Metaperiodismo

La carga más pesada

  Permítame que parafrasee a Nietzsche: ¿qué dirías si un día o una noche se introdujera un Demonio furtivamente en su más honda soledad y le dijera: “Estas reglas, tal y como las has practicado durante toda tu vida, son erróneas”? Entonces, un terremoto sacudiría tu frágil mundo de las ideas que ya había sido […]

22.02.2018 @@_samuelruiz_ 12 minutos

 

Permítame que parafrasee a Nietzsche: ¿qué dirías si un día o una noche se introdujera un Demonio furtivamente en su más honda soledad y le dijera: “Estas reglas, tal y como las has practicado durante toda tu vida, son erróneas”? Entonces, un terremoto sacudiría tu frágil mundo de las ideas que ya había sido anegado con la irrupción tecnológica. Si ya era difícil nadar en la rigurosidad métrica del papel, ¿cómo hacer una buena marca en las infinitas aguas del pacífico? John Merrill ya argumentaba que la ética es responsabilidad única de quien la ejerce. Pero creer ser Dios es absurdo en un mundo colectivo. Para Merrill, el periodista confía en su buen hacer individual, pero ¿quiénes somos como individuos para describir una conducta ética si ya viene heredada culturalmente? ¿Cabe diferenciar entre buena persona y buen periodista? ¿Cabe el activismo en el periodismo? Imponer la definición es mi solución.

Dios conoció en primera persona la guerra de los Balcanes, pero decidió fotografiar antes que ayudar a aquella niña con leucemia. Con el dinero que guardaba debajo de sus pantalones, podría haber ayudado a que ‘Save the Children’ la trasladase a un hospital con mejores condiciones médicas. Pero en Bosnia estaba todo destruido, era su primera guerra, había mucho que contar y decidió no defraudar al periódico. Desde entonces, Dios acumuló 20 años de experiencia como corresponsal de El País (hasta que prescindieron de su buen trabajo periodístico) y ha publicado 5 libros. ¿Es Dios una buena persona? ¿Y un buen periodista?

Si bien no se ha dado cuenta, ya estoy yo para recordárselo: la palabra “bueno” (o “malo”) no sólo se aplican a comportamientos morales, sino también a la funcionalidad. La idea de servicio. Sabemos que un buen futbolista lo es por su desempeño sobre el terreno de juego con más o menos acierto de cara al gol, y que una moto es buena por su capacidad para que te traslade con más o menos rapidez. Pero no hay reglas definidas que describan de forma estricta y sancionadora la función de un periodista, su qué es. Seguramente, querido lector, pensará que Dios fue Demonio al no ayudar a la chica. Y seguramente, estará conmigo en que Dios desempeñó bien su rol al ejercer su trabajo de periodista. Entonces, ¿Dios y Demonio pueden estar representados por el mismo actor? Acabemos con eso juntos. “Sabemos cuándo un especialista en algo o cuándo un instrumento funcionan como es debido porque tenemos idea del servicio que deben prestar”, escribía Savater. Le advertí: sólo hacía falta definir.

Dios necesitó los 5.100 euros para ser buen periodista en Bosnia. Era la cantidad que le había desembolsado El País para que cabalgase en su primera guerra. La misma que necesitaba la niña para poder ser trasladada a un hospital mejor. ¿Hubiese conseguido Dios ser buen periodista sin el dinero? Estoy convencido de que no por el simple hecho de que no tendría medios para abrir el frasquito con las esencias del que hablaremos más delante: ser periodista. Y ten en cuenta que el dinero tampoco compra la moral.

- “Ya pero no se lo dio.”

Cálmate, querido amigo, y a partir de ahora permítame que te tutee. Por cierto, la niña murió al día siguiente.

Estará Merrill eternamente equivocado al afirmar que la ética debe resolverse según los criterios individuales. ¿A caso Dios fue libre para ser Dios o Demonio? No me cabe duda que el motivo que prevaleció en la decisión de Dios para ser periodista fue la función, muy por delante de la orden. Y lo hizo por mera vocación –confío en ello–. La función de enviar una crónica diaria que retratase el devenir dramático de Yugoslavia y el destino inocente de no sólo esa niña. El de su madre y el de su abuela. Informar. Crear conciencia. ¿Estás más contento? Llegados a este punto, juntos podemos sacar una nueva conclusión: el activismo debe ser una consecuencia del periodismo, nunca la causa. La bombilla también se le iluminó a Alexis de Tocqueville durante su visita a Estados Unidos en 1831. En un continente a estrenar, comprobó que la única garantía contra el abuso de poder en democracia es el pueblo, un pueblo ilustrado e informado.

