Metaperiodismo

Pedro Simón: "A mí lo que me sigue atrayendo es la gente que está jodida"

"Le hice un reportaje a Elrubius que no le gustó y me lo hizo saber con un ataque tierra-mar-aire por las redes" /"Creo que Twitter me haría más envidioso" / "El periodismo tiene que volver" / "Si alguien me utiliza para engañar, es una putada, pero yo seguiré a lo mío" / "Quizá hago cosas que no debo, y una de esas es no cerrar la puerta. Soy humano y me preocupo por la gente"

31.10.2017 @juanromerafadon 12 minutos

Del arquetipo periodístico de los años 60 sólo queda el romanticismo recogido en las páginas de Tom Wolfe. Se perdió el traje de lana, el sombrero fedora y el anonimato de la nocturnidad; horarios del viejo reporterismo. En las redacciones ya no huele a humo de tabaco y el whisky sólo se sirve en la cafetería de la esquina. A alguien como Pedro Simón (Madrid, 1971), sin twitter y acompañado siempre de un lápiz amarillo y negro recortado y mordisqueado, se le puede pedir algo parecido a la nostalgia. Pero no; Pedro viste una camiseta negra con unas letras en blanco que resultan ilegibles en el papel, una pulsera roja de rugby y unas Converse talla 43. Quizá un número arriba. 

En el momento de la conversación, la historia de España adquiere la trascendencia suficiente para formar parte de los libros de texto. De Despeñaperros para arriba, la gravedad de la situación se palpa a través de los periódicos digitales. En el Pimpi de Málaga habita la calma, distorsionada levemente por las voces de los extranjeros que a las 4:30 piden vino dulce. El camarero prepara una mesa para tres y a los pocos minutos trae un café con hielo y un té verde. Hasta el whisky ha desparecido. 

Ahora mismo, el Parlament acaba de declarar la independencia con 70 votos a favor, 10 en contra y dos abstenciones. ¿Qué sensación tiene?

De perplejidad pero, como me dijo Rafael Álvarez “el Brujo” hace un mes, durante miles de millones de años, los continentes se han sumergido en los océanos, han emergido, ha habido placas tectónicas que han separado territorios… Esto, seguramente, es menos solemne y menos importante de lo que nos creemos. Es la historia de un desencuentro que se veía venir... Sólo le veo una cosa positiva: van a contratar a más gente en la delegación de El Mundo en Cataluña.

¿Y la culpa?

La palabra culpa es un poco judeocristiana. Yo hablaría más de responsabilidad. La cosa ha acabado como una pelea entre dos macarras que no quieren mover el coche: “Muévelo tú”, “no, tú”, "no tienes cojones". Hay una responsabilidad evidente del Gobierno, que ha echado a Cataluña al resto de España como si fuera alpiste, generando independentistas a mansalva. Y, evidentemente, una responsabilidad de Artur Mas que, ese día en que tiene que coger un helicóptero y salir del Parlament, dice: “Yo, para sobrevivir, tengo que ser el más malo de los malos”. En cualquier caso, esto empieza con los Pujol. En el momento en el que tú le tocas los cojones a la familia Pujol, abres un melón que es difícil cerrar. En otro país, y con otra comparación, podríamos hablar de Gadaffi, que tenía muy bien pacificada Libia; Sadam Husein, con Afganistán. Eso es lo que pasa en Cataluña, tenían muy bien controlado el independentismo.

Hay un tuit que dice que no hay imagen que le gustase más a un españolista y a Puigdemont que el propio president escoltado por dos guardias civiles.

Es por esto que desconfío un poco de Twitter y de ese tipo de cosas, porque no sé quién las pone ni a qué intereses sirve. Más allá de la imagen exótica, que sería portada de cualquier periódico, no se me ocurre nada que decir.

Lo hice un reportaje a Elrubius que no le gustó y me lo hizo saber con un ataque tierra-mar-aire por las redes

¿No está un poco harto de que le pregunten por qué no tiene Twitter?

Santiago Segurola decía que él no tenía Twitter porque no le gustan los bares de borrachos. Yo lo suscribo. No me gusta Twitter porque no me gusta el anonimato. No me gusta Twitter porque me quita fuerza para otras cosas, me hace estar muy pendiente de la grada. Hoy en día, el periodista debe estar más pendiente del balón y del terreno de juego. Ese mirar a la grada tiene que ver con una alimentación del ego que nos hace peor. Tú hablas con un círculo de gente normal, y nadie sabe quién es Manuel Jabois, ni Enric González ni fulanito el de los palotes. Eso es un caldo de cultivo endogámico y periodístico de Twitter. Le damos mucha solemnidad al periodismo y hay que quitársela. El periodismo es una profesión como otra cualquiera. Todo lo que sea poner el foco en nosotros le hace mal a las historias que tenemos que contar.

Con respecto a la frase de Segurola… Juan Tallón, en Mientras haya bares, dice que las mejores historias están en los bares de borrachos. ¿No cree que puede perderse grandes relatos de alcohólicos?

No, de verdad. Creo que me haría más envidioso. Pensaría que un tío tiene más seguidores, o que a este le ha retuiteado no sé quién, o que esto ha sido trending topic o lo mío no. Con respecto a Tallón, creo que los bares guardan una estrechísima relación con el periodismo. Las mejores historias que he leído han sido de un tipo que ha venido con tres o cuatro servilletas de bar escritas con un lapicero por las dos caras. Esa es la mayor herramienta tecnológica: un “gracias por su visita” y un lapicero staedtler (Retira del servilletero tres trozos del papel, los coloca en paralelo, y deja el lápiz que ha sacado del bolsillo derecho sobre la mesa). Eso o un tío que ha escrito en Sarajevo, en una cuneta, y ha contado una historia. La tecnología está bien, suma, abre puertas y nos enseña cosas maravillosas, pero vincular buen periodista con buen manejador de lo tecnológico no solo es un error, también es una injusticia.

Tres servilletas sobre la mesa, un lápiz staedler y un ·"Gracias por su visita"
Tres servilletas sobre la mesa, un lápiz staedler y un "Gracias por su visita"

A la hora de escribir algunos reportajes, hay un cierta tendencia a las personas con enfermedades, excluidas, la pobreza… Casi como Pío Baroja en La busca. ¿Hay alguna influencia en sus lecturas?

Creo que allí donde hay una herida, hay un reportaje. Donde hay una persona jodida, hay una historia que contar. A mí, como materia prima, me interesa más el dolor que la alegría; igual que en la literatura. No es tan diferente en ese aspecto con el periodismo. También creo que el periodismo debe tratar de forma fuerte a los fuertes y débil a los débiles, además de dar voz a los que no tienen. No soy tan ingenuo como para creer que el periodismo debe transformar la sociedad, pero sí que un tío que toma decisiones esa noche duerma mal y reflexione sobre ello. Me interesa ese periodismo, el que te coge del pelo en el primer párrafo, te agarra y te tira para dentro del pozo y te deja sin aliento. ¿Referentes? Por citar un extranjero, John Steinbeck, por lo honesto, que representa lo mejor del periodismo social y eso que, quitando un par de libros, todo tiene que ver con la literatura. Y un español, Ignacio Aldecoa, por esas estampas neorrealistas con un toque italiano de los años 50. Relata historias describiendo la pobreza y la desigualdad en una época en la que era muy jodido contar eso.  También algunas cosas de Ferlosio, pero me quedo con esos dos.

Ha dicho que no cree que el periodismo debe transformar la realidad. Sin embargo, hace unos años dijo: “Yo creo en el periodismo para cambiar las cosas”.

Sí, lo dije hace unos años (ríe y sorbe un poco de té por primera vez desde que comenzó la conversación. Puede que sea un comodín para pensar la respuesta). Lo que quiero decir es que uno no puede cambiar el mundo, pero sí transformar pequeñas realidades. No hay nada más gratificante que alguien que viene con un problema a la redacción te cuente su historia, la publiques y al final se arregle. La ingenuidad es pensar que vas a cambiar el mundo con el periodismo. Hay una cosa que odio de esta profesión, y es cuando uno se pone una camiseta de una ONG y está militando en algo. Que te creas que eres el de Médicos sin frontera o Amnistía internacional… No, tú tienes que ir a un sitio, escuchar una historia y contarla. No tiene más verbos. Otra cosa que detesto es el periodista como turista, el que va a un sitio, hace unas fotos cojonudas y las sube a Twitter vacunándose, alardeando de entrar en Sudán del Sur (se recoge la manga izquierda de la camiseta y simula el pinchazo de una inyección con las manos. Pedro cambia ligeramente el tono de su voz para consolidar la parodia), poniendo el foco en él en vez de en la historia que contar. Pero es que además, luego, vuelve y cenando con sus amigos les abrasa durante dos horas contando su experiencia…

Como un cuñado.

Como un cuñado periodista. Esa figura me parece detestable. Hicimos varias cenas de periodista en mi casa y a la tercera, mi mujer que es abogada, me dijo: “serán tus amigos y muy buenos tipos, pero una y no más, esta gente no vuelve a entrar en mi casa”. Fue una conversación durante tres horas hablando de nosotros. Nadie le pregunto a ella a qué se dedicaba. Es algo de psicópatas.

Si alguien me utiliza para engañar, pues es una putada. Pero yo seguiré a lo mío.

Refiriéndonos al caso Nadia... ¿Dudó alguna vez del relato?

Sobre esto sólo te diré una cosa. Lo que define a alguien no es la hostia que se pega (esa nos la damos todos), sino lo que hace después de esa hostia.

¿Es posible que por esta situación se haya centrado más en otros formatos a políticos, actores…?

No, eso lo llevo haciendo desde 2006. A Rajoy, Zapatero, Antonio Banderas,  Joaquín Sabina, gente que ya está muerta, Caballero Bonald…  Lo que pasa que cuando te hacen daño, tratas de tirar por otro lado. Sin embargo, a mí lo que me sigue atrayendo es la gente que está jodida. Alguien que te viene con unos papeles debajo del brazo y te pide que le ayudes… Ahí me siento útil. Si alguien me utiliza para engañar, pues es una putada. Pero yo seguiré a lo mío.

Los turistas en la terraza, sin comprender por qué alguien fotografía la mesa.

Una vez que el reportaje se publica, ¿mantiene contacto con los protagonistas?, como Paco, el fumador de crack; Adrián, el niño al que no le saciaba la comida

Hablé hace poco con el hermano de Paco. Sigue con su pelea de dejar las drogas y creo que tiene una causa pendiente. Iba a entrar en prisión dentro de poco… Creo que hago cosas que no debo, y una de esas es no cerrar la puerta. Soy humano y me preocupo por la gente. El periodismo tiene que volver a los sitios. Es muy difícil que la gente te vea como algo más que un periodista. Me pasó con una mujer llamada María, una mujer valenciana, educada en el Opus Dei muy católica que durante la crisis se había empezado a prostituir para dar de comer a su hijo, que tiene una discapacidad. Me llamó, contamos su historia y los servicios sociales se hicieron cargo durante un tiempo. Pasada esa etapa me volvió a llamar y le dije que no podía hacer nada más. Me respondió que se iba a suicidar y colgó el teléfono. Durante dos semanas estuve obsesionado y busqué por Google y por los teletipos de agencias si se había suicidado alguna mujer en Valencia. Estas son las cosas que pasan cuando trabajas con materia prima muy delicada, con gente que lo tiene todo perdido. Te pueden engañar, pero también te pueden matar yendo de misionero. En ese caso, te llevas el disgusto de que te salpique un suicidio. No sé si se habrá suicidado. Con el tiempo tratas de mantener más distancia pero la cabra tira al monte y alguna rendija se me cuela.

¿Y con Elrubius?

