Metaperiodismo

Las ocho mejores columnas del 2018 (hasta ahora)

El equipo de El Reverso elige sus artículos de opinión favoritos

11.11.2018 7 minutos

El Reverso no se podía despedir sin dejar por escrito nuestra selección de los mejores artículos de opinión de lo que va de 2018. Como siempre, el método de elección ha sido individual y cada uno de los redactores ha elegido libremente su columna favorita del año sin saber cuál elegirían los demás. A más de uno le sobrará alguna y les faltarán otras, pero en eso consisten las listas. El objetivo no es el de sentar cátedra,  sino el de celebrar en nuestra despedida algunas de las columnas que más hemos disfrutado y que tanto nos han hecho enamorarnos del oficio. El Reverso se acaba, pero pronosticamos que nuestro disfrute del columnismo y las buenas piezas de periodismo y literatura se mantendrá vigente. Queda aquí para el recuerdo, y sin ningún orden particular, este formidable ramillete de letras, ideas e historias:

Ilustración de Ulises Culebro

"Natalia Ferraccioli", de Raúl del Pozo en El Mundo (por Jorge Pedrosa)

Hay cuatro temas sobre los que versa toda historia: amor, muerte, familia y poder. Todos los toca Del Pozo en la columna más triste del año. La que nunca hubiese querido escribir. Letra a letra se apaga una columna con acento italiano y cortesía. Un último adiós sin un ápice de barroquismo y que es puro sentimiento. Esta columna de Del Pozo no puede quedar fuera de ningún recopilatorio de artículos de opinión; bien sea del presente año, bien sea de la historia. Sirva esta dedicatoria una demostración de mi pesar y un gesto de respeto al Maestro.

 

"Los adolescentes no necesitan autoayuda, necesitan sufrir", de Eduald Espluga en Playground (por Clara Nuño Gómez)

Y un día, mortalmente aburrida, te tropiezas entre toda esa basura galáctica de sonrisas Paulo-Coelhianas, que te asalta sin piedad por la red, con alguien que dice que sí, que los  románticos -los de verdad, los de tormentas y aguaceros- tenemos derecho a vivir y caminar con el ceño fruncido entre tanto brillo y mueca autocomplaciente.

Alguien que parte una lanza por nuestros yo púberes bombardeados por “sólo tú marcas la diferencia”; como si nuestras aullantes hormonas y la realidad social de cada cual no hicieran un constante acto de presencia, ay…

Por ello, y porque cualquiera que aborrezca los Talent Shows, destinados a exprimir hasta el último céntimo de los cuerpos de chavales aún lampiños, es bienvenido a la resistencia de los intensos; no puedo dejar morir al 2018 sin hacer mención a esta columna de Eduald Espluga, aunque mis, todavía adolecientes, 22 años no hayan gozado las páginas de su poeta ruso.

"Ligar a la baja", por Arturo Pérez-Reverte en XL Semanal (por Demófilo Peláez)

Pérez-Reverte fue el primer columnista que nunca leí. En casa de mis abuelos, en la que almorzaba cada domingo, siempre había un Diario Sur y, consecuentemente, un XL Semanal que llamaba mi atención: se entiende que no me daba la edad ni el estómago para leer a Juan Manuel de Prada y era Pérez-Reverte, quizá de la mano de Alcántara, mi primera ventana con la que asomarme a un periodismo literario y al imaginario de lo que supone un intelectual de las letras. Luego, la evolución natural de las cosas ha hecho que ya poco quede de ese primer paradigma, pero es posible que sin la referencia de querer ser como él quizá no hubiera decidido dedicarme a este oficio.

Arturo -¡ay, Arturo!-, entre tanto perrete abandonado y tan poco bar de Lola, por mucho que a veces parezca que se esfuerce, es más que el meme al que ha querido reducirle. "Ligar a la baja" es la columna con la que más me he reído este año; una divertidísima anatomía de los modelos de masculinidad, un destripe del que hace de la pena su tótem y, al mismo tiempo, un ligero reconocimiento al imparable movimiento de las mujeres. Tenía claro desde que la leí, aunque la aparición a última hora de esta maravilla de Montano casi hiciera replanteármelo, que sería la elegida. Arturo, guau, reguau, guau.

 

"Cambiar el colchón", de Lorena G. Maldonado en El Español (por Marisabel Lucas)

En lo que va de 2018 rescato la columna "Cambiar el colchón", de  Lorena G. Maldonado. Considero que es importante que se escriba de amor con el matiz oportuno y esta columna refleja el más determinante, que es el amor hacia uno mismo. Esa búsqueda constante. Al leer esta columna, consuela saber que se puede escribir de amor en un medio y expresar las dudas que tenemos al despojarnos de amores que un día fueron sucumbidos. El milagro y la capacidad de fuga de la que habla Lorena se esconde en lo cotidiano y en gestos como cambiar un colchón. El amor puede estar ahí y es necesario que alguien venga y nos lo recuerde.

 

"El rol de la mujer", de Margarita Rosa de Francisco en El Tiempo (por Princesa Sánchez)

Como todo el mundo sabe, no necesariamente tienen que ser periodistas quienes escriben columnas periodísticas: el no género de entre los géneros se caracteriza por no andar sujeto a prácticamente ninguna norma. Y, en este caso, lejos de barrer para la profesión, me decanto por una columna de la actriz colombiana Margarita Rosa de Francisco, de la que me suelen gustar prácticamente todas. Creo que es una de las mentes más abiertas e interesantes del panorama cultural iberoamericano.

Escojo la columna que publicó el pasado 10 de octubre de 2018; en primer lugar, porque la firma ella, y en segundo lugar y no menos importante, porque es una mujer hablando sobre el rol de la mujer. Y para hacer triple, añadiré que está publicada en El Tiempo, un medio de comunicación colombiano, en concreto, un periódico nacional que, junto con El Espectador, me apasiona y sigo de cerca. Cada vez más me atraen los medios iberoamericanos y menos los españoles, que no están sabiendo -en mi opinión- adaptarse a los tiempos y circunstancias tanto y tan bien como los primeros.

Margarita Rosa de Francisco se pregunta por el rol de la mujer en la actualidad y su planteamiento enlaza con un planteamiento del feminismo que me parece interesante de partida: el de la diversidad. Su reflexión nos invita a pensar hasta qué punto incluso la que denomina "emancipación de la mujer" está siendo manipulada. Merece, y mucho, la pena leerlo.

 

"La latita de atún", de Jose María de Loma en La Opinión de Málaga (por Samuel Ruiz)

Lo de la precariedad en el periodismo ya lo sabía. Pero con el graduado a la espera de la firma de Felipe, lo he experimentado más. Por ello, qué mejor que tener siempre una lata de atún cerca. Para cuando te den las tantas en la redacción, esperando la llamada de una fuente o reportajeando uno de esos diluvios universales que frecuentan la provincia. Por ello, larga vida a la literatura, a la prensa local y a las latitas de atún.

 

"Perros que comen perros", de Pedro Simón en El Mundo (por Pablo Merino)

Este año me quedo con "Perros que comen perros", una columna de Pedro Simón publicada en El Mundo. El artículo orbita alrededor de las exclusivas y de la competitividad entre periodistas. De los perversos que somos entre nosotros. ¡Como si la profesión no tuviera ya suficientes problemas! Como bien relata, son "colegas escribiendo extensos artículos contra colegas. Periodistas que insultan a periodistas como lo haría un gañán de bar. Perros que comen perros. Y con qué ansia". Un sinsentido que va rasgando capas de credibilidad a nuestro noble y denostado oficio. Sirva como autocrítica, no debemos darnos tanta importancia.

Ilustración de ED

"Los atlas en papel", de Miguel-Anxo Murado en La Voz de Galicia (por Miss Grape)

Escribía Julio Camba, en 1913, que había adquirido la facultad de convertir todas las cosas en artículos de periódicos. «Ya pueden ustedes darme las cosas más absurdas: un gabán viejo, un par de gemelos de teatro, una máquina de afeitar, un pollo asado, una mujer bonita… De cada una de esas cosas yo les haré a ustedes una columna». También Murado tiene esa facultad de hacer literatura con cualquier objeto: un paraguas, un colchón o, como en este caso, un atlas. Construye así columnas intemporales, de las que suman lecturas, pero no años; de ésas destinadas a amarillear entre los libros si aún hubiera un periódico del que recortarlas.

Esta columna es una declaración de amor al papel, a la tradición. Una reivindicación de la espera frente a las prisas. Las mismas prisas que nos hacen confundir utilidad con rapidez, y nos restan toda posibilidad de aprendizaje. Dice Andrea Köhler en 'El tiempo regalado' que «el que no sabe esperar se roba a sí mismo», y nosotros hace tiempo que dejamos de dedicar tiempo a buscar tesoros entre las páginas de un atlas.

En tiempos de Google Maps, hemos olvidado cómo desdoblar un plano, pero,  como escribe Murado, «los mapas en papel […] hacen algo más que orientarme cuando estoy en un lugar lejano: son los que me dan ganas de ir allí». Y el papel es, sin duda, el lugar al que volver.

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