Metaperiodismo

'The biggest world story': cuando la Guerra Civil atrajo a los "románticos" reporteros extranjeros

"Desde finales de julio de 1936, y durante dos años y medio, resultaba habitual encontrar al sur de los Pirineos a los más grandes periodistas del mundo".

29.05.2017 @dpelagu 6 minutos

¿Qué tienen en común Ernest Hemingway, Mário Neves, Antoine de Saint-Exupéry, John Dos Passos, Martha Gellhorn o George Orwell? Aparte de ser auténticas leyendas de las letras globales del pasado siglo, todos ellos estuvieron presentes, en calidad de reporteros, en la Guerra Civil española (1936-1939). La Universidad de Málaga ha organizado durante los días 25 y 26 de mayo el congreso "Periodismo literario y guerra civil", donde distintos investigadores nos han hecho partícipes de las historias de literatura y periodismo de una guerra que fue fabulada y romantizada desde una comunidad internacional a las puertas de su propio conflicto bélico: la periodista Anne Sebba llega a hablar de la guerra fraticida español como the biggest world story, la mayor historia mundial. Lo reflejaba también el recientemente fallecido historiador hispanista Hugh Thomas:

Así como, hacia 1850, fue la gran época de los embajadores, los años treinta constituyeron la edad de oro de los corresponsales en el extranjero. Desde finales de julio de 1936, y durante dos años y medio, resultaba habitual encontrar al sur de los Pirineos a los más grandes periodistas del mundo.

La creciente hostilidad prebélica internacional era obvia y la condición de la Guerra Civil española de muy posible prefacio de una contienda mayor, como finalmente fue, hizo que acaparara las miradas de todas las potencias mediáticas. Polarizada estaba España y polarizado estaba el mundo, por lo que el retrato internacional estaba inevitablemente condicionado por los intereses ideológicos de la propia nación de origen: los corresponsales estadounidenses, franceses e ingleses reflejaron la guerra desde el bando republicano, fundamentalmente; mientras que los italianos o portugueses lo planteaban desde el prisma sublevado. No obstante, algunos reporteros como el portugués Mário Neves, tras cubrir la matanza de Badajoz en manos del franquista coronel Yagüe, aparcaron todo romanticismo político: "Me voy. Quiero salir de Badajoz, cueste lo que cueste, tan pronto como sea posible y con la firme promesa de mi propia conciencia de no regresar".

 

Entre la referencialidad y la fabulación

En las intersecciones entre periodismo, literatura e historia, podemos situar obras como la reconocida Homenaje a Cataluña, de George Orwell. Alberto Lázaro, catedrático de la Universidad de Alcalá en filología inglesa, da un paso más allá y señala otras crónicas en lengua inglesa de interés: Boadilla, de Peadar O’Donnell, que cuenta la historia de la batalla homónima en la que murieron milicianos republicanos compañeros del autor; Reporter in Spain, de Claud Cockburn, cuyo fin persuasivo era cambiar la política de no agresión anglosajona que tanto favoreció al bando franquista, o The crusade in Spain, de Eoin O’Duffy, una poco habitual crónica desde la perspectiva del ejército nacional.

Todas ellas bailan entre el periodismo y la literatura, experimentando con la primera persona y el narrador omnisciente, el detallismo hiperrealista y la caricatura; sirviendo de precedente para el posterior desarrollo de la novelística de no ficción y el Nuevo Periodismo. El catedrático Lázaro toma como referencia a Albert Chillón para descartar en estas obras los conceptos de verdad o realidad objetiva, sino que plantea que se pueden clasificar según su mayor cercanía a la referencialidad o a la fabulación. Así pues, muchos de estos relatos tomaban la excusa del acontecimiento real de la Guerra Civil para crear algo cercano a la fábula o incluso a la mitología.

A ese respecto, todos los autores de estos obras que señala Lázaro, Orwell incluido, manifestaban en sus primeras páginas la enorme dificultad de crear un relato que no resultara sesgado o propagandístico de un conflicto tan polarizado. Los prejuicios ideológicos previos de los autores, así como la elección del bando en el que se empotraran, determinarían inequívocamente el tono final de cada libro. George Orwell, que sería capaz posteriormente de crear fábulas entre la delicia y el terror ideológico -1984 o Rebelión en la granja- que le darían prestigio internacional, es el autor más cercano a la referencialidad histórica de los estudiados por el doctor Lázaro, según la opinión del propio investigador. En Homenaje a Cataluña, sería el único, a su juicio, capaz de mantener una visión templada y detallista de un conflicto demasiado real, que se convertiría en fábula profética de lo que llegaría muy poco después a nivel internacional.

 

La voz infravalorada de las reporteras de guerra

En la habitual enumeración de los periodistas de prestigio presentes en la contienda, suele vencer por mayoría -sino por unanimidad- el género masculino. No debería sorprendernos del todo (Lemish sostiene que "son mayoritariamente los hombres quienes perpetran la violencia, quienes organizan una respuesta violenta y quienes presentan historias mediáticas al respecto"), sin embargo las mujeres también cuentan con una larga tradición de corresponsales extranjeras -como sostiene la doctora Dolors Palau Sampio, cuyo magisterio seguiremos en este epígrafe-, que "han sido objeto de numerosas limitaciones y prejuicios sobre el alcance o características de su trabajo: feminización del reporterismo de guerra, más atención a su aspecto físico, indumentaria o relaciones que a su trabajo...", según explica la propia Palau.

La lista de reporteras de guerra en la contienda española es larga: Dorothy Parker, Frances Davis, Nancy Cunard, Rose Smith, Francesca Wilson, Gertrude Gaffney, Maria Osten… A veces, sus crónicas se presentaban con subtítulos como 'A woman in the Spanish War' ("Una mujer en la Guerra española") o similares. Martha Gellhorn es probablemente la más reconocida de las corresponsales bélicas, mas a día de hoy la mayoría de sus referencias populares se basan en su matrimonio con Ernest Hemingway, de quién se divorció tras sólo cinco años de matrimonio tras constantes solicitudes de este de que disminuyera sus viajes en solitario por la Europa de la 2ª Guerra Mundial.

Gellhorn tuvo su primera experiencia como corresponsal de guerra en España y, como afirma Beasley, su aportación trasciende a la mera singularidad de ser una de las pioneras en la profesión. Su vocación, según explica la doctora Palau, es la de ser testigo y recoger el testimonio de quienes sufren las consecuencias del enfrentamiento, informando "desde el suelo hacia arriba, no en la dirección inversa", afirmaba la propia Gellhorn. La reportera detallaba su filosofía de trabajo en el II Congreso de Escritores Americanos (1937): "El escritor es una figura de acción y necesita tener un vínculo directo con la verdad". También afirmaba que, en determinados momentos de extrema gravedad, suspendía cualquier sentimiento o emoción y se convertía en "una grabadora móvil con ojos". No trata de poner el acento en la tragedia, no incide y subraya innecesariamente: la sobriedad le resulta mucho más objetiva. La doctora Palau ofrece alguna de sus claves estilísticas:

Se desplaza entre los lugares básicos de cotidianeidad alterada y las trincheras del frente, pasando por fábricas de armamento. Capta el ambiente con todos los sentidos: se recrea en los sonidos de la guerra, los olores y texturas recreadas con plasticidad, recogiendo la sensación de la interminable espera en tiempo de guerra. Realiza una identificación genérica de las víctimas de la guerra, a veces solo a través de los nombres, y cuando ofrece descripciones, se trata de pinceladas muy sobrias: fomenta la sensación de que “podría ser cualquiera".

El periodo entre 1936 y 1939 sentaría estas bases estilísticas de Gellhorn, que posteriormente continuaría con una carrera brillante en la que narraría la II Guerra Mundial en diversos focos (el relato de la liberación del campo de concentración de Dachau es destacado por la doctora Palau como su más probable obra maestra), el Vietnam e incluso la guerrilla nicaragüense cuando ya rondaba la ochentena. En 1998, tras 89 años de intensa vida, Martha Gellhorn se quitaba la vida tras una larga agonía provocada por el cáncer, sesenta años después de su primera experiencia como reportera, en la fábula fraticida la Guerra Civil española.

 

Etiquetas, , ,
Artículo anterior Artículo siguiente