Política y economía

Podemos o la transformación de España

Podemos no ha nacido para ser un partido testimonial, sino, como dice Pablo Iglesias, para asaltar los cielos. Esta transformación política y el tíquet de entrada para una nueva democracia, ¿cómo funciona Podemos?

22.06.2016 @emilioarnao 9 minutos

Podemos ajusta una nueva democracia que angula todo efecto de libertad.Podemos radica en un movimiento social evolucionado del 15M y con sus propias herramientas de trabajo. Quiere aunar esfuerzos de la ciudadanía y que sea ésta la que tome el hilo conductor de la política española. Para ello se sirve de lo que se denominan Círculos, que no es otra cosa, sino el agrupamiento por zonas de gente que cree que este país se puede cambiar desde la sensatez, la decencia, la pulcritud y la neodemocracia. Podemos, en este sentido, adquiere un valor de originalidad, puesto que, desde la Revolución Francesa, la calle libremente no había tomado el poder -si bien surgieron distintas “plataformas” como los sans-cullottes, los girondinos, los jacobinos, los cordeliers, etc.- Podemos es una agrupación altamente política, que quiere hacer política con el ciudadano de a pie, con el objetivo de que sea el ciudadano el que elija cómo quiere que se legisle y qué quiere o no que se legisle. La legislatura de Podemos por tanto es, insisto, originalmente abierta a todo hombre o mujer que quiera intervenir en la política nacional, sin la aniquilación que venimos padeciendo a partir de una casta política que como vimos en unos de los papeles de Wikileaps, de Jules Assange, sacados de la CIA, nos definía de la siguiente manera: “los políticos españoles sólo quieren el poder y no le importan demasiado los ciudadanos”. Si los norteamericanos tienen esta percepción de nuestra política, cuál será el próximo festival en que nos metan. Damos pena. La ascosidad de la vida política española ya campa por los adentros de su caracterología funesta y degradante. Lo cierto, es que damos risa. Este payasismo español funde toda posibilidad de un destino digno. ¿Qué hacer?

Insistir en la neodemocracia. ¿Qué entendemos por neodemocracia? Posiblemente y teóricamente la institucionalización de la justicia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la economía y el reparto de los bienes públicos y pulcros entre los ciudadanos que la conforman. ¿Esto está ocurriendo actualmente en España? No hace falta que responda. De todos es sabido que la democracia española nos la vendieron como un venero en la fallida Transición tras la muerte del dictador. Aquella Transición fue impuesta por EEUU a partir de un pacto que demandaba que se gestara en este país un bipartidismo que fuera alternándose de años en años. Jugada maestra. ¿En qué ha derivado todo eso? Yo diría que en la derrota de la democracia, su génesis, su origen -si quieren miramos a los griegos clásicos-, su idiosincracia. Nos vendieron la moto con el monarca parando un Golpe de Estado. Todo estaba hecho, “atado y bien atado”, ahora sólo había que intentar que nadie jugara a la pelota, como en 1789. Es decir, nuestra actual democracia lo es para dos grupos de élites, para dos guerras políticas donde los perros se lanzan al cuello y a la salida de los leones cenan todos juntos en el Palace. Han pasado más de treinta años en que un ministro de Franco participara en la elaboración de la Carta Magna. Fraga venía con el culo escocido de Palomares y, en un afeitado de asta de toro, pasó de franquista a demócrata, que es algo parecido a ser del Real Madrid y pasarse al Atlétic, algo imposible.

La neodemocracia es decir lo que no quieren que digamos; por ejemplo, reformulación de la Constitución -la que tenemos está más vieja que el último soldado de Numancia-, una reforma fiscal donde paguen los que no tributan -o lo hacen levemente-, un Proceso Constituyente, una separación total y definitiva de los tres poderes de Montesquieu, un salario justo para todo trabajador, no pagar la deuda ilegítima -para la cual el PPSOE sí que cambiaron un artículo constitucional-, un trabajo digno, vivienda, alimentación suficientes para el bienestar social, la nacionalización de la Banca española, casi toda, para que no caiga en manos de aquellos Ratos o de aquellos Blesas -o para que los consejos de administración no draculeen con productos como las preferentes -miles de afectados-, la nacionalización de las empresas públicas privatizadas, las cuales actúan como puertas giratorias para los amiguetes y para la reserva de aquellos políticos que gobernaron y legislaron sobre los oligopolios privados para dos años más tarde, después de la defunción pública, engrosar con sueldos millonarios en tales empresas. A su vez es necesario regresar a una zona del keynesianismo -muerto por Thatcher, Reagan y su neoliberalismo-, engordar el Estado para que éste, como simple administrador de los bienes públicos, reparta las tributaciones y las ganancias entre efectos solidarios: sanidad, educación, dependencia, pensiones, desempleados, etc. La neodemocracia comienza cuando fenezca la partitocracia, esto es, una democracia de cuatro años donde el ciudadano sólo hace que presenciar de qué manera el bipartidismo finge la lucha por el poder con tal de adquirir ese sexualismo que manteca el poder mismo. ¿Alguien se sigue creyendo -como dijo la CIA- que los políticos tienen como objetivo primordial el bienestar de cada uno, repito, de cada uno de los españoles?

La neodemocracia no es una costumbre, tampoco una tipología, ni mucho menos una carrera hacia el vacío; en todo caso, una necesidad que en España urge como el servicio de urgencias de los hospitales que el Partido Popular quiere privatizar. La democracia añeja -tanto socialista como popular-, desde la reconversión industrial hasta el pago a los bancos de la Troika, ya no tiene ningún sentido, pues todos los datos apuntan -ver estadísticas internacionales- a que esta crisis no es recuperable, en todo caso, cíclica -saldremos, pero volveremos a caer en este marasmo desarticulado que es el neocapitalismo-. El capitalismo -ya hablaré más extenso en otro artículo que se publique en este gran periódico confeccionado por jóvenes como es “El Reverso”- únicamente comprende la brutalidad ética que coexiste con el poder financiero, la gran banca, el globalizado empresariado y la lista de la revista Forbes. El capitalismo sólo son cinco, mientras que la neodemocracia somos todos los demás. ¿Cómo negar esta evidencia? Cuando Rajoy va a Berlín, Merkel le recuerda que debe realizar más ajustes sociales para que España pague la deuda contraída durante el boom inmobiliario con los bancos alemanes. Menuda juerga. Pero el genial Montoro sigue riéndose cada vez que aparece en televisión. Yo no sé de qué se ríe este hombre, pues si es feo y por contra divertido cuando aparece ante los medios. Hay hombres que pueden reír y otros no. Guindos tartamudea. Fátima lleva la virgen del Rocío entre los senos. Wert fue Max Estrella en Valle-Inclán. Soria se perdía cada vez que abría la boca y acabó en Panamá por tanta ambición y celaje. Cospedal acabará siendo amante de Bárcenas. Soraya va de niña mona, pero no está sola, que está muy buena según le sacó vestida de top-model Pedro J. Ramírez. Ana Mato regresó siempre de Guinea -en Jaguar-. Fernández Díez pone también medallitas a sus vírgenes mientras les adjudica cuchillos en punta a los negros subsaharianos. Margallo es la Marca España, pero España sólo tiene de “Marca” el título de un periódico deportivo. El gallardo Gallardón nos la dio con queso. De centroizquierdista en Madrid se pasó al opusdeísmo de Escrivá. Cómo cojones cambia la gente por un sillón azul en los leones. Y así todo seguido. La democracia que ligan los anteriormente citados a modo de chiste no es tal, sino, retornando a Valle, “colorín, pingajo y hambre”. La democracia española en estos momentos está presa en Guantánamo, a espera de juicio, y esta verbenera colección de demócratas más vale que se vayan a las Ventas a lidiar con el ganado vespertino del Quijote. Allá molinos. Allá gigantes. Cervantes hubiera escrito la novela ejemplar hoy sobre Rinconcete y Cortadillo. ¡Qué lazarillesco se ha puesto el Estado de Derecho¡ A mí lo que me jode es que estos tipejos y brujillas de Goya se llenen la boca con tres palabras de potinge celestinesco: democracia, Constitución y Estado de Derecho. Son unos sinvergüenzas. Por menos, Pavía ya hubiera entrado con el caballo. Menos mal que Tejero se recupera del infarto golpista haciendo paellas en los cuarteles.

