Metaperiodismo

La Documentación como arma contra la posverdad

¿Acaso la realidad no es un concepto lo suficientemente pleno de semántica y lleno de contenido positivo y simbólico como para transgredir en un neologismo?

27.11.2017 @@NaitsirC4 4 minutos

¿Qué hay después de la verdad? Sería una buena pregunta que formularnos y reflexionar con ella, pero no tan buena -ni mucho menos más precisa- que si uno se cuestiona: ¿por qué debe haber algo después de la verdad en un sentido terminológico? ¿Acaso la verdad no es un concepto lo suficientemente pleno de semántica y lleno de contenido positivo y simbólico como para transgredir en un neologismo? Porque a partir del término verdad se ha ido construyendo, gracias siempre a la pragmática del lenguaje, un neologismo que, por lógica, tiene su acepción muy diferente a la naturaleza semántica, y claramente más negativa, del concepto al que le precede. ¿Por qué la verdad debe tener un antes y un después? ¿Qué es ese después de que tiene la verdad? ¿Por qué lo tiene?

El paso que transgrede a la verdad como concepto o, mejor dicho, el paso que se da si uno va más allá del significado que tiene hoy el término “verdad”, que viene a ser el significado de la mentira, el de la falsedad, el de la falacia y el de la confusión junto al de la demagogia. Y con todo ello, por si fuera poco, la manipulación del lenguaje, algo tan clave -como un hecho constatable e imprescindible- que actúa como herramienta útil para llegar a crear la situación emotiva y perversa de retorcer la semántica de las palabras y el sentido de las comunicaciones en ese contexto normalizado de lo que hoy se conoce y se acepta como término de uso: posverdad.

Para combatir esta situación generalizada y alimentada por los grandes medios de comunicación, desde los mass media convencionales hasta las redes sociales en su vertiente de bots, influencers o cuentas influyentes existentes -muy a menudo perfiles oficiales de esos mismos mass media- difunden mensajes con el fin de manipular la opinión pública de sus seguidores, con el objetivo de que su público objetivo, tan susceptible de ser manipulable, quede cautivado tras la seducción de mensajes directos, sencillos, populistas. Mensajes que son el producto de haber prescindido de todo o gran parte del hecho objetivo y real que conforma el elemento de vital importancia para que esa información se publique en cualquier medio o canal de comunicación y llegar a la categoría de contenido noticiable.

Ante ello se debería echar mano de la Documentación y de todo lo que representa esta disciplina científica, pues ésta nos puede ayudar a salvarnos de la subjetividad confusa a la que se apela repetidamente en cualquier medio que propaga información o, mejor dicho, infoxicación convertida en simple opinión que, con harta facilidad, se hace masiva. Asistimos ante la sobreabundancia de información junto a la proliferación de opiniones que hacen que los ciudadanos padezcamos de una intoxicación de información continuada, la cual es prácticamente imposible procesar de forma adecuada, sea éste uno de los hechos por los cuales nos cueste tener una opinión formada y sólida de lo que sucede en realidad en ese, nuestro, entorno líquido. Somos conscientes de que actualmente existe un crecimiento exponencial de canales de comunicación imparables que actúan como generadores de desinformación, y a veces o a menudo de propaganda, en forma de mensajes que producen un ruido mediático del que en muchas ocasiones no se puede extraer con claridad alguna idea o conclusión clara y real, pues es más que posible que se parta de una premisa falsa o de un hecho descontextualizado, que no es del todo real o veraz.

La documentación sirve como método al que deberíamos acogernos o, al menos, tenerla muy presente en nuestra cotidianidad, pues esta disciplina es aquella que “(…) tiene por objeto el estudio del proceso de información de las fuentes para la obtención de conocimiento (…)”[1]. He aquí dos claves que nos dice (López Yepes, 1978), autor de esta definición: proceso de información de las fuentes y obtención de conocimiento. Qué mejor antídoto para contrarrestar, en la manera de nuestras posibilidades, la posverdad en todas sus vertientes y características. La consulta y el análisis de fuentes que contribuyen al proceso de información, sea cuál sea la información a la que accedemos, y, además, la obtención de conocimiento, entendido éste como la información que una vez debidamente procesada, aporta valor que facilita nuestro crecimiento intelectual y, por consiguiente, la toma adecuada de decisiones en todas las facetas de nuestra vida verdadera.


[1] López Yepes, José. Teoría de la Documentación. Pamplona: Universidad de Navarra, 1978. 337 p.

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