Metaperiodismo

Noemí López Trujillo: "Sé que hay muchos Harvey Weinstein en el periodismo"

Hablamos con la periodista y autora de 'Volveremos' sobre una generación huida, un machismo que mata y un periodismo desigual

A Noemí López Trujillo la han traído a Málaga para hablar de los horizontes del periodismo en el Congreso de la Fundación Manuel Alcántara, pero no se parece en nada al paradigma del ponente que viene a sentar cátedra: "¡Odio que hagan esa pregunta! ¡No sé cuáles son los nuevos horizontes del periodismo! No me pongo a reflexionar sobre ello en mi vida diaria". Se pare o no, se extiende sobre lo que considera buen periodismo, el que denuncia la injusticia en las estructuras de poder, lo que incluye, por supuesto, el machismo institucional y periodístico: "Es que tenemos tíos al lado que son mediocres y están escribiendo en 'El País' o 'El Mundo". Ella ha logrado su espacio, tras una fructífera etapa en 'El Español' en la que puso rostro a todas las mujeres asesinadas por violencia machista, en publicaciones como 'Jot Down', 'eldiario.es' o 'La Marea'. Dice en su biografía tuitera que le gustaría escribir como Clarice Lispector -"No hay un gran porqué, como cuando te gusta alguien por la calle: no sabes bien por qué, pero te gusta"-, pero que sólo escribe como Noemí. Como Noemí, firmó desde Manchester su libro 'Volveremos' (Libros del KO, 2017), un repaso a la juventud que ha huido de casa por necesidad. Hablamos con ella sobre una generación huida, un machismo que mata y un periodismo desigual.

¿Hasta qué punto tu propia experiencia en Manchester determina la creación del libro y tu propia vida?

Si no nos hubiésemos ido allí mi compañera (Estefanía S.Vasconcellos, coautora del libro) y yo, ese libro nunca existiría; pero no nos consideramos emigradas como tal. No representamos ese movimiento. Nuestra experiencia allí sí que está plasmada, vimos que la forma de comunicarnos con los seres queridos era por Whatsapp o Skype y así es como se hizo el libro. El libro lo hicimos con entrevistas por Skype, que suena muy poco periodístico, porque es difícil crear un ambiente de intimidad con la barrera de una pantalla y miles de kilómetros de distancia. Todo eso está plasmado en el libro. Nosotras vamos viendo que esa gente es la generación que sopla las velas de cumpleaños y celebra Nochebuena a través de una pantalla. Vivimos eso y decidimos que el libro tenía que ser así.

Pero nosotras no somos emigradas. No fuimos allí buscando trabajo: yo fui de 'freelance' a probar, varios meses, teniendo claro que iba a volver. La mayoría de la gente que emigra va buscando una vida mejor y ese no era nuestro caso. Nos condiciona el tema del libro y el enfoque, pero no seríamos personajes del libro.

¿Te sientes representada en esa generación de la migración, la lucha contra la precariedad, el 15M incluso?

Sí. En 'Volveremos', la migración es la excusa para contar lo que ha sufrido no solo nuestra generación, sino la que sufren los padres y lo que sufrirán los hijos de los emigrados. Es una generación que se ve completamente impactada por la crisis y, como muchas otras generaciones antes, se tiene que buscar la vida aquí o allí. Tus expectativas se ven abortadas.

La conclusión final: ¿merece la pena emigrar?

Es algo muy personal. No hay ninguna conclusión, depende de la experiencia de cada uno. A lo largo del libro se deja claro que laboralmente sirve, pero a nivel personal la mayoría de la gente a lo mejor está un poco más frustrada, porque saben que a la vuelta va a ser muy difícil. No creo que sea una conclusión invitar a la gente a que se marche de España. Es lo que les ha tocado vivir. Es una radiografía, no un libro autoconclusivo.

Hay gente a la que se le considera intelectual, como Pérez Reverte, cuyas opiniones a mí me parecen, en general, bastante decadentes. ¿Es Pérez Reverte un intelectual? ¿Lo es una chica de veinte años que está reflexionando en Twitter sobre la violencia machista?

¿Crees que en el fenómeno de la redes sociales ha fomentado la aparición de un nuevo tipo de intelectual más allá del tópico del señor que solo lee, escribe y debate en el café?

No sé qué es exactamente un intelectual. No sé cuál es el real y cuál el pseudointelectual. Las redes sociales favorecen una democratización de lo que antes eran tertulias en salones cerrados accesibles para poca gente. Ahora todo el mundo puede opinar, pero que toda esa opinión sea movimiento intelectual... No sé qué decirte. Hay gente a la que se le considera intelectual, como Pérez Reverte, cuyas opiniones a mí me parecen, en general, bastante decadentes. ¿Es Pérez Reverte un intelectual? ¿Lo es una chica de veinte años que está reflexionando en Twitter sobre la violencia machista? Las redes sociales suponen la democratización de la opinión, con lo que yo estoy muy de acuerdo, pero no diría que las tertulias de café, salón y purito ahora se den en las redes sociales. Puede que sí. No lo sé.

Todo el mundo siente que puede opinar, lo cual a veces es aburrido y agotador; pero, por otro lado, me parece bien porque antes era accesible a muy poca gente que se erigía como moralmente superior a los que consideraba intelectualmente inferiores. Se ha demostrado que no es así. A lo mejor tú has leído mucho y puedes opinar sobre la generación del 98 citando a un montón de escritores, pero quizá no tienes la capacidad de abstracción para analizar lo que pasa a tu alrededor con las clases populares.

¿Por qué es importante retratar todos y cada uno de los asesinatos de violencia machista?

Porque hasta ahora no se hacía y creo que se genera una sensación de justicia colectiva. Lo que no se puede hacer es que las víctimas se amontonen y se conviertan, esto es un cliché, en cifras. Cifrarlas también es útil para saber cuántas mujeres asesinadas hay al año, pero ponerles nombre y rostro las rescata de la cosificación y el olvido. En Madrid, tenemos el monumento en Atocha a las víctimas del 11M y te ves envuelta por todos los nombres. Todas esas personas ya no existen porque una serie de personas decidieron matarlas. Esto es un poco similar. Si cogiéramos todos los nombres de todas las mujeres asesinadas, pongamos desde que estamos en la democracia, no sé cuántos monumentos tendríamos que hacer. Ponerles nombre y apellidos es una forma de decir: "Eh, están aquí. No podemos olvidarlas, porque deberían estar aquí y no están. Y es por algo que se puede y se debe cambiar".

No podemos poner en el mismo nivel a la maltratada y al maltratador. A nadie en su sano juicio, cuando ETA mataba, se le hubiera ocurrido entrevistar a Ortega Lara y a los etarras que le secuestraron, para que cada uno diera su versión

¿Debemos escuchar y contar la versión del maltratador o asesino?

No.

¿Por qué?

Depende. Creo que el testimonio de un maltratador es valioso siempre y cuando dejes en evidencia que es un maltratador, que esa persona genera el ciclo de violencia. De lo que estoy muy en contra es de poner al mismo nivel a dos personas, cuando una es víctima y otra es verdugo. A nadie en su sano juicio, cuando ETA mataba, se le hubiera ocurrido entrevistar a Ortega Lara y a los etarras que le secuestraron, para que cada uno diera su versión.

No hay versión que valga. Lo que se puede hacer es entrevistar a un etarra, o una persona que han defendido a una banda armada como es Otegui. Puedes hacer una entrevista que deje en evidencia la ridiculez y lo peligroso de su discurso, eso sí, pero no ponerlo en el mismo nivel porque entonces lo que estás haciendo es blanquear la imagen del maltratador y oscurecer la de ella.

Es absurdo. Si te roban por la calle, ¿vas a escuchar la versión de la persona que te roba? Es muy importante diferenciar entre versiones y testimonios. La versión del maltratador no interesa, y si hablamos de maltratador es porque hay una sentencia de por medio. En el caso de Juana Rivas, hay una sentencia: es un maltratador. Si no la hubiera, el caso sería mucho más peliagudo. Dar la versión del maltratador supone ser altavoz de un discurso muy peligroso en el que el lenguaje se está instrumentalizando para manipular la realidad.

¿Qué te parece que se hable de periodismo o educación de ideología de género?

Lamentable. Es como calificar de "periodismo pacífista", "periodismo redentor" o "periodismo justiciero" a la gente que cubría los asesinatos de ETA. Pongo el caso de ETA porque todo el mundo tenía claro que había un verdugo y una víctima, oprimida con asesinatos y miedo. Es una etiqueta absurda para menospreciar a ese tipo de periodismo. Yo podría hablar de "periodismo machista" para lo que hace, por ejemplo, 'OKDiario'. Poner etiquetas me parece absurdo.

Al igual que en el caso de ETA era un colectivo que ataca a otro, ¿se puede o se debe extrapolar en el sentido a la violencia machista de que es un colectivo que ataca a otro?

Yo no soy nada partidaria de asemejarlo. No pongo el ejemplo diciendo que las violencias sean similares, solo hablo del impacto que tenía socialmente. Yo no estoy nada a favor de hablar de "terrorismo machista". Las bandas terroristas son bandas organizadas y, precisamente, la dificultad de atajar la violencia machista es que no es algo organizado, sino algo sistemático que se transmite a través de la educación y es muy difícil de identificar.

Creo que no se debe asemejar, pero hay que tener claro que el colectivo de la mujer está oprimido por el de los hombres. Es diferente al caso de ETA, donde había una banda organizada a la que podías poner nombre y apellidos. En la violencia machista, la profundidad es tan oscura que habrá agresores de los que nunca sabremos nada.

¿Posicionarte como feminista y manifestarlo claramente te ha traído algún problema con compañeros de profesión?

Creo que tiene consecuencias a nivel "lectores", por así decirlo. Hay lectores que te juzgan. Te cuelgas una etiqueta a ti misma y sabes que está renunciando a una parte de los lectores que no te leerán, cuando a lo mejor lo que dices les puede interesar.

Pero, con compañeros de profesión, no me ha supuesto ningún problema. Si a alguien se lo ha supuesto, a mí no me lo han dicho, no me lo han demostrado o yo no lo he notado. Es algo que para mí es un motivo de orgullo, una necesidad. Creo que me ha abierto más puertas de las que me ha cerrado.

No me sirve de nada que en tu medio trates temas de desigualdad si después los puestos altos los ocupan, en su gran mayoría, hombres

Un congreso con un 80% de ponentes hombres, ¿es un congreso que no merece la pena?

Sin duda. Si no fomentas la diversidad por bondad humana, al menos que sea por rendimiento económico. Si tienes mujeres en tu medio, por ejemplo, contarás probablemente problemas que interesen a una parte muy importante de la población y conseguirás que más público te lea, más publicidad llegue y tu medio crezca.

Si tú en tu congreso metes a mujeres, muchas mujeres moverán ese congreso y tendrá más público. Tendrás más caché y serás el primer congreso que incluya a mujeres como debe ser, serás una avanzadilla. Si lo que haces es lo que se ha hecho hasta ahora, la única posibilidad que cabe es que te critiquen por ello. Si no te sale por afán humanista de justicia social, hazlo por rendimiento económico.

Independientemente de la cuestión de género, ¿no es un buen cartel con grandes nombres?

Grandes nombres, ¿quiénes? ¿Por qué son grandes nombres? ¿Quién lo ha dicho?

Son columnistas de prestigio.

No me parece un buen cartel. Jorge Bustos, por ejemplo, me parece un columnista muy malo. Es un columnista que, trabajando con Lucía Méndez, un referente en este país a la que debería haber hecho jefa de Opinión; dijo que las mujeres atacábamos ese congreso porque era la única forma de medrar, es decir, que si no nos cogían por ser mediocres, nos quejábamos para ver si nos metían por ser cuota. Que diga eso un columnista es lamentable. No sólo por esa cuestión, es que en sus escritos no es bueno. Hay mujeres que le dan veinte mil vueltas. No te estoy hablando de, a lo mejor, una Barbijaputa que sea ideológicamente más cercana a mí. Aurora Nacarino, con la discrepo mucho en política, es una tía brillante que escribe y argumenta mil veces mejor que Jorge Bustos. No me parecen grandes nombres, me parecen los nombres que todo el mundo ve. Parece que fama es sinónimo de calidad, cuando no es así.

Tiene que haber una muy valiente mujer que se atreva a decir que ha sido acosada y no tenga miedo a perder su puesto de trabajo. Esto es muy difícil, porque echas toda la presión sobre la mujer: "¡Atrévete a decirlo delante de todo el mundo, que todos te digan que mientas, que no te crean, que exageras!"

¿Cómo valoras tu experiencia en una redacción como la de 'El Español'?

Para bien o para mal, una redacción te hace reflexionar sobre lo que quieres y lo que no quieres hacer. Si acaso, lo segundo es más importante. Cuáles son tus líneas rojas como periodista. Me llevo lo mismo que de cualquier otra redacción en la que haya trabajado: crecimiento personal y la confirmación de que en las redacciones a veces se batalla más que se escribe.

¿Crees que existe prensa plenamente feminista?

No, excepto 'Píkara Magazine' y 'La Marea'. Si hablamos de medios generalistas, ninguno, repito, ninguno, es feminista. No porque incluso si haces contenido con perspectiva de género, tu estructura como tal sigue siendo hegemónicamente masculina. Es decir, que los espacios de poder siguen ocupados por hombres. No me sirve de nada que en tu medio trates temas de desigualdad si después los puestos altos los ocupan, en su gran mayoría, hombres. Eso significa que quizá tu discurso va contra la brecha de género, sí, la misma que tú generas en tu estructura empresarial.

A partir del caso Harvey Weinstein, muchas mujeres han roto su silencio y han denunciado el acoso en Hollywood. ¿Crees que es posible que ocurra algo parecido en el mundo del periodismo?

El otro día hablaba con una amiga de destapar a falsos feministas. Ojalá pasase. Sé que hay muchos Harvey Weinstein en el periodismo. Jefes de sección, directores, ejecutivos..., que ejercen ese tipo de poder y acoso. Algún día saldrá. Si la pregunta es si ocurre, sí, ocurre. Si saldrá algún día, ojalá. Tiene que haber una muy valiente mujer que se atreva a decirlo y no tenga miedo a perder su puesto de trabajo. Esto es muy difícil, porque echas toda la presión sobre la mujer: "¡Atrévete a decirlo delante de todo el mundo, que todos te digan que mientas, que no te crean, que exageras!" A no ser que te siga una veintena de mujeres y te corroboren, es muy difícil. Ojalá pase.

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