Política y economía

Las seis condiciones

No habrá cambios. Todo seguirá igual. Las seis condiciones de Ciudadanos para dar el Gobierno a Rajoy son un brindis al sol de apariencias finitas hasta que los españoles vuelvan a cogerse otro cabreo.

14.08.2016 @fcovargas 7 minutos

La verdad es que gran parte, por no decir casi todo lo que ha propuesto Ciudadanos, no depende de la voluntad de los dos partidos implicados de primeras en esta propuesta, Partido Popular y Ciudadanos. Hay medidas que necesitan del consenso con otras fuerzas políticas. Y ahí, querido lector, volverá a surgir lo peor de la sociedad española, que no es otra cosa que el cainismo, el sectarismo y el oportunismo (en este caso político).

Lo inútil de la propuesta de Ciudadanos se puede resumir en cuatro preguntas: ¿Qué ha propuesto Ciudadanos?, ¿cuál es la realidad detrás de esta propuesta?, ¿por qué no va a salir adelante? y ¿por qué, si saliera adelante, no debería importarnos nada? Analicemos estas cuestiones una a una.

¿Qué ha propuesto Ciudadanos?

Los puntos que todos conocemos son:

  • Renuncia a todos los cargos públicos de cualquier imputado en causas por corrupción.
  • Eliminar los aforamientos.
  • Otra ley electoral que supuestamente sea más representativa.
  • Acabar con los indultos para los condenados por delitos de corrupción política.
  • Limitar los mandatos a 8 años o dos legislaturas, pero sólo para el Presidente del Gobierno.
  • Comisión de investigación parlamentaria sobre la presunta financiación irregular del Partido Popular.

¿Qué realidad hay detrás de todo esto?

Lo cierto es que, tras esta minipropuesta ideada para ser un meme de Internet, ya que no cabe mucho más en la pantalla del móvil (la nueva política y todo eso…) la realidad es ésta:

• La renuncia a todos los cargos públicos supone la eliminación de una garantía individual dentro de un Estado de de Derecho: la presunción de inocencia. Esto puede parecerle baladí a mucha gente, pero lo cierto es que equipara el sistema penal con el de, por ejemplo, la Inquisición o el sueño socialista de cualquier podemita. O, para que se entienda en otros términos, oficialmente tendría más derechos un asesino etarra que un político imputado. Por otro lado, no se especifica si, en el caso de ser funcionario se le exigirá al imputado la renuncia a su plaza o si, como parece previsible, tenemos que seguir manteniéndole con cargo al presupuesto público.
• La eliminación de los aforamientos parece que también es un tema que escuece en la sociedad lanar en la que vivimos. No debemos confundir privilegios con derechos. El aforamiento supone un impedimento a la arbitrariedad a la acción de los jueces y un freno a la lucha política sin cuartel en la arena judicial. Los Juzgados de Primera Instancia estarán llenos de casos en los que se podrá saber de qué pie cojea el juez de turno en función de quién ha puesto la querella y contra quién la ha puesto.
• La prensa deportiva hace ya tiempo que acuñó una frase para definir lo que Ciudadanos quiere hacer con la ley electoral: ganar en los despachos lo que no se es capaz de ganar en el terreno de juego. Vamos, un intento de cacicada cutre que ya resulta cansino.
• Lo de los indultos es un invento de los políticos para jugar a ser lo que no son: dueños absolutos de lo divino y de lo humano. ¿Por qué no acabar con esta figura que atenta contra la decencia jurídica? No debería haber más indultos que los establecidos en la ley y aplicados por los jueces, que son los encargados de aplicar e interpretar el Derecho.
• Limitar los mandatos de los dirigentes es un insulto a la inteligencia del pueblo, que se ve que lo acepta de buen grado. Esta obsesión del que manda (o lo pretende) de no fiarse de la voluntad libre y soberana de sus representados es otro de esos gestos autoritarios de político medianías. Aun aceptando esta propuesta, ¿por qué aplicarlo solamente al Presidente del Gobierno? ¿Qué hay del resto de cargos? ¿Son incorruptibles como el brazo de Santa Teresa? Parece que fuera un cargo el que corrompe a la persona. Y ya puestos, ¿por qué no aplicarlo a toda la esfera de lo público, políticos o no? Misterios por resolver de la nueva política.
• Las comisiones políticas son la forma larga de una palabra más corta: circo. Pocas cosas hay más inútiles que una comisión política. Al menos tal y como están montadas en España. Y lo peor de todo es que además las creamos ad hoc para cada cuestión, en lugar de aprovechar los órganos ya existentes. Disfruten del espectáculo, pero sin mayores pretensiones que la de tener carnaza para degollar al resto de parroquianos en su taberna habitual.

