¿Estamos suficientemente concienciados sobre la ludopatía?

Poner el control de tu vida en juego para ganar (o no) dinero

Treinta y tres mil trescientos noventa y seis millones de euros. Es la cantidad estimada de dinero que se jugó en España a durante el año 2015, una evolución positiva del 11,57% respecto al año anterior. “Se han consolidado las tendencias de recuperación”, afirma Carlos Hernández Rivera, Director General de Ordenación del Juego, en su Memoria e Informe Anual del Juego. Antonio Fortes Pérez no ha puesto ni un céntimo de esos 33.396,17 millones de euros. En su empresa todos los años llevan un número de la lotería pero él no compra. Su recuperación también está más que consolidada. “Yo les deseo toda la suerte del mundo, pero siempre les digo que a mí la lotería me tocó el día que llegué aquí”. Se presenta sin complejos como enfermo de ludopatía curado y es vicepresidente de AMALAJER (Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación): “Yo me caí una vez en un pozo, la manera que tengo de no volver a caerme es no asomándome”.

Antonio Fortes Pérez fue sólo uno del 2% de la población española que sufre la ludopatía, según las últimas estimaciones de diversos expertos. Ellos son partícipes en gran parte de la cuantiosa cifra de ingresos del sector del juego. Pilar Blanco Miguel, catedrática de psicología clínica especializada en ludopatía, contrapone ambas realidades en su artículo al respecto Asumiendo las consecuencias negativas de la adicción al juego: “Bajo esta bonanza se esconde una angosta realidad: la realidad del adicto que, sabiéndose perdedor, es capaz de esquilmar su proyecto de vida por unos momentos de juego”. El testimonio de Antonio respalda ese contraste: "Aunque tuviera una familia, hijos y trabajo, yo no era feliz: necesitaba el juego. Hasta tal punto llega la paranoia que, cuando conducía el camión por zonas con barrancos pensaba, ¿y si tiro el camión y se acaba todo?”

Es uno de los finales posibles, afortunadamente, uno poco común. Más difícil aún es señalar el inicio de la odisea. En El juego como adicción social: crónica de una patología anunciada, de la ya mencionada Pilar Blanco junto con otros dos colegas catedráticos, se argumenta la dificultad de los ludópatas para vislumbrar el inicio de su adicción: “De forma habitual, el jugador piensa que su juego no tiene por qué tener un motivo, de ahí que no encuentre razón o razones ciertas al principio de su narración”. Antonio sí recuerda sus comienzos: “Empecé jugando a las cartas con los amigos. Al principio nos jugábamos muy poco pero cuando empezaba a ganar ya quería apostar más para que el premio fuera mejor. Todos empiezan creyendo que pueden ganar dinero”. Blanco y sus compañeros definen como principales causas del comienzo en el juego su gran disponibilidad, su fácil accesibilidad, su gran aceptación social, su alta difusión y la laxitud en las restricciones legales. “En contraposición a las drogas, el juego cuenta con el beneplácito de todos, justificándolo a través de una serie de creencias positivas que básicamente pueden resumirse en «su nula peligrosidad y sus cuantiosos beneficios económicos»”, afirma Blanco.

"El que juega pensando que va a ganar ya está en el camino de la ludopatía"

Existe un punto en el que uno pasa del juego por diversión a la ludopatía. Los adictos al juego ya curados señalan ese punto concreto en la creencia de que se va a conseguir ganar dinero: "El juego es una forma de ganar dinero rápido, dinero que se va igual de veloz. Te haces el cuento de la lechera. Pago el piso y las deudas pendientes y luego me voy de vacaciones, renuevo el coche, me compro un yate y compro mis amistades", añade Javier, ex ludópata aún en rehabilitación que cuenta su relato en el décimo Seminario de Adicciones no Tóxicas de la Universidad Jaume I de Castellón, bajo el lema Juego patológico: ¿trastorno o conducta?. Fortes Pérez también considera que existe un punto de inflexión: “El mejor jugador es el que juega sabiendo que va a perder. El que echa unas monedas en la máquina para perderlo, solo por pasar el rato. Pero el que piensa en ganar, ese ya está en el camino de la ludopatía (…) Yo tuve una época en la que creía que me podía ganar la vida con las cartas, pero es solo una etapa. En el juego solo gana la banca”.

Las consecuencias de la adicción en la vida del ludópata son desastrosas. “De manera general, se ha descubierto que ser ludópata tiene muchos más consecuentes que el problema económico evidente. No debemos despreciar las implicaciones de esta conducta a otros niveles: familiar, laboral, legal y social, que pueden considerarse, a medio plazo, como factores mucho más execrables que el del mero gasto económico”, asegura Blanco.