- “No todas las opiniones valen”, me dirás otra vez enfadado. A lo que a mí sólo me queda advertirte de nuevo: ¿cuándo abrimos el frasquito de las esencias?

Si la opinión del pueblo es la base democrática, alimentar esa opinión es un derecho, una obligación y una función. La democracia como consecuencia de la libre prensa. La conciencia como consecuencia. El activismo como consecuencia, pero el periodismo como función. Por lo tanto, periodismo y activismo son compatibles al mismo tiempo cuando uno subordina al otro, es decir, cuando el periodista decide ser periodista para ser activista, y no al revés. Para que esta operación consecutiva dé resultado, es decir, para que exista la consecuencia, el periodista debe ayudarse de dos únicos eslabones: la técnica (las esencias) y le ética. “Es tan práctico este tema que de él depende la calidad técnica del periodista, porque en periodismo no se pueden separar lo técnico y lo ético”, escribía el profesor Restrepo apoyándose en la doctrina aristotélica de la ética como saber práctico. El profesor defiende la unidad “indisoluble de la ética y la técnica” como causa de un buen trabajo periodístico. Entonces, si la calidad periodística, cargada de intangibles, se basa en la actitud de servicio eficaz y en la responsabilidad de servicio público, no nos queda otra que alzar la ética profesional “a categoría de necesidad urgente e inaplazable”. Ejercer bien el periodismo ya supondría ser ético y desencadenador del activismo. En cambio, si elegimos ser activistas antes que periodistas, estaríamos desempeñando la mala práctica de encuadrar (efecto framing) el hecho según convenga a nuestros intereses y estaríamos obviando el derecho al servicio público y, por tanto, la democracia. Se trata de alcanzar la neutralidad. Y con esto, nos vamos acercando a las anheladas definiciones. Aunque aquí aparece el debate del buen o mal encuadre.

Imagino que ya te habrás dado cuenta de la necesidad de elaborar un diccionario de buenas o malas prácticas, pero antes de ahondar en su edición, no me queda más remedio que plantearte otro problema. Lo que te condujo a definir a Dios como Demonio fue la costumbre, que no es más que cómo suele comportarse la gente que nos rodea ante situaciones similares bajo ninguna regla. La consolidación cultural y el pensamiento automático de que ‘dejar morir’ a la niña está mal. Una automatización moldeada por la realidad cultural. Me explico: el dinero nace y muere dinero. Esa cantidad podría haber saldado el traslado a la niña (que no salvarla) y pudo hacer que el periodista fuese buen periodista. Pero ni el periodista ni la persona nacen buenas. No hay humanidad sin aprendizaje cultural y, por tanto, la transmisión de valores y conocimientos es lo que moldea a ambos sujetos. Pero no hay cambio social sin sujeto social, quiero decir: aunque le des el dinero a la niña puedes seguir siendo una persona mala si detrás no hay un fondo ético definido y estricto. “El mundo en el que vivimos los humanos es un mundo lingüístico, una realidad de símbolos y leyes sin la cual no sólo seríamos incapaces de comunicarnos entre nosotros sino también de captar la significación de lo que nos rodea” (Savater, 2014, p. 57). ¿Estás más convencido de que la perfecta solución para ser buenos es crear nuevas normas para revertir (o mejorar) la cultura actual? Imponer las reglas supone la crucifixión necesaria para el renacimiento del periodismo.