¿Por qué no va a salir adelante?

A pesar de lo poco halagüeño de la realidad detrás de las seis condiciones, podemos estar satisfechos con que no saldrán adelante.

• El pacto de renuncia al cargo por corrupción ya se ha demostrado en la práctica que se amoldará a la realidad existente en ese momento en la mesa negociadora de turno. En Andalucía es uno y en Madrid es otro (mucho más exigente este último). Siempre cabe la posibilidad que el día que toque negociar este punto por el lado popular negocie la rama masoquista del Partido Popular y terminen aceptando sin condiciones, pero es poco probable. Si hasta Ciudadanos tiene a cargo del erario público a un asesor en el Parlamento Europeo que defraudó a Hacienda…
• Sinceramente creo que la mayoría de los políticos con aforamiento renunciarían a él con tal que les dejaran en paz por la calle por este tema. Pero el problema es que quienes se dejarían renunciar, son los que menos pintan en esta historia. Al final, algunos jueces privilegiados darán que hablar en este tema. Y no sólo por la que se les viene encima, sino porque son parte afectada e esta cuestión. Y como ellos, algún otro poder en la sombra.
• La reforma de la ley electoral necesita los votos de aquellos de los que no quieren saber nada, que son los nacionalistas, los podemitas auténticos y el ala podemita del PSOE. Además, como se verá si se abre este debate, esta reforma requiere una reflexión mucho más profunda que ya abriría el melón constitucional. Y todo basado en la mentira de que cuanto más proporcional es el sistema, es más democrático.
• La eliminación de los indultos en realidad va en el mismo paquete negociador de la renuncia al aforamiento y al cargo en caso de imputación. El principal escollo a todo esto es que quienes tienen que decidir sobre este asunto son los mismos que se van a quitar los supuestos privilegios y, por ende, verse perjudicados por lo mismo. Demasiado para el body, que dirían los castizos.
• Tengo que reconocer que tengo especial debilidad por esta condición. Y no va a salir porque los primeros que tendrían que irse son los firmantes. No va a ocurrir.
• Bueno, lo mismo lo de la comisión política sí sale adelante, pero preparen horas y horas de telediario sin trascendencia alguna.

¿Por qué da igual si salen adelante o no las propuestas de estas seis condiciones?

• Da igual a quien echen del cargo político. A la política ya sólo se van a acercar funcionarios de ventanilla y mediocres (valga la redundancia), por lo que nos dará igual quien esté porque lo hará igual de mal.
• La renuncia o no a los aforamientos por parte de quienes los tienen no es algo que afecte al día a día del ciudadano de a pie. Nuestras vidas no serán mejores por esto, aunque tampoco peores.
• Ya tenemos tal lío encima por no haber abordado en tiempo y forma la reforma de nuestro sistema político que da igual cómo se parchee. Va a ser un desastre igualmente. Para llegar a esta conclusión ayuda mucho repasar el primer punto de esta misma lista final.
• Da igual a quién indulten o a quién no. Llevamos más de dos mil años debatiendo un indulto en Semana Santa, así que siempre habrá otros por los que echarse la mano a la cabeza.
• Volvemos al punto uno: ¿qué más da cuánto tiempo esté un mediocre en el cargo si quien venga después no va a ser mejor?
• Lo que salga de cualquier comisión de investigación parlamentaria va a ser papel mojado. Aunque hay que reconocer que ésta es la parte más peligrosa porque es donde se van a cavar las trincheras que nos llevarán nuevamente a las dos españas. Ojo con cómo afecte esto a la sociedad española.

En cualquier caso, bienvenidas sean las reformas con sentido o, en este caso que nos ocupa, la intención de reformar algo. Tan sólo pido que nuestros representantes se preocupen más por nosotros y no solamente por resolver sus propios problemas o defectos generados por ellos mismos.

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