Política y economía

Constitutio, qui prodest?

La reforma de la Constitución

02.03.2016 @fcovargas 4 minutos

Insisto. Es el tema de moda. Todo el mundo quiere reformar la constitución. Todo el mundo quiere volver al siglo XIX. Parece que hay una necesidad de trascender de nuestra clase política. Lo que no escriba de ellos la historia, que lo escriban las leyes.

Las constituciones son las reglas del juego básicas de las que mana el resto del ordenamiento jurídico. Por decirlo de otra manera, son la guía que ha de regir el devenir de las naciones que se acogen a ellas. Es por ello que tanto su elaboración como su posterior tratamiento suponen debates tan vivos, a la par que delicados por lo que suponen de riesgo para el futuro de los individuos.

La historia reciente de España, nuestro fracaso como nación y nuestros complejos hacia fuera, así como nuestras más cainitas luchas, han tenido como causa una sucesión de constituciones unas contra otras. Sí, unas contra otras. Desde la Pepa en adelante, todas nuestras constituciones se han hecho contra algo o contra alguien. Siempre buscando enemigos y excusas para no afrontar lo que debía ser una constitución en España: el encaje de bolillos de nuestra milenaria historia. Siempre nos encontramos con el conmigo o contra mí; o lo que yo diga, o la nada.

Hasta que llegó 1978 y conseguimos, por primera vez, conjugar nuestros anhelos y desvelos todos a una por nosotros mismos, por nuestro futuro y prosperidad y no contra nadie.

1680617270_fad8141694_o
Pedro Ignacio Guridi

Esta constitución puede que no sea perfecta, pero es que eso es lo mejor que tiene. Que es de todos porque no es de nadie. Porque nadie la puede reclamar completamente en propiedad. Todos cedimos y todos ganamos. Son las reglas del juego. Y escribo en primera persona del plural porque mi generación, nuestra generación, no es ajena al esfuerzo que hicieron nuestros padres por romper con lo peor de nuestra historia. Así que, ¿por qué este empeño en hurgar en lo mejor que tenemos cuando hay otras formas de conseguir los objetivos particulares de las distintas opciones políticas?

Nuestra constitución no necesita una reforma a fondo. Lo que necesita nuestro sistema político es desarrollo normativo y no una reforma. Lo primero hay que ganarlo en las urnas, lo segundo en los despachos… y con carácter de permanencia. Prácticamente cualquier reivindicación de parte que se presenta como inasumible sin reforma constitucional previa puede desarrollarse legislativamente gracias a la constitución y no a pesar de ella. Desde el derecho a la vivienda al Estado federal, pasando por la reforma del Senado o la garantía de los servicios sociales. Tan sólo hace falta consenso, un bien tan escaso como preciado en nuestros días.

Quizás nuestra constitución sí necesite cerrar lo que se dejó abierto: el estado autonómico, las disposiciones transitorias eternas, ¿la Jefatura del Estado?… Pero lo que sí que no necesita es llenarla de ideología porque entonces ya no serán las reglas del juego, sino que se convertirá en un trágala. Se trata de adaptar el marco a nuestras necesidades y no de adaptarnos al marco de convivencia.

Sin embargo, como ya comenté, la mal llamada nueva política busca ocultar sus defectos y su falta de consenso imponiendo en la base de nuestro sistema político y jurídico lo que no son capaces de conseguir vía sufragios.

Si alguien quiere decir a los españoles que no tienen derecho a tener los mismos servicios y oportunidades independientemente del lugar donde hayan decidido vivir, que se presente con ello a las elecciones y que los españoles decidan. Pero que no lo impongan en el texto sagrado para que no se vuelva a abrir ese debate. O vuelvan a cargar contra el enemigo más débil, pero que genera los mayores afectos en los ciudadanos: los ayuntamientos y diputaciones.

Los ayuntamientos ya estaban ahí antes que las provincias, las regiones y las autonomías. Cuando luchábamos contra el moro no había provincias ni autonomías, sino pequeños reductos de población que vivían de forma autónoma a las puertas del enemigo. Fue un alcalde el que declaró la guerra a los franceses y no un gobierno cobarde que se había rendido en Bayona al gabacho.

Quien quiera presidir España, debe tener soluciones para todos los españoles y no pretender adaptar el modelo territorial, las costumbres y la cultura a sus necesidades concretas, los autodenominados partidos del cambio deben dejar de ser partidos predominantemente urbanos y escuchar lo que todos los españoles, en todos los rincones de nuestro país, tienen que decir. Es una de las cosas buenas que tiene la actual constitución: ampara la libertad de los ciudadanos de residir donde quieran y no donde puedan.

Por lo tanto, cabe preguntarse a quién benefician y por qué cada una de las propuestas de reforma constitucional. Sólo así podremos valorar de forma efectiva su necesidad. Y en este análisis hay que tener especial vigilancia con las formas del debate y no sólo con el fondo, pues en ocasiones lo que se pretende es volar por los aires el marco de convivencia que nos hemos dado, devolviéndonos a lo peor de nuestra historia reciente.

Etiquetas, , , , , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente