Política y economía

Reflexión acerca de la Universidad en España

¿Está la Universidad española preparada para el siglo XXI?

18.04.2016 @fcovargas 5 minutos

Desde el final de la dictadura ha habido numerosas reformas educativas en España, la mayoría de ellas desastrosas, como demuestran los problemas que tienen nuestros estudiantes para ser competitivos.

La primera reforma educativa que se llevó a cabo fue la Ley de Reforma Universitaria (LRU) en 1983. Ésta fue una ley muy necesaria en su momento, pues adaptaba el marco legal universitario a las nuevas exigencias constitucionales de 1978. Desgraciadamente, el resultado en la práctica no ha podido ser peor (aunque pudo ser previsible), ya que la Universidad se ha convertido en una carrera desesperada por parte de quienes implantaron la ley para colocar a los afines y así adoctrinar a la futura élite intelectual. La autonomía universitaria ha dado lugar a un régimen endogámico y casi totalitario en el que cualquier reforma que se quiera llevar a cabo tiene que tener un requisito básico: debe contar con la Universidad.

Los problemas que plantea esta situación de la Universidad en España son que cualquier reforma que se haga sin contar con la Universidad tendrá a la Universidad en contra, así como que cualquier reforma en la que se cuente con la Universidad no se producirá, puesto que la endogamia que padece el sistema no lo permite. Lo más grave de la autonomía universitaria es que, a pesar de su autonomía, es un servicio público en manos de unos pocos. Un servicio público que, además, se devalúa día a día hasta encontrarnos con que ninguna Universidad española está entre las 200 mejores universidades del mundo. Éste no es un dato baladí, pues no olvidemos que algunas de las mejores (y pioneras) universidades del mundo estuvieron en nuestro país durante muchos siglos. El resultado es que la exigencia universitaria disminuye y, con ella, el desarrollo del país.

La Universidad española no está preparada para afrontar los retos del siglo XXI por una sencilla razón: al igual que el resto del sistema educativo, no se prima la excelencia, sino la igualdad. Y ya sabemos adónde nos lleva la igualdad: a la mediocridad. No nos engañemos, si la Universidad tiene que ser el referente y el motor de una sociedad no puede permitirse el no potenciar la excelencia y atraer a los mejores profesores/investigadores y "crear" a los mejores futuros profesores/investigadores. Pese a quien pese y por encima de cualquier autonomía mal entendida y pagada con el dinero de todos. Como ejemplo de buen hacer nos encontramos con que algunas de las escuelas de negocios españolas se encuentran entre las mejores del mundo.

A alguna mente malpensada, y muy probablemente en busca de subvención, estas palabras le sonarán a delirios de un régimen ya pasado en el que sólo alcanzaban los estudios universitarios unos pocos. Esto no tiene nada que ver con los tiempos anteriores a la democracia, salvo el mamoneo. En aquellos años, por lo general, aunque no siempre, iban a la Universidad sólo aquéllos que se lo podían permitir económicamente. Hoy, los tiempos han cambiado (a mejor) y el grueso de la población puede considerarse como clase media que se puede permitir las necesidades básicas, con la educación (universitaria) entre ellas. En esta situación lo que no podemos permitirnos es estar abriendo universidades por el mero hecho de que la gente las reclame. Cuantas más plazas universitarias ofertadas, menor calidad de la exigencia intelectual. A la universidad ya no van los mejores, sino el que quiere, con independencia de sus capacidades reales. Como he dicho anteriormente, habrá quien piense que esto es algo positivo, pero yo no lo veo así. Sólo hay que acercarse a cualquier Universidad (pública) para darse cuenta de lo que estoy hablando: masificación, alumnos frustrados, falta de medios… Todo esto nos cuesta mucho dinero a todos los españoles en importación de ideas. Lo que nosotros mismos no somos capaces de desarrollar en I+D+i, lo tenemos que comprar fuera.

Olvidemos tiempos pasados en los que la carrera universitaria otorgaba prestigio social y pensemos en cuál es la verdadera función de la Universidad y en qué otras necesidades básicas se puede invertir lo que nos ahorremos en alumnos frustrados o incompetentes como, por ejemplo, becas para aquellos capacitados intelectualmente que no disponen de ingresos suficientes para poder desplazarse de casa o simplemente entrar en la Universidad de al lado de su domicilio. Estados Unidos tiene las mejores universidades del mundo y a los jóvenes americanos no les importa tener que desplazarse hasta ellas. ¿De verdad pensamos que en la era de las comunicaciones y de los transportes eso debe ser un problema para encontrar trabajo o una educación de calidad? Ir a la Universidad al lado de casa no debería ser un valor. Lo que se debería valorar es el poder ir a una Universidad de calidad, con independencia de donde se encuentre.

Obviamente, gran parte de