Política y economía

La nueva democracia de Podemos

Podemos es el partido político que muchos españoles venían buscando desde que estalló esta crisis económica, social, cultural y humana, sobre todo a partir del 15M, donde se vio con buenas brisas otra forma de hacer política.

04.06.2016 @emilioarnao 8 minutos

Podemos es la nueva naturaleza en donde el hombre se encuentra consigo mismo y desea cambiar al hombre que lo han hecho. El hombre no es un estar, sino un ser, ser para sí mismo y para la comunidad. Entre todo hombre y toda sociedad debe verterse la simpatía, la ternura, el respeto, la concordia, la bonhomía y la revolución. No hay revolución sino hay un solo hombre que la busque, que la diga, que se proponga hacerla, teniendo en cuenta que en solitario sólo conseguirá la heroicidad de las causas perdidas, pero en colectividad esas causas pueden arribar a una navegación de ilustres sabios, que aun sin mucha cultura, asomen un conjunto de transformaciones políticas y sociales que, tarde o temprano, ha de llegar, como siempre ha llegado a cualquier ciudadano la alegría de sentirse vivo, de entrenzar los caminos, para todos juntos devolver esa calidad de individuo o de paria y volver a adquirir el termostato de una verdadera y segura entidad cívica. El civismo siempre ha derrocado a los imperios. Todo imperio al final cae, porque la fuerza carece de legitimidad, porque la brutalidad es transformada por una voz que quiere dejar de ser amordazada, en ese burka que colocan los siniestros poderes para evitar que se detallen el valor, la decencia, la igualdad y la libertad. ¿Qué ha sido de la libertad?, me pregunto.

Y también me pregunto: ¿para qué o para quiénes escribo yo este artículo? En primer lugar, haciendo un modesto alegato sobre mi persona, creo que este texto se hace imprescindible para los tiempos convulsos en que vivimos. Por eso es necesaria una belleza que sea a su vez convulsa, como diría Breton. Podemos necesita palabras, discursos, método, programa, concienciación. Este libro es el modesto intento de procurar concienciar al ciudadano de lo que puede ser posible y de que ha llegado el momento de no callar ya nunca más. ¿Qué es este artículo? Sencillamente, una semilla en esta inmensa naturaleza que son los hombres y mujeres españoles -y por extensión de otras naciones, pueblos, razas, mundos- con la que apuntalar la idea de una plataforma social o movimiento que ha tomado el rumbo hacia Ítaca no hace demasiado tiempo, pero que en ese tiempo se ha extendido por toda la nacionalidad española como una avalancha de lenguaje novedoso y directo que dice, contradice, se alarga, se estima, genera optimismo ante esta decadencia en la que el pueblo español está viviendo en el día a día, decreto tras decreto, mentira tras mentira, largas hogueras de la vanidad que ya han demostrado que no pueden salvar a una nación sino es con la deflagración de un lenguaje arcaico, de un clima político obsoleto, de una peregrinación hacia ninguna parte en donde el pueblo, la gente, el obrero, las clases medias, los hambrientos por fin quieren tomar definitivamente la palabra, como lo pedía Blas de Otero.

¿Qué encontrarán ustedes en este artículo? Sobre todo, mucha pasión, pero también mucho rigor con todo lo que se expongo, pues el hartazgo es tan sublimemente atronador contra el yunque que es necesaria ya una renovada dialéctica que detenga todo este caos adonde nos han conducido unos golfos y una clase política y económica de la cual es imprescindible escapar, vacar, huir, ahondar; por consiguiente, se hace preciso resaltar novedosos proyectos y poderosas ideologías que no sean más de lo mismo. Yo estoy seguro que los españoles ya no soportamos más esta denigración, esta vulneración de los Derechos Humanos, esta falta de respeto por la Constituciòn de 1978, esta crisis que sólo está sirviendo como tapadera del verdadero ideograma de un conservadurismo que, con trampas y engaños, quiere indicar, desde su profunda convicción, que hay que acostumbrar a cada uno de los españoles a que pensemos como ellos estiman. El neoconservadurismo español sólo apela a un sectarismo al que muy poco le importa esta gran nación, pues únicamente actúan desde el cortijo como capataces de esa gran puta que es Europa.

De momento, este artículo quiere consumar una serena alegría. ¿Por qué? Porque estoy seguro que la incorporación de la mayoría de los ciudadanos españoles todavía amarra a su sana mentalidad una esperanza que parecía que subyacía en los sotanos de los metropolitanos, pero que a raíz del 15 de mayo de 2011, con el estallido del 15M, todo ha ido evolucionando hacia lugares en donde no está escondida la oscuridad, el oprobio, la nolición, sino este gran país que somos y que nos toca ahora remodelar y reconstruir desde sus cimientos hasta la punta del pararrayos. España siempre ha sido una nación valiente -revísese la Historia-, y en momentos duros como los que nos hacen vivir esta gente sin memoria y angostada en la mediocridad toca ya reformar esta nave de los argonautas que se nos ha quedado sin remos y sin Odiseo, pues quienes van al mando sólo son sirenas que nos quieren aterrar con sus cánticos persuasivos. Ellos tienen los Bancos, pero nosotros tenemos la palabra. Ellos tendrán los medios de comunicación, pero nosotros tenemos la comunicación como medio para concentrar todas nuestras energías vitales. Este artículo sólo pretende ser una energía más, el origen de una sensibilidad que palpita por todas partes, por las plazas, por los barrios, por los puertos, por los pueblos, por esas ciudades espléndidas en las que quería entrar el poeta Arthur Rimbaud.