Abramos pues, para tu felicidad, aunque te advierto que tu frustración no disminuirá, el frasquito de las esencias. Si bien hemos llegado a la conclusión de que la cultura se puede moldear, es igualmente maleable el quehacer periodístico. Más o menos hay una relación numérica con los códigos que debe seguir un profesional para ser buen periodista, pero… ¿se cumplen? En el tarrito de las esencias (la técnica) están, entre otras muchas, la objetividad, la recurrencia a numerosas fuentes y la verificación, la más importante. “Decir la verdad sigue siendo vital, pero no porque al ciudadano se le deba decir la verdad, sino porque la verdad es la base ética en la que se cimienta cualquier relación social” (Micó, 2008, p. 17). Por lo tanto, para mejorar la visión del periodismo actual sólo debemos hacer lo más difícil: saber condimentar nuestro trabajo con esas esencias. Y la cocción debe ser obligatoria: la creación de un órgano independiente con carácter sancionador es una necesidad urgente. Eso, y que la audiencia conozca y evalúe también de forma eficaz las características que debe contener una buena pieza periodística porque son igual de cómplices de la crisis de los medios. ¿Qué debe contener una pieza informativa? Una pregunta que no sólo debe encontrar respuesta en el productor, sino también en el consumidor, cuya conciencia también necesita de unas reglas: la ‘educomunicación’.

- “Ya, pero un régimen sancionador merma la capacidad artística y creativa del autor, y qué decir del derecho a la libertad…”, estarás pensando.

Bueno, como no quiero perder la cabeza (o hacer que la tuya ruede) como le pasó a Robespierre en la Revolución Francesa, me mostraré (sólo por este párrafo) menos incorruptible. Para ello caminaré de la mano de Benjamin Harris. El editor del primer diario en el mundo, el Public Ocurrences, prometió en su carta deontológica, publicada en el primer número el diario, que en caso de que los códigos no se cumpliesen, no sancionaría, pero corregiría los errores para evitar “a toda costa los falsos rumores” (APU, sf., p. 3). Muy mala pedagogía tuvo que desarrollar este periodista inglés para que 4 siglos después su cultura ética no haya calado. Entonces, ¿no será mejor un régimen sancionador y no una ética como mera guía como sugiere Karmasin? ¿Qué aceptarías antes: la función, la costumbre o la orden?

El miedo a las represalias de incumplir una orden corona la cúspide de los argumentos que pueden empujarte en la toma de decisiones. ¿Qué hubiesen pensando en el Cielo si Dios no hubiese podido ser periodista? Sé que no quieres perder la libertad, amigo mío, pero es la única forma para no equivocarse. También hemos visto como la democracia es una consecuencia de la prensa y, sin embargo, en ella conviven leyes y libertades. Derechos y obligaciones son compatibles. Entenderé que confíes aún en la autorregulación, entiéndeme tú a mí cuando digo que debes darme las gracias por no ser tan extremista como el profesor Escobar Roca, quien defiende que la regulación ética y formal del periodismo debe estar a cargo del Estado. No porque yo defienda un régimen sancionador que asegure el orden estoy dispuesto a saturar la justicia. Para ello es necesaria la creación de regímenes independientes con normas consensuadas a partir de la participación individual de todos los profesionales que se comprometan a cumplirlas. Ya vendrá Karmasin a replicarme que en el momento en que se incluyen sanciones, los códigos “dejan de regirse por las normas éticas y se asemejan a las normas jurídicas” (Karmasin, 2005). En efecto, pero si la ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor, y ello lo conforma la libertad, querrás asegurarte de que no haya asesinos merodeando por tu ciudad. Y es que ellos no han sabido ser éticos con la libertad ¿Verdad?

¡Qué difícil! Pero ten en cuenta que Dios tampoco hizo el mundo en un día –tampoco me creo lo de los siete– y aquí es donde podemos volver a hablar de la función y la costumbre. ¿Conseguiría mi mundo de la orden convertir la ética dictada en esencia y costumbre? No pretendía tenerte encerrado (tú, abanderado de la libertad) durante todo tu ser periodista, sino imponer mandamientos para cambiar tus malos hábitos. Ya hemos visto cómo la cultura y la técnica son moldeables, pero como te veía reticente a comprenderme, mi única solución pasaba por sancionarte. Eso y también desbancar el individualismo de Merrill, quien dejaba la ética a la resolución propia del periodista. Muy bien señor Merrill, pero no se trataba de resolver, sino de ejercer. La resolución debe redactarse en consenso entre todos para que, una vez conformadas todas las reglas, su ejercicio sea más fácil. Verba volant scipta manent.

