Metaperiodismo

Ricardo F. Colmenero: "Nunca me he considerado columnista, yo siempre he sido periodista"

"En un club en el que estén Jabois, Tallón y Lucas quiero estar, luego ya preguntaré de qué va el club, pero en ese club quiero estar"/ "Pensaba que no valía para el columnismo porque pensaba que tenía que defender una idea con contundencia y leyendo a Gistau y a Jabois me di cuenta de que podía limitarme a plantearme dudas en público"/ "Mi vida no ha cambiado, que dos éxitos momentáneos no empañen una larga carrera de fracasos"

11.11.2018 @JPedrosa97 8 minutos

Ricardo F. Colmenero (Orense, 1977) es columnista (aunque él prefiere periodista) gallego atrapado en una isla en medio del Mediterráneo, mejor dicho, en la isla más famosa del mundo por su fiesta. Pero él no se deja llevar por la amnesia y el centro de sus columnas son su hijo, sus ex, su comunidad y otras extrañas historias que nos tienen enganchados los sábados por la mañana. Entró en el columnismo por influencia de Jabois y ahora comparten lista de ganadores del Premio Camba. Aunque, a diferencia de Jabois, él sí que conocía a Camba cuando se presentó al premio. Y tres meses más tarde pasó a engrosar también las listas del Premio Unicaja. Pero eso no es todo, por si parecía poco en abril de 2019 saca libro con Círculo de Tiza. Este chico está de dulce.

 Raúl del Pozo dice que ahora todos los niños quieren ser columnistas, ¿cómo lo ves?

Pues fatal, con la falta que nos hacen en la isla anestesistas y radiólogos. Dudo mucho que al mundo le hagamos falta columnistas.

 ¿Así de mal ves el oficio?

No, hombre, tampoco me veo como un columnista. Yo soy periodista. Lo mío es hacer entrevistas, reportajes. La columna es un entretenimiento. Si tenemos en cuenta el tiempo que le dedico sería una onceava parte de mi jornada laboral semanal.

 Pese a ello la columna se la pediste tú a Agustín Pery, ¿no?

Sí, era algo que llegado un momento me apetecía intentar. Yo adoro a Pery, de hecho me salvó la vida como profesional, pero solo me dijo que no me iba a pagar y que tenía que hacerlas en mis días libres. Y gracias a mi trabajo y esfuerzo he conseguido mantener esas condiciones (risas).

 De rebote llegaste al columnismo y de ahí al Premio Camba y al Premio Unicaja.

Sí, de rebote, o por necesidad, de repente vi que me apetecía hacer columnas. A escribir, como le leí una vez mi amigo Paco Sánchez de La Voz, se aprende por envidia, y yo empecé a envidiar a mucha gente.

 Publicas los sábados en Ibiza, ¿es tu columna un remedio contra la resaca?

Pues no lo sé. Pero bueno, es el tipo de columna que, al estar alejada del día a día, el sábado se lee muy bien, que descongestiona, y gracias a Dios en la web de El Mundo me la cuelgan y funciona muy bien; tiene sus lectores y yo estoy encantado de dar una lectura amena, o aparentemente amena. Porque es verdad que muchas veces tocas temas muy serios a los que intentas aplicarles la ironía, cierto humor. Te centras en eso que llaman la épica de lo cotidiano. Es actualidad, pero no es la actualidad del día a día; entendida como la última tontería del político de turno. Es actualidad universal, por decirlo de alguna manera. Para mí la minusvalía de mi hermano o mi hijo, o todas las veces que he sentido miedo o he estado enamorado es actualidad pura y dura, y para mucha gente también.

 ¿Crees que en Madrid podrías hacer el mismo tipo de columna o te arrastraría la corriente política?

Normalmente cuando hago columnas para Madrid no hago el tipo de columna que escribo los sábados. En las columnas que van a Madrid hago más actualidad periodística, igual que en los editoriales que hago para la Radio Galega e IB3. Es verdad que a lo mejor Pedro Simón o Carmen Rigalt escriben menos de actualidad, que también tienen cabida. Pero cuando escribo para Madrid normalmente me suele tocar sustituir a Jiménez Losantos o a Bustos y el lector espera encontrarse a Jiménez Losantos o a Bustos. Entonces si se encuentran conmigo no puedo hablarles de una ex novia que me dejó su ropa tres meses en mi armario. Intento que el lector se siga sintiendo cómodo en el espacio de otro que estoy ocupando temporalmente. Cuando he tenido columna fija en nacional, que fue en la época de David Jiménez y Pedro Cuartango de directores, tampoco trataba los temas que dejo para los sábados, que creo que es su ámbito correcto.

 ¿Es tener un hijo una mina de inspiración para escribir columnas?

La verdad es que sí y no me lo esperaba. Cuando te sientas delante del ordenador y ves lo que se te ocurre y tienes un niño pequeño es muy difícil que tus primeros pensamientos no vayan en esa dirección. Tampoco me siento obligado. Sí que me sentí obligado cuando GQ me pidió que hiciera columnas solamente sobre mi experiencia como padre. Me dijo el director Alberto Moreno que quería que escribiese una columna a la semana sobre eso y le dije que era imposible, pero al final logré que me salieran quincenalmente. De hecho a raíz de esos textos me empezaron a llegar ofertas editoriales, por esa forma de contar la paternidad, un poco canalla y cruel. De hecho en el libro de Círculo de Tiza, que sale en abril, confieso que no quería tener a mi hijo y todos los problemas que me causó. Imagínate contar esto y que el lector se descojone. Siempre intentas hacer los textos para que puedan leerlos tanto el que tiene hijos como el que no los tiene y además no le interesa lo más mínimo. Para mí el mérito del periodista, y también del columnista, es hacer que el lector lea hasta el final textos en los que inicialmente no estaría interesado.

 ¿Cambia tu vida después del Camba y del Unicaja? ¿Se liga más?

¿Si se liga más? ¡Jolín, espero que no! (Risas) El Camba me hizo muchísima, muchísima ilusión. No solo por ser el más antiguo, por el dinero, que siempre viene muy bien para pañales, o porque sea en Galicia, sino sobre todo por quiénes lo han ganado antes, que es lo que muchas veces da prestigio al premio. Estos premios tan gordos se le dan a Manolo Rivas, a Ángeles Caso, a Trapiello, a Savater. Se lo llevan firmas muy consagradas. Siempre piensas, bueno, no me lo van a dar a mí. Y mira, a la tercera vez que me presentaba. Y ya luego a los tres meses te dan el Unicaja, que aunque es muy antiguo también y lo han ganado profesionales muy grandes, es un premio que me enteré quince días antes de que existía. Y te dicen: “Oye, que también has ganado”. Además no puedes presentar la misma columna con lo que se supone que tienes que tener más de una más o menos decente. Tampoco creo que sea la mejor la del Camba y la otra la segunda mejor. De las cincuenta que hago al año igual hay diez que te salen decentes y elegir entre esas ya es muy difícil. Pero te aseguro que mi vida no ha cambiado. De hecho espero que estos dos éxitos momentáneos no empañen mi larga carrera de fracasos.

 Dice Jesús Nieto que para ser columnista hay que ser gallego en Madrid, tú eres gallego en Ibiza; ¿te has pasado ya el columnismo?

Pasa una cosa curiosa, es verdad que yo vivo en las islas; pero si empecé a leer columnas es porque empecé a leer a gente que pensé: “¡Uy!, puedo intentar hacer esto o por lo menos me gustaría intentarlo, al menos”. Es verdad que leo siempre a Tallón, Cabeleira o Manu de Lorenzo, pero no leo sólo a gallegos, estoy enamorado literariamente de Milena Busquets, que es catalana. Leo desde la carrera a Rigalt y Elvira Lindo. Ahora he descubierto a Susana Prosper que escribe en Diario de Ibiza. Es verdad que mi estilo sí que apunta a los gallegos y a lo mejor tiene un cierto sentido que me den un premio en Galicia, pero escribo en Baleares y en Madrid, y también se te reconoce en Cádiz.

 ¿Sueles buscarte en internet?

La verdad que no. Hace años sí, y por estas cosas raras de google si ponía mi nombre y le daba a imágenes salía Mark Vanderlooo, y pensé, pues para qué vas a buscar más.

 Desmitficamos entonces aquello del ego del columnista en tu caso, ¿no?

Hace falta cierto ego para hacer artículos de opinión, para defender ciertos argumentos con contundencia. Por ejemplo, en la tribuna es un experto el que habla de un tema que conoce: es el abogado o el juez el que te habla de una sentencia, el científico el que te habla del siguiente avance; el periodista de opinión, y lo sabe todo el mundo, raras veces tiene conocimientos para saber de qué está hablando. Eso hace mucho daño al periodismo, sobre todo la figura de cierto tipo de tertuliano. Por eso yo siempre he intentado huir de eso. De hecho pensaba que no valía para el columnismo porque estaba convencido de que tenía que defender una idea con contundencia y sin fisuras. Pero leyendo a Gistau y a Jabois me di cuenta de que podía limitarme a compartir mis dudas en público y a abrir cuestiones con cierto estilo, con humor, desdramatizando, que los intensitos me dan mucha pereza. Pero todo esto lo diferencio del columnismo literario, que es el que hago los sábados, y que ya es otra cosa, y donde el lector sabe que si hablo de mi hijo o de mi vecino tiene la garantía de que el que sabe soy yo y nadie más, y funcionará si en el texto en lugar de verme a mí se ve a sí mismo, a su hijo o a su vecino.

 ¿Te consideras hijo de Umbral, como dicen que son todos los columnistas actuales?

Yo no. Igual me han influenciado otros que sí se han empapado de Umbral, bueno, casi seguro.

 ¿Crees que el columnismo es un mundo machista?

Pues espero que no.

 ¿Y del cipotudismo qué opinas? Hubo quien te encuadró a ti dentro del movimiento.

Del cipotudismo lo que sé es que salió de un artículo muy divertido hace unos años. Fíjate si estoy fatal que no lo vi como una crítica. Creo que encuadraba a Jabois, a Tallón, y a Antonio Lucas. Yo si me aceptan en un club en el que estén Jabois, Tallón y Lucas quiero estar, luego ya preguntaré de qué es el club.

 ¿Qué es lo más raro que te ha pasado como periodista?

Buff, quedar con Aznar y aparecer yo acompañado de Massiel, estar viendo fotos de mi hijo con Paris Hilton, robarle un juego de playstation a la camorra napolitana, salir con Fraga y monseñor Barrio en la portada de El Correo Gallego, ir de cena a un castillo con Silvio Berlusconi, que me pillaran por la calle para un casting para ser el doble de Pablo Echarri en la película ‘Apasionados’, conocer a mi mujer durante una entrevista a Ricardo Urgell en Pacha… no sé, puedo seguir.

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