Debe haber salud nacional. Sin salud, el pueblo enferma y es justamente en esos momentos cuando el veneno -la casta política- aprovecha la distracción y convierte lo legislativo en imperativo, lo ejecutivo en integrismo, lo prometido en venganza, el hermetismo en insensibilidad. Pero “¿cómo se produce el despertar de esta corriente profunda de solidaridad?”, decía Ortega. No es tan difícil. Sólo es necesario conceptualizar la dignidad y clamar por la justicia. Lo justo, decía Sócrates, debe prevalecer en cualquier entidad cívica, y, sobre todo, política. Estamos abocados al traslado de unas de las mayores injusticias que en la historia de este país está adquiriendo un nivel de moderna geometría. Desde la guerra civil no se recuerda tanto oligopolío, tanto absolutismo, tanta dictadura disfrazada por una Transición en la que nos engañaron a todos los españoles. ¿Entonces qué hacer? Hay que tenerlo claro. Hemos de ser más inteligentes que la casta. Hemos de leer nuestra filosofía, que viene desde las calles hasta las universidades, desde el obrero hasta los ateneos, desde la ama de casa hasta los jueces decentes. Lo que debemos hacer es derribar a este Viejo Régimen definitivamente, para que no vuelva a aparecer una estafa como la que nos ha facilitado y con la que nos ha ultrajado. Después de esta humillación y esta acorde repugnancia, sólo nos resta permanecer unidos, severos, aplastantes, seguros de nosotros mismos, dinamiteros de los castillos, como en la Bastilla, sueño y quimera hechos realidades palpables,activadoras e inmediatas como la voluntad de nuestro carácter eminentemente combativo. Las nuevas clases españolas quieren crear una gravitación espiritual que sea el íntimo homenaje a nosotros mismos desde el privilegio societario de una nación que, se quiera o no, nos pertenece. Vienen ya los hombres vestidos de ejemplaridad y autoridad públicos. Ésos somos nosotros.

Este artículo quiere editar la convulsión de las conciencias desde un resumen que será ampliado  con más artículo de esta naturaleza en lo sucesivo, aquí en “El Reverso”, que es el lugar adecuado y múltiple donde uno puede reflexionar A Fondo. La neodemocracia, la ciudadanía, la indignación, la economía, esta España invertebrada, Europa, América Latina, el neoliberalismo, el nuevo lenguaje, la creación de esfuerzos, el programa, y así todo seguido irán saliendo en estos artículos políticos que, como digo, sólo intentan alterar conciencias y producir otros sabores en donde la habilidad de todo hombre sea capaz de resquebrajar toda obediencia ciega. Toda obediencia supone una docilidad. Y por ahí no vamos a tragar. Obedecemos los mandatos, los decretos leyes, la monarquía, el juego del monopoly, una suerte de formas con nombres y apellidos que alternan la corrupción con la egolatría. Estamos hartos de ególatras, de imbéciles que ni siquiera saben usar correctamente la lengua castellana. El castellano es el mejor idioma para eminenciar la indignación. No encuentro otro. Quizá porque ya fue Francisco de Quevedo el primer indignado de la historia española, barroco y burlón, amador y gran contestario que tuvo que resistir el omnímodo poder del Conde Duque de Olivares. Muchos condes duques nos gobiernan hoy, faltando a su programa electoral con bastante mérito. ¡Cuántas mentiras hemos de soportar a estas alturas del siglo XXI¡ Este siglo será el de la transformación de la nueva izquierda, donde no caben ni partidos asalariados y financiados por la banca ni salvapatrias con su ejército de tiempos ancestrales. El Golpe de Estado ya ha sido dado. Ahora lo que necesitamos son patriotas, gente que esté dispuesta a enfrentarse al poder no con sus armas, sino con las nuestras, que no son otras que el castellano bien hablado y un método irrefutable que venza al desprestigio de una casta pública que bebe gintonics a precio de taberna en la cafetería del Parlamento. Se acabaron los borrachos, nosotros vamos subidos en el barco sobrio con nuestras alternativas y con nuestro diálogo bello como la Bella Otero. Somos más y mejores. Que no se olvide eso.

He aquí, pues, el motivo de éste mi primer artículo sobre la nueva democracia, que no es otro que el de mimetizar entusiasmo y, sobre todo, alcanzar la unidad entre la juventud y la madurez de una nación decente averiguada en un curso de nueva política -utilizando a la inversa el título del libro de Juan Carlos Monedero-. Somos mayores de edad, de tiempo cívico, de inteligencia política, de mecanismos que no nos deben dividir, en todo caso, reforzar ante este posfranquismo que tanto se ensalza en las tertulias de televisión de esa derecha extremista y decadente -financiada por el Opus-, que procura demoler toda la recontestación que los hombres universitarios añaden ante la estupefacción de estos caballeros de la CEDA que, si se les dejara, entrarían en Cataluña con los aviones de Primo de Rivera.

Por lo tanto, sacudamos las antiguas leyendas y seamos modelos de edad y tiempo orgánico. Alguien, al final de todo, cuando entremos en las espléndidas ciudades, nos lo agradecerá. La sociedad no es mito, sino hombres y mujeres que representan la función psíquica de la República frente a esta violencia física y moral que procura amilanar a un pueblo que es nación, que es articulación, que es emoción por las cosas vivas y vividas. Ítem.

Etiquetas, , , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente