Metaperiodismo

Una historia de periodismo y ciencia

Ciclo "Sala de columnas: especialización periodística y divulgación", organizado por la Fundación Manuel Alcántara (I)

20.10.2016 @santiago_mruiz 5 minutos

No hace viento; la bandera de España está caída sobre el mástil que la sostiene en la plaza de la Constitución de Málaga y son las siete de la tarde. Un muchacho la admira, con la cabeza ligeramente inclinada, es rubio y lleva una gorra blanca. A unos pocos metros otro chico le hace fotos a la calle Compañías pero, inconscientemente, una madre con hiyab y sus dos hijos en el carrito se mete en el plano e interrumpe la fotografía. Los colores rojizos del ocaso se canalizan por la calle iluminando las fachadas de los edificios y a las siete y veinte una columna de estudiantes, siguiendo aquella postrera luz del día, entra en la Sociedad Económica de Amigos del País cuya inscripción reza «Socorre al diligente. Niega al perezoso» datado de 1776. En el interior se abre un patio y, en una mesa que se encuentra a la derecha, hay un legajo lleno de folletos que titulan «SALA DE COLUMNAS». Los estudiantes continúan su camino hasta la primera planta. Ya en la sala, estrecha y con los bancos tapizados en terciopelo, se erige, en el arco de medio punto, el escudo de la familia Real con dos ángeles y, al fondo de la sala, un retrato de Carlos III con un marco dorado.

La sala cuenta con una gran mesa donde hay dispuestos vasos de agua, tres micrófonos y cuatro sillas. En el lateral izquierdo, hay una cámara de vídeo y, unos pasos más adelante, antes de subir donde está la mesa hay un fotógrafo que lleva varias cámaras; mira su reloj y, seguidamente, a la mesa solitaria que aguarda a los ponentes.

Al rato, llegan los conferenciantes, a saber, Enrique Fernández Borja, José Cervera y Antonio Calvo Roy, detrás de ellos, el moderador, Teodoro León Gross. Todos ellos toman asiento, y, tras un lapso mirando a la audiencia, el moderador lanza el discurso introductorio y presenta a los ya mencionados.

El primero en hablar es Antonio Calvo Roy, gabardina beige similar a la de Humphrey Bogart, pelo rizado y canoso, y gafas al estilo Lennon. La vehemencia, la rapidez y la seguridad de sus palabras atraen la atención del público. «El periodismo científico es un instrumento democrático», dice convencido el periodista y Presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica. Además aboga por la necesidad de que la sociedad requiera de los conocimientos necesarios para comprender la información científica y se interese en buscarla. «Saber, contar, ordenar» es el vademécum del periodismo científico. Entretanto el moderador mira al infinito y José Cervera contempla el arco donde se encuentra el escudo de la Familia Real. Al finalizar el aserto, Enrique Fernández Borja, el más joven de los cuatro, toma la palabra, lleva camisa, vaqueros y un pendiente en la oreja izquierda —también tiene algunas canas—; agradece la invitación al coloquio pero se tropieza al pronunciar la palabra Alcántara, que da nombre a la fundación que organiza el evento. Su discurso a veces irónico, otras satírico, critica la incomprensión y la tergiversación de los periodistas a la hora de contar y transmitir lo que les dicen los científicos y su carencia de conocimientos para entender el léxico y casi cualquier tema que traten con ellos. Pero mantiene su fe en el periodismo cuando afirma «el periodismo debe acercar la ciencia a la sociedad» y que «los periodistas deben formar e informar» —concluyendo su aseveración—.

José Cervera lleva una chaqueta verde botella que recuerda la de los militares y una larga barba. El señor Cervera es biólogo y periodista. Y mirando por el ángulo del ojo a su compañero y con media sonrisa, está listo para intervenir, convierte el coloquio en una batalla dialéctica discrepando totalmente con las visiones de sus contertulios. Cuando se dispone a hablar mira fijamente a Calvo Roy y declara «la razón para hacer periodismo y ciencia es que mola», al oír esto el moderador suelta una leve mueca sonriente. «El periodismo y la ciencia —prosigue— se mueven por contar historias, son narrativas, es historia, Las historias tienen un poder especial», el tema reanuda con la controversia de si los periodistas o medios han de ser una herramienta de educación o no es de su competencia, buscan, por otro lado, quiénes son los culpables de la poca credibilidad de los periodistas «¿Quién se equivoca, los medios, los periodistas o los científicos?», interpela León Gross. El cámara ha dejado de hacer fotos, está inmerso en la exposición de los participantes. En ese momento toda la sala presta atención al continuo debate que, aun habiendo empezado con una potencia oratoriaciceroniana, termina por desinflarse; muchos asistentes comienzan a prestar atención al teléfono móvil, lo bolígrafos han dejado de sonar, las cabezas gachas están obnubiladas en esos aparatos que han sustituido por el cuaderno de apuntes.

Los últimos coletazos del coloquio se tornan en un debate más sosegado sobre la situación actual del periodismo, tanto en la universidad como en los medios de comunicación. Todos coinciden en que está sumido en una crisis pero, quizá, con mucho esfuerzo y los nuevos graduados, resurja la figura del periodista de nuevo como el salvador de instantes y el cantor de lo cotidiano que es —como bien definió Manuel Alcántara la figura del periodista—. Así finaliza la primera «sala de columnas», con grandes consideraciones —del griego, sedereo, literalmente, morar las estrellas— sobre la profesión y su relación con la ciencia. Un aplauso notable envuelve la sala cuando el moderador concluye el coloquio con un «muchas gracias».

La mesa vuelve a estar vacía, las sillas solas, y el retrato de Carlos III contempla los últimos que salen por la puerta; bajan las escaleras y de vuelta en la calle Compañías la luz del crepúsculo ha sido reemplazada por la de las farolas y por la luminiscencia de las estrellas.

A la salida, en un bar cercano, rodeados de extranjeros, unos músicos tocan unos boleros. En la calle Larios se dispersa aquella columna de estudiantes, unos aprovechan la noche, los que bajan, vuelven a sus hogares.

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