"El día que falleció mi padre elegí el juego a estar con él"

Por su parte, Alonso Fernández, en su artículo Las nuevas adicciones, considera que “a nivel humano el «precio a pagar» hay que situarlo en el propio dramatismo que encierran todas las historias personales y familiares de juego”. El ludópata lleva una doble vida y se apoya para ello de la mentira como supuesto bote salvavidas: “Se desarrollan capacidades y habilidades singulares que permiten elaborar complejas mentiras, ficciones, farsas e historias que van incubriendo las ingentes pérdidas de dinero, el descontrol o las consecuencias disruptivas que se pueden producir”, asegura Concepción Barroso Benítez en su tesis Las bases sociales de la ludopatía. Depresión, el hurto y el consumo de drogas son otras derivaciones que puede tener la ludopatía en la vida del adicto, que lo único que busca es seguir jugando y se olvida de todo lo demás. "El día que falleció mi padre elegí el juego a estar con él". Es el recuerdo más triste que tiene Javier de su oscura época.

Antonio Fortes empezó echando unas cartas en su pueblo y acabó viajando durante más de tres días por los casinos de la zona, durmiendo en el coche, volviendo sin nada. Tal era su relación con las salas de juego. Estos espacios dedicados al azar han sido siempre puntos de encuentro, enclaves sociales y focos de entretenimiento. Pero, lejos de esa visión, los casinos y salones de juego pueden ser el germen de esta enfermedad que afecta a 400.000 personas según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar).

Pero los profesionales de este mundo (crupieres, jefes de sala y demás trabajadores) entienden que su papel muchas veces está tergiversado. Hablamos con J.G.G., trabajador del Salón de juego y ocio Admiran, en Fuengirola. Afirma que son los estigmas hacia su profesión lo que le obligan a ocultar su identidad bajo esas siglas. Reconoce que muchas veces “se mata al mensajero”, sobre todo a la hora de relacionar su trabajo con la ludopatía. De hecho, cuando le preguntamos sobre el protocolo de actuación a la hora de coincidir con un enfermo del juego responde: “Yo trato con jugadores o jugadores compulsivos, en ningún caso ludópatas”. Han vivido la crisis con una despreocupación relativa, llegando a afirmar que no les ha afectado de manera consustancial y que juegos virtuales como Bwin o BEt365 hacen la competencia en otro campo, en ningún caso en el de los salones de juego. J.G.G prefiere no responder a las preguntas sobre el perfil del jugador habitual y de los prejuicios al respecto. Afirma que su código de trabajo y la mala reputación de la sociedad se lo impiden.

En 2012, el juego movió 27.339 millones de euros, lo que se corresponde con el 3% del PIB en términos de gasto

Sin embargo, estos templos del juego y de la probabilidad suponen una pieza clave en la economía española. Según datos de Actibva (estructura de BBVA dedicada a la educación financiera) de 2012, el juego movió 27.339 millones de euros, lo que se corresponde con el 3% del PIB en términos de gasto. De ese total, un 6,8% procede de los casinos, 9,82% de los bingos y 41,47% de máquinas tragaperras. Por lo tanto, el 58,09% tiene su origen en la iniciativa privada. El 41.91% restante se corresponde con la lotería del Estado y de la ONCE.

Hasta la fecha, hay contabilizados 43 casinos, los dos últimos inaugurados en 2015. Son 339 los salones de bingo existen, un 11% menos desde 2011. En este tema, la incorporación del espacio web a la vida cotidiana ha tenido un papel fundamental. Según el estudio ONTSI de 2013, hay 18.651,864 personas de entre 16 y 74 años usan Internet. Además, según la Asociación de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (ADESE, 2009), en España hay 10,4 millones de videojugadores de los que 7,2 millones son jugadores de consola y 6,7 millones juegan en su ordenador personal. He aquí la razón imperante de la reducción drástica en el número de salones de bingo en los últimos años. Los espacios virtuales como YoBingo, Botemanía o Sportium le han comido terreno a los clásicos salones característicos de la España de los 80 y 90.

En los casinos, el número de visitantes entre el 2000 y 2010 ha aumentado en más de un millón de personas (4.344.178 personas). Siguen teniendo un fuerte arraigo en la tradición española posaperturista. “El jugador habitual ya no se conforma con ir de vez en cuando a los salones, ahora tiene en su propio cuarto un casino. Gracias al ordenador”, reconoce Antonio Fortes. Él mismo afirma que el juego se ha repartido de manera distinta. La media de gasto en un casino se mantiene en los 427 euros, y no ha visto grandes fluctuaciones en los últimos años. En vista de las arcas del Estado, sigue siendo un negocio muy rentable.

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