Metaperiodismo

Las 7+1 mejores columnas del 2017

Tras el éxito de la edición del 2016, la redacción de 'El Reverso' vuelve a escoger sus artículos de opinión favoritos del año que ya acaba

29.12.2017 6 minutos

¿Cómo serán las columnas del futuro? No tenemos ni idea. Ayer fueron un artículo elitista de café y puro, hoy son la pulsión de una sociedad conectada y mañana serán algo completamente distinto. Nos gusta de los artículos de opinión que sean un espacio en continua mutación para la libertad creativa, la originalidad y el ingenio, siempre con un ojo puesto en la realidad. Como es habitual en este tipo de listas, las decisiones son subjetivas y seguro que a los buenos lectores les faltarán y sobrarán elecciones. Es parte del juego y os animamos a que nos contéis qué más os ha parecido imprescindible. Para nosotros, que hemos elegido una columna cada uno sin saber nada más de qué elegiría el resto; este ha sido el año de Cataluña y Rajoy, de León como Capital del Columnismo, del #HayMujeresColumnistas y el #MeToo, de los incendios de Galicia y el último mundial de Usain Bolt, hasta tenemos hueco para un desastroso anuncio inmobiliario. Todo cabe en las mejores columnas del año 2017, que -enumeradas sin ningún orden concreto- son estas:

Mariano y yo

1. Mariano y yo, de Natalia Junquera en Jot Down (por Demófilo Peláez Agudo)

Hay algo mágico en las columnas que no cuentan ideas o ideologías, sino pequeñas historias no noticiables. Las de ficción pueden ser geniales y desafían los límites de qué cabe en un periódico, pero las de no ficción son siempre mis favoritas. La realidad es infinitamente más rocambolesca y amplia que la creación mental, sobre todo si anda Mariano Rajoy por allí. Natalia Junquera, periodista de 'El País', vivió el paso del desprecio al ensueño y la vuelta al ostracismo por parte del presidente del gobierno de España. Nadie como él maneja las expectativas ajenas y nadie como Junquera ha sabido retratar, desde su posición privilegiada de informadora especializada, a "el hombre al que más tiempo he dedicado en el último año": M. Rajoy. Brindo por esta columna que nos recuerda lo fundamental del periodismo: ser capaz de vivir algo significativo en el ojo del huracán, observarlo con cautela, analizarlo y contarlo con estilo.

2. Bumerán, de Sergio Heredia en La Vanguardia (por Samuel Ruiz González)

El Mundial de Atletismo. Ese gran desconocido. En Londres, allí donde Usain Bolt se despidió de rodillas sobre la pista en su última carrera como profesional, Tanzania se llevó más medallas que España. El equipo nacional no pudo más que tocar en la puerta de podio. Y allí estaba la prensa nacional y su audiencia: pidiendo más y más a unos atletas que se habían dejado la piel y algo más por el camino. Ruth Beitia rompía a llorar cuando, ante los micrófonos, dejaba abierta su posibilidad de retirada (así fue), mientras que otros muchos lo hicieron con antelación. Ahí estaba también Sergio Heredia, periodista de La Vanguardia, que se encargó de dignificar el atletismo. Y de paso: el columnismo deportivo. Estamos acostumbrados a que opinión y deportes conformen un chiringuito (valga el símil televisivo), pero aquí el autor demuestra que en esta sección tan acusada injustamente de sensacionalismo también se pueden hacer columnas de forma, sin fuegos artificiales efímeros.

3. La perra de Chandebrito, de Ricardo F. Colmenero en El Mundo (por Jorge Pedrosa García)

Si hace poco escribía que hay que ser gallego en Madrid, Ricardo Colmenero lo es en Ibiza. Ricardo escribe siempre con la morriña de quién espera la lluvia en una isla del Mediterráneo y no se olvida nunca de dejar un guiño a la tierriña en sus columnas. Tras los incendiados que devastaron Galicia este otoño, Colmenero escribió esta columna de premio apoyándose en la imagen más humana del desastre, la de un perro.

4. Este es el silencio que yo quería romper, de Carmen G. de la Cueva en El Salto (por Princesa Sánchez)

Pues, efectivamente, #HayMujeresColumnistas es mucho más que el eslogan que servía de respuesta a la escasa presencia femenina en el II Congreso Capital del Columnismo. Las hay. Muchas y muy buenas. Y ya ni siquiera tienen que firmar con pseudónimo. Gran avance. Hemos evolucionado muchísimo, es una locura. En fin, tristes ironías fuera, quiero quedarme con la columna Este es el silencio que quería yo romper, de Carmen G. De la Cueva, publicada el 14 de septiembre en 'El Salto'.

Como mujer, siento como propios cada uno de los sentimientos que Carmen describe en este texto. Estamos tan acostumbradas al acoso que lo normalizamos y callamos. Estamos tan familiarizadas con que nuestro intelecto sea invisible y lo único visible sea nuestro cuerpo que, muchas veces, de nuevo, no decimos nada. Y la agenda mediática ya cuenta por defecto con los casos de violencia machista, de asesinatos machistas, para rellenar informativos. Y me niego. No podemos callar. No podemos callar más. Que mi voto sea, por tanto, para dar voz.

5. Palabra de nueve letras, de Máxim Huerta en El Español (por Juan Romera Fadón)

Palabra de nueve letras y un pasatiempo llamado vida sin rellenar. La realidad te agarra, te zarandea, te golpea y luego te suelta para arrojarte al vacío, donde todo es más frío. El costumbrismo que busca la belleza, y también la dureza, en las cosas más sencillas y más humanas (¿acaso no es eso la literatura?). A través de un relato cercano y dulce, el autor nos describe toda una vida, en muy pocos caracteres, para enseñarnos mediante las palabras cómo es la existencia con una persona enferma de alzheimer, saliendo del tópico y rescatando aquellos recuerdos que, en la suma, forman aquello que llaman vida.

Pero lo que hace que esta columna sea mágica (y esté en el top de las mejores de este 2017) es la capacidad de hacernos ver que esta realidad habita más allá de cualquier recurso literario. Detrás de las lágrimas debe quedar la reflexión y la necesidad de acompañamiento para todas las personas enfermas de alzheimer.

 

Imagen de Juan Carlos LR

6. No quitéis las banderas, de Ignacio Camacho en ABC (por Toni Asenjo)

Me quedo con esta columna porque explica con gran certeza cómo el empuje de una mayoría silenciada en Cataluña provocó una reacción de la clase política, que hasta entonces estaba enquistada en las estrategias políticas y la rentabilidad electoral propia de cualquier conflicto. Ese sentimiento era de sobra conocido, pero a Ignacio Camacho le distingue su prosa, su capacidad para cautivar al lector con un léxico, en ocasiones pintoresco, que le da una firma distinguida en el panorama nacional. Las historias existen, pero hay que saber contarlas.

7. 300 palabras, de Luz Sánchez Mellado en El País (por Marisabel Lucas)

De lo leído este año, me quedo con el artículo “300 palabras” de Luz Mellado como ejercicio de empatía. Los vaivenes emocionales al escribir una columna. La columna que escribe Luz es un despiece que detalla las sensaciones que le producen sentarse a vestir párrafos de letras.  El gozo y la tortura. Al igual que me quedo con todo lo que sostenga la salud del periodismo, me quedo con la idea que ella defiende: “No creo que este oficio de artesanos sea masculino ni femenino”. Así pues, a construir columnas levantando la vista de la pija y a embarrarse en delirios de ideas que plasmar.

Mención especial: 'La fortaleza de la soledad' o 15 m² de tristeza, de Pol Rodellar en Vice (por Carlos Guerrero Castronuño)

Un año más traigo a Pol Rodellar a nuestro top particular como el articulista que más disfruto. Ya se sabe de sobra que el bajista de Mujeres es fácilmente reconocible por sus temas tan enrevesados como estúpidos -en el buen sentido-, pero su serie de artículos "La pesadilla inmobiliaria del mes" encima ofrece crítica social y diversión a partes iguales. Uno sabía que la cosa está jodida, pero es que, después de leer semejante museo del horror, se encuentra al borde del desistimiento, que en el nido se está mejor. Porque todo hogar es un "zulo oscuro donde desarrollar una profunda tristeza y morir", pero estos son encima caros de pelotas y una demostración de sinvergonzonería digna de cárcel -lo que también podría ser un buen resumen de España-.

Por su pulso y gracia está aquí. Y porque me gusta mucho su grupo.

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