Retornando al tema con más seriedad, diré que la neodemocracia lo que intenta es formar a las gentes, reformular esta invitación tan clara y fácil a la hora de definir cómo es la devolución de los derechos de los ciudadanos, cómo se debe acentuar la justicia ante lo injusto, cómo es posible asociar una época por lo que debe ser, no por lo que quieren que sea. El mundo entero, en estos momentos, está mirando hacia España, y si en su momento el 15M fue la revolución española, ahora Podemos es un referente internacional que hila como Penélope a la espera de la llegada de Odiseo a Latinoamérica. La neodemocracia es la transformación del mundo. Creíamos que la antiglobalización iba a cambiar la vida, pero hubo un pacto entre el poder y los mass media para acallar aquella revuelta de cheguevaristas, maoístas, hippies californianos, asociaciones globales, ONGs, canciones de Nirvana, banderas de todos los colores del arco iris, universitarios de la izquierda italiana -un muerto por disparos de la policía en Génova-, y así todo seguido. Marx dijo que había que transformar el mundo, no contarlo como hacían los intelectuales. Esa transformación es posible si se va hilvanando delicadamente estos círculos de ciudadanos que hoy son españoles, pero mañana serán franceses, y al otro ucranianos. Podemos puede visualizar esta indignación que hoy reparte tanto pensamiento neocapitalista por culpa de ya trescientos años en que Adam Smith o Stuart Mill cantaron la revolución industrial. Las redes de la información y la comunicación están completamente en manos del poder, pues la mercantilización del mundo depende de ello. Mientras, a un niño de Sri Lanka le pagan un dólar por trabajar catorce horas en la multinacional Nike. ¿Qué es la democracia global? ¿Dónde se esconde? ¿Por qué tienen tanto miedo a que Latinoamérica despierte, a que Eduardo Galeano siga escribiendo libros después de muerto, a que Noam Chomsky siga dando conferencias en la Columbia University? ¿A qué tienen miedo? Yo lo diré con sinceridad: a que el pueblo se enerve tanto que se establezca una desobediencia civil o el estallido de la violencia en las calles que los ministros de Interior solventan con que todo esto sea sólo un cadáver exquisito, como si la democracia fuera un Tristan Tzara en el Cabaret Voltaire.

La neodemocracia se licenciará desde el momento en que se evite la costumbre, la moda, el todo vale, la resignación, incluso la resistencia. De aquí la difícil misión que, como decía Fichte, compete al político, al verdadero político, esto es, declarar una filiación hacia lo público con consistencia, con solidaridad, con hermosas virtudes, con valores subyugantes y estimativos. La neodemocracia busca a ese tipo de político que lleve en el genoma la raza, el nietzscheanismo, la sangre pura, los labios felices, la ropa comprada en el Rastro, un sueldo acorde a sus condiciones laborales, esto es, servir al pueblo, no servirse de él. El político español siempre ha generado inmensas dudas a la hora de creer en el futuro de las generaciones. Gobierna para un carpe diem inexistente y sólo libros de autoayuda.

La neodemocracia creará continuas generaciones igualitarias, sublimes, cultas, preparadas, amantes entre sí. Jamás dinero en B, ni mucho menos ese individualismo que proviene del liberalismo, como si el hombre tuviera que generar su propia riqueza a base de soledad y trabajo duro, cuando todo individualismo debe conjuntarse y conectarse, desarrollar una nueva ideología en que  la organización nacional dependa de todos y que seamos todos los que, a partir de nuestra participación en la vida pública,logremos lo que España y el mundo entero se merecen, además de atisbarse como apeadero, andén no en el que permanecer, sino en el que sólo esperar el tiempo suficiente para manejar la hacienda, la patria, el nietzscheanismo de izquierdas y una vida entre multitudes felices, festivas, bailongas de tangos, final del aplauso. Las épocas, alguna vez. Eso es el Estado.

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