ESPECIAL: 1-O en Cataluña

"No nos engañan, Cataluña es España"

Crónica de la jornada de manifestación en las puertas del Ayuntamiento de Málaga en contra del referéndum catalán

01.10.2017 @juanromerafadon 5 minutos

La víspera al 23-F amanecía con una citación nacional en las puertas de los ayuntamientos de las diferentes ciudades de España. Las 51 incluidas. Por el paseo del parque transcurre una marabunta envuelta en banderas, muchas de ellas, compradas en el mismo sitio que las esteladas que más al noroeste lucen los independentistas. Será supremacista decirlo en estos términos, pero ambos proceden de un chino, o, tal y como impone la corrección lingüística, un bazar asiático. Es lo de menos. Conforme la distancia al punto de encuentro se reduce, los cánticos comienzan a escucharse con más nitidez. Un hombre, con un polo azul marino y ninguna referencia a los colores constitucionales -sería el único- lee un manifiesto en voz alta que es aplaudido con fuerza por los presentes. "No al chantaje catalán. Por la igualdad entre españoles", se lee en una pancarta que queda eclipsada al instante por los bailes de bandera y los aplausos.

Al momento, comienzan a surgir los primeros atisbos de acción poética patria. Lo cierto es lo que los cánticos vienen aprendidos de casa; tras tanto vídeo en redes sociales, resulta difícil encontrar a alguien que no se sepa los estribillos. Allí, hay un millar de fachas para la Cataluña independentista, tres cuartos para Twitter, y el 100% para la CUP. Para el resto, familias, parejas y ciudadanos que, a las puertas de un saqueo inconstitucional, se han engalanado de españolismo y se han echado a la calle a defender lo suyo. Como el tópico es el tópico, si unos son fachas, los otros son unos agarraos. Y así ganamos todos, o perdemos. Salvo los hoteles de las ciudades anfitrionas de Eurovisión, que en ese caso ganan mucho; y si dicen que no, pues a celebrar referéndum de anexión a cualquier otro continente. La revolución, como el azar, es así de caprichosa.

Aquella bandera esconde en cada hebra una historia que se deja entrever entre los fragmentos más desteñidos

Entre el análisis del quorum, sorprende ver en primera línea una bandera con el águila ondeando. ¡Coño!, estás serán las banderas victoriosas. En La defensa de Madrid, de Chaves Nogales, se leía en alusión a una frase de Miaja: "Al frente, los que sepan morir". En este caso, al frente los que sepan defender España. El hombre que la porta seguramente no llegue a los 70 años, pero dejándose ver la densa barba blanca, una melena canosa recortada y el verdor de los tatuajes descoloridos, aquel antiguo legionario parece un octogenario. "Yo respeto todas las banderas, pero esta es a la que juré lealtad", dice. Sin tiempo para más explicación, se coloca muy regio cuando se atisban los primeros compases del Himno nacional. Se emociona y se cuadra. Allí, frente a las puertas de un Ayuntamiento que se han abierto minutos antes para dejar salir al alcalde Francisco de la Torre y a la concejala Teresa Porras. La manifestación corea: "No nos engañan, Cataluña es España". Quizá el grito más repetido durante la jornada. Lema de la inexorable geografía española que, como recortable como una línea de puntos, amenaza con fragmentar una historia emborronada por la incompetencia de unos y otros.

Fachada principal del Ayuntamiento de Málaga entre banderas de España. "Viva la unidad de España", se lee en una.

 

El sol aprieta, pero las canciones más. Del clásico "Yo soy español, español", se pasa a un sofisticado "Muestra tu bandera, es tu orgullo". Entre tanto, algunos han empezado a entonar "Puigdemont, a prisión" que un gracioso transforma por un "Puigdemont, al paredón". Rápidamente, se hace un silencio alrededor y se sofoca el despunte. Decían los versos aquello de: "Con dos gotas de sangre,/ y un rayo de sol,/ Dios hizo una bandera/ y se la dio a un español". De ser cierto, habría que acudir a un centro de sangre para teñir de colorado tanta tela. Tela que un caballero, vestido correctamente y engominado hacia atrás, se coloca en los hombros mientras mira con mucho respeto lo que se cuece en las escalinatas. Aquella bandera esconde en cada hebra una historia que se deja entrever en los fragmentos más desteñidos. "Aquí hemos venido, a defender esta causa", comenta mientras saluda a un viejo amigo. Y transcurre entre los dos una conversación tan normal como la que se produce entre dos desconocidos que se aferran a la ansiada sombra:

-Vamos a ponernos a la sombra, hija, que con este sol me voy a morir -dice una señora.

-Sí, pero va a morir por España -le responde un hombre que allí se encontraba.

-¡Claro! Pero usted está a la sombra.

-Bueno alguien tendrá que contarlo -y se van buscando la protección del sol entre risas.

Sigue el sueño de escuchar aquella consigna de algunas concentraciones de principios de siglo: "España, una, y no cincuenta y una". Pero no se canta, como tampoco ocurre con el "A por ellos" o el "Cara al sol".  Y mientras tanto, unos jóvenes que llegan algo tarde. El día anterior había sido viernes y el centro de Málaga no se llena solo. "Aquí hemos venido, a defender la unidad de España", comentan. Para aquel exaltado de TV3, de nombre irrecordable, seguramente sean futuros abusadores del PER y rompedores de colchones en siestas interminables. ¡Y que viva Andalucía lliure! Que si lo dice Sánchez Gordillo, pues a misa. Aunque como buen sábado, todo se quede en el vermú de las dos. Y al pie de la letra, el observador se aleja del tumulto para disfrutar de una buena copa del elixir patrio. O de un aperitivo de los de toda la vida. "Bueno, a ver qué pasa mañana", le preguntan. "¿Mañana?, mañana no pasará nada". Pero algo habrá que hacer. Aunque sea domingo.

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