lo de la poscensura estaba escribiéndose, había mucha gente desde muchos puntos de vista y ámbitos ideológicos hablando sobre eso, que he intentado condensar y le he puesto nombre. He encontrado una fórmula y está teniendo aplicación, ahora se usa el término sin citarme a mí. Mi peligro ahora es acabar viendo esto en todas partes y ya lo he notado. Otro peligro es acabar defendiendo a gente indigna de una defensa. Es algo sobre lo que voy a pensar más. Es una pregunta que me tendría que haber hecho antes y no me he hecho.

En ese planteamiento en el que te centras mucho en un tema durante un tiempo y luego lo sueltas, pasaste de Cataluña en "Un murciano en la corte del rey Artur" a las dos Españas -con "Un abuelo rojo y otro abuelo facha"- y ahora, las redes sociales. ¿Es un flujo natural?

Hay una cosa en común, que es el centro de todo, en realidad: la guerra cultural, el conmigo o contra mí. En Cataluña, por ejemplo, tienes que posicionarte. A mí me gusta mucho Ada Colau, que tiene una postura muy difícil. Quiere que se haga un referéndum en Cataluña. No le gusta este, pero votaría que sí, es decir, es independentista. Ella sabe que gobierna y les hemos votado muchos que no somos independentistas, que nos preocupamos por la vivienda y mil cosas. A ella se le critica que es tibia porque no se acaba de posicionar respecto al referéndum y acaba quedando en una especie de tierra gris en la que militantes de las dos partes la atacan. Es parecido a lo que le toca a Évole, sólo que él no es independentista. Tienen posturas que se salen de la trinchera.

El tema de las dos Españas es lo mismo. Es un planteamiento simplista que te obliga a ponerte en un sitio. Yo estoy a favor de que se exhumen las fosas, creo que debería haberse hecho antes de que yo naciera, porque quedan supervivientes, familiares y nietos a los que el Estado se lo debe. Sin embargo, que se cambie el nombre de las calles me parece una exageración que se podría plantear otra forma. Es igual que esa tendencia estadounidense de derribar estatuas confederadas: enciende los ánimos y no sirve para nada. La gente pasa por delante de una estatua y no sabe quién es ese tío. El mito de las dos Españas te obliga a querer quitar las calles si quieres demostrar que estás en contra del franquismo, pero es que se llegó a hablar de quitarle la calle a Jardiel Poncela. Hubo mucha gente que estuvo en el bando erróneo, el de los malos, pero fueron interesantes por muchos asuntos.

Cataluña, dos Españas, redes sociales: pasa con todo. "Ah, pero tú eres feminista". Tú ambicionas una etiqueta, quieres ser considerado feminista, por ejemplo, y sabes que va a haber opiniones que puedas tener sobre ciertos asuntos puntuales que te vas a tener que callar, porque si no te las callas te van a llamar machista. Son tres guerras culturales, hay una línea común entre esos temas. Sigo escribiendo de Cataluña, sigo pensando en las dos Españas. Estoy muy interesado en este fenómeno de la polarización extrema que está sufriendo nuestra sociedad y que no me gusta un pelo.

¿Y cuál es el próximo paso?

Ahora estoy pensando mucho en las identidades colectivas, siguiendo el camino. El año que viene saco una novela y al año siguiente creo que haré un ensayo sobre este asunto. La identidad colectiva acaba convertida en una dictadura para el individuo. Tu miedo a ser expulsado distorsiona tu individualidad, te hace pensar de otra manera y te hace callar sobre ciertos temas.

En ese contexto, se corre el peligro de ser calificado como "equidistante".

Es la palabra que más odio. Conozco muy pocos equidistantes, hay gente que se hace pasar por lo que no es. Albert Rivera se hace pasar por un tío dialogante y ni él, ni su partido, lo son. Han sido incapaces de ser un poco más flexibles con Podemos cuando han pactado con el PSOE. La Transición incluyó a los comunistas y todos cedieron. Si quieres una segunda Transición como dices, no puedes quitar de tu mesa a Podemos y sus cinco millones de votantes.

Cuando me llaman equidistante a mí o a Jordi Évole, están diciendo es que nuestra pretensión es no ensuciarnos, no mojarnos, ¡y es falso! ¡No hay una posición más atacada que esta! No se llama equidistancia, se llama ecuanimidad. La ecuanimidad no es una postura moral, yo soy de izquierdas. Yo soy súper radical de izquierdas. Lo que pasa es que sé que en mi país hay una inmensa mayoría de la gente que no piensa como yo. Para poder poner en práctica todo lo que yo pienso, tendríamos que exterminar a todos los que no piensan como yo. Yo sé que eso no se va a hacer y, en consecuencia, no escribo como si eso se pudiera hacer. Intento ponerme en el lugar del que no piensa como yo y muchas veces me encuentro con que no está tan equivocado como yo creía. Eso no es equidistancia, yo no abandono mis principios, y Évole tampoco lo hace. Si no somos un poco ecuánimes y humanizamos a nuestro adversario, estamos encerrados en una especie de tribu en la que sólo conseguimos que nos aplaudan nuestros camaradas y nos defiendan cuando ataque el enemigo. Yo en esa mierda no voy a entrar, la trinchera será para los que no son capaces de preguntar al otro lo que piensa y por qué piensa así.

¿No hay ninguna causa suficientemente justa para merecer tener una vanguardia chillona y radical?

Sí, muchas. El feminismo es una, siempre que no acabe convertido en un feminismo censor. Ahora con Trump, la defensa de los latinos y de los negros debería ser otra. El radicalismo es necesario, pero es que cuando yo hablo de libertad de expresión, hablo de libertad de expresión. Yo soy ahora mismo la voz que dice: "Hay que ir a martillo a defender nuestros derechos, pero lo que no podemos hacer es callar al que no piensa como nosotros, porque estamos en una democracia".

Yo he votado a Ada Colau, ¡yo soy radical en mis ideas! Yo expropiaría todas las casas que tienen los bancos. Todas las casas. Yo nacionalizaría Endesa. Yo lo haría. Y me la suda que esto sea comunista, no me considero comunista, pero un servicio básico como la luz, con tanta gente que no puede pagar la factura y estos hijos de puta que suben los precios como les sale de la polla, ¡que además se meten en el ministerio de Fomento y escriben ellos las leyes! Expropiación. Yo soy radical, lo que pasa que tú me lees y no te parece que sea radical. Y no te lo parece, porque yo no escribo para los que piensan como yo, yo escribo para todo el mundo. Tengo mis ideas, pero es mi responsabilidad pensar en lo que piensan los demás.

Me parece penoso cuando a un columnista le insulta alguien y escribe una columna diciendo: "¡Qué ofendido estoy!" Es un espectáculo penoso. Hombre, oféndete en tu casa

¿Hasta que punto hay entonces diferencias entre personaje, al escribir, y persona?

La persona es mucho más frágil y mucho más radical que el articulista. El articulista es muy dialogante, yo hay veces que no tengo ni puta gana de ponerme en el lugar de... Mira, a mí Íñigo Lomana es un tío que me insulta mucho en Twitter, él y sus amigos. Para yo llegar a la conclusión de que lo que dice en su artículo no está desencaminado y que hay puntos de ese artículo que comparto, he tenido que hacer un esfuerzo enorme. La persona es frágil, yo paso malas tardes cuando me insulta determinada gente. Pero me parece penoso cuando a un columnista le insulta alguien y escribe una columna diciendo: "¡Qué ofendido estoy!" Es un espectáculo penoso. Hombre, oféndete en tu casa, siéntete triste, lo entiendo. Yo sufro mucho con cosas desagradables que me pasan, pero no me leerás así ni en Facebook, porque no se puede ir dando pena por ahí. Hay gente con problemas de verdad.

¿Cómo surgió aquello de la Fundéu?

Están locos. Yo no tengo ni puta idea de nada. El término poscensura les interesó mucho, estuvieron hablando de ponerlo entre las recomendaciones pero al final no lo hicieron. Dijeron que quería que fuera a las reuniones. Al principio tenía mucho miedo a eso del Consejo Asesor, primero dije que yo no pintaba nada ahí. No soy filólogo ni nada, pero me dijeron que buscaban periodistas, que ya hay académicos de la lengua y filólogos, porque la Fundéu está dirigida a los periodistas. Los académicos y filólogos dan la parte lingüística y los periodistas damos la parte de cómo hemos detectado que se está usando, qué es lo que se quiere decir, qué sustituto de anglicismo puede resultarle más cómodo a un redactor... Yo aprendo mucho allí. Me están pagando un máster en Filología.

Cuando ocurre todo esto, cuando surge lo de Ana Rosa, cuando laSexta Noche te llama la noche de un atentado para analizar la radicalización en las redes... ¿Uno no piensa: "Joder, me están tomando demasiado en serio"?

Totalmente, y tengo pavor de no estar a la altura. Con lo de las tertulias, un amigo me decía: "A ver si te vas a volver gilipollas". Eso no tengo miedo que me pase, tengo una personalidad que no casa con eso. Habrá muchos temas de los que no hablaré porque no tenga ni puta idea. Lo que espero es saber contenerme y no decir lo primero que se me pase por la cabeza.  Lo que sí me da miedo es no estar a la altura. Con la Fundéu estaba acojonado. Coño, como si me mandasen ahí a hacer de controlador aéreo. Luego vas y te piden tu opinión, no tus conocimientos, y la das. No es tan asfixiante como pensaba. Y lo de las tertulias, veremos. El año que viene nos volvemos a juntar aquí en Málaga y a ver si estoy todavía ahí. No lo sé.

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