Esas mismas reglas justifican mi posición pedagógica del periodismo. Ya advertía Stovall sobre la necesidad de distinguir el buen periodismo y el periodismo ciudadano, que también puede ser bueno, pero suele faltarle esencia. A menudo, pretende justificar un pensamiento encuadrar sólo la tierra fértil y omitir la calcinada.

- “Pues el periodismo ciudadano es lo que se lleva ahora con el auge de las redes sociales”, observarás bien.

Ya me imaginaba cuando empecé que más te asustaba la irrupción tecnológica que el Demonio. ¿Cómo nadar en el Pacífico? Más a mi favor: ayúdame a definir y te ayudaré a flotar. Coincidiremos de nuevo en que internet es una tubería que suministra información sin filtro. (Si Benjamin Harris levantase la cabeza con su métrica rigurosa del papel que tanto añoraba...). Un estudio de la Universidad Ramón Lull afirma que “los mecanismos de autorregulación soslayan los efectos de las nuevas tecnologías. ¡Otro fracaso de la autorregulación! Y el peor, porque donde debe ganar más peso la ética es en internet. Miles, qué digo, millones de mentiras, bulos, rumores y noticias infundadas se cocinan en la red sin que recaiga la responsabilidad ni en el autor ni en el consumidor. Más de una vez habrá venido tu tía a contarte una noticia de Facebook y tu respuesta habrá sido la misma: “¿De dónde has sacado eso?” Tu acto reflejo también sería el de siempre, ¿verdad?: comprobar los medios de comunicación en los que confías.

- “Vas a enseñar a tu padre a hacer hijos”, te enorgullecerás ahora.

¿Y por qué confías en ellos? Será porque algo de esencias conoces y sabes quién cocina con los mejores ingredientes. Pero recuerda que eres periodista, así que… ¿Por qué no hacer pedagogía y aprendemos todos juntos qué es buen periodismo? Yo, tu tía y el mundo te lo agradecerá.

Ni la ética ni la función debe ser individual, estaban equivocados. Debe emerger desde el consenso para que todos conozcamos los límites de nuestras acciones, sin tener que llegar a ellos, y lo que somos. ¿Es ético el activismo en el periodismo? No, porque, como definición, la justicia no debe ser nuestro objetivo, sino informar y contar historias. Otra cosa es el cuándo ejercer una cosa y otra, líticas por separado. Mucho más te habría convencido si estas hojas no fuesen una simple probeta utópica, pero ojalá veamos algún día la deontología como mandamiento. El juramento médico de salvar a la sociedad. El juramento periodístico de decir la verdad. Dos funciones, misma consecuencia: construir un mundo mejor. El activismo, el empoderamiento y la democracia deben ser consecuencia del periodismo. La falta de definiciones hace que no sepamos evaluar. Por lo tanto, necesitamos de reglas que nos obliguen en un principio y que nos eduquen en un final para conocer la realidad. Activismo no es periodismo porque encuadraría sólo una de ellas, sea cual sea. Periodismo lo es cuando se contrasta la información, se respeta la intimidad y todas las características que podrían completar el régimen sancionador.

¿Fue Dios buen periodista? Tendríamos la respuesta en nuestra científica si pudiésemos medir las variables, pero, hasta la fecha, no existe consenso al respecto. ¿Fue Dios buena persona? Sin duda, su función desencadenó la creación de una conciencia colectiva que frenase el sangriento devenir yugoslavo. ¿Si yo no te hubiese contado esta historia, sentirías alguna afección por la niña? Imagina que un día o una noche se introdujera un Demonio furtivamente en tu más honda soledad y te dijera: “Estas reglas, tal y como las has practicado durante toda tu vida, son erróneas”. ¿Había, acaso, algunas reglas? Creámoslas para poder ponerles nombre a Dios y al Demonio. ¿No te suponía la carga más pesada tener que enfrentarte una y otra vez a situaciones en las que no existía ninguna orden más que una ridícula guía? Permíteme de nuevo recordar a Nietzsche: ¿si existiesen reglas establecidas estrictas, tendrías miedo de enfrentarte con un terremoto la próxima vez? Conviértete en un superperiodista.

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