Miscelánea

Terror entre líneas

No puedo. Por más que me empeño; hoy, no. No sé escribir de lo que me propongo escribir. Mis manos no teclean los dictados de mi cabeza. Van solas y me temo que no hay nadie al volante. Trato de dirigirlas hacia una columna que pretende ser periodística; pero se quieren ir a la filosofía […]

06.06.2017 @PrincesaOnAir 2 minutos

No puedo. Por más que me empeño; hoy, no. No sé escribir de lo que me propongo escribir. Mis manos no teclean los dictados de mi cabeza. Van solas y me temo que no hay nadie al volante. Trato de dirigirlas hacia una columna que pretende ser periodística; pero se quieren ir a la filosofía del ensayo que conjuga sentimientos.

Debe de haberme afectado el alcohol que destilan las crónicas amarillistas. No les encuentro el sentido. La actualidad es sensacionalista por si misma. Una bomba explota o un coche descarrila a posta cada día. Podría decirse que el terrorismo ha dejado de ser noticia aunque su narración, como denuncia, sea obligada. Personalmente, no me quedan miradas, emociones ni palabras. Me he vuelto intolerante a la intolerancia.

¿Qué se le dice a un padre que acaba de perder a su hijo?, ¿qué se le dice a una hija que acaba de perder a su madre? Quizá, no sé, eran daños colaterales en una guerra que divide el mundo entre fanáticos e hipócritas. Unos venden armas y otros, las usan. El resto, los votamos. Es curioso, daños colaterales: es un gran eufemismo el que ha caído en desuso.

A ver, qué se dice. ¿Una ‘juancarlada’? “Lo siento mucho. Nos hemos equivocado y no volverá a ocurrir”. ¿Somos conscientes de que podemos haber errado todos y no solo quien se inmola con un cinturón de explosivos? Porque está claro que quien mata es culpable. Pero, ¿por qué lo hace?, ¿qué le lleva a pensar que somos tan malos que hay que acabar con nosotros?, ¿es apenas una cuestión religiosa?, ¿puro adoctrinamiento?…

Fijáos. Sola y sin pensarlo, ya me he situado en un bando. El de las víctimas, el bando de los potencialmente asesinados. Y no justifico. No disculpo. Solo me pregunto por qué. ¿En qué medida hemos podido contribuir todas y cada una de las personas que componemos este mundo para convertirlo en este enjambre de odio? Y, sobre todo me cuestiono si será más odio lo que nos saque de todo esto. Odio y fotitos con lazos enlutados en las redes sociales.

No sé en qué momento fijar el punto de separación entre buenos y malos ni cuándo arrancó el principio del fin. Solo espero que el fin sea el principio de algo nuevo.

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