Le hice un reportaje que no le gustó. Y me lo hizo saber con un ataque tierra-mar-aire por las redes. Un tipo con 15 millones de seguidores en Youtube contra uno de Carabanchel Alto al que no sigue nadie. Batalla desigual me parece...

Hablando de sus libros, En peligro de derrumbe (Esfera) ciertamente aparece una similitud con la sociedad en crisis de los últimos años. También esa búsqueda de relatos duros en Memorias del alzheimer (Esfera).

Es un libro duro, con mucha materia prima de los reportajes que yo hice sobre la crisis. Como el caso de María, que no podía dar de comer a sus hijos, gente que se está duchando con agua fría o familias que viven con una vela porque no pueden pagar la luz. El libro aprovecha esa materia prima periodística para hacer un relato literario que podría ser el día a día de muchas personas. Fue un desgarro. Cuando terminaba una presentación siempre decía lo mismo: “Ojalá os llene tanto como a mí me vació”. No lo recomendaba a personas que estuvieran pasándolo mal.

En Memorias del alzheimer relato la vida de personas relevantes que sufrieron la enfermedad. Se trataba de quitarle el estigma a la enfermedad. Porque tu madre o tu padre tengan alzheimer, no es más distinto que Maragall o Adolfo Suárez. Son cosas muy íntimas, se desnuda mucho al enfermo, pero también inspira mucha ternura. Al final, acabas conociendo un poco más esta puta enfermedad.

No tengas dudas de que el Atleti se va a clasificar como segundo de grupo, igual que el Madrid el año pasado, y va a ganar la Champions

La putada sigue siendo la misma, la empatía supongo que también...

No, a mi me produce más empatía alguien que está solo que otro que tiene a diez personas cuidándole. La situación es la misma, pero la desigualdad no.

¿Por qué Papel ha dicho hasta luego?

Vuelve otra vez, como suplemento semanal de doce páginas. Es una mala noticia que lo hayan cerrado porque creo que es el producto de más calidad que ha habido en la historia del periódico en muchos años. Tanto en desarrollo gráfico como en calidad de contenido.

Cerrando con un particular 5+1 para El Reverso... Le preguntó a Ferreras que qué tenía más ego que un periodista. Le respondió que un periodista argentino. ¿Qué le supera?

Un tertuliano español.

¿Un nombre?

(Reflexiona durante un largo rato. Tanto que el poco té que queda empieza a estar tibio) No me atrevo.

¿Cuánto le queda a la prensa en papel?

En cuatro años ya no habrá periódicos. Desde que empezó la crisis, han cerrado el 50% de los kioskos. Y los datos de venta neta de abril de El Mundo han sido de 17.000 ejemplares; el ABC, 19.000; El País, 26.000...

¿Qué le pasará a Puigdemont?

Que se le va a caer el pelo.

Eso está difícil, tiene una buena melena.

Sí, pero... Ahora en serio, no me atrevo a aventurar lo que le va a pasar. Creo en la gente, me gusta la gente y confío en la gente que tiende puentes. Espero que a ese hombre le den un puente de salida porque detrás de él hay una comunidad autónoma que no quiero perder, que es Cataluña. Hay que tener altura de miras y descomprimir. Que el peso de la ley caiga sobre él, pero con una solución. Llevamos semanas destruyendo puentes, es el momento de construir.

Y al Atleti, ¿qué le pasará? Vale tanto Champions como liga.

No tengas ninguna duda de que vamos a pasar como segundos de grupo, igual que el Madrid el año pasado, y vamos a ganar la Champions.

Me obliga a publicarlo antes del próximo partido, por lo que pueda pasar...

Para nada, ese ya está ganado.

No hay tiempo para más. Pedro Simón se marcha sin tomarse la galleta de canela envuelta en papel de lunares que sirven con cada taza de té o café. El Pimpi, lugar de culto para el ciudadano de a pie, es testigo por unos minutos de aquellas historias que todavía no tienen final. La crítica a un periodismo científico que no deja de ser un oficio más. Y el Qarabağ en el acecho.  


P.S: Las Converse resultaron ser unas Puma talla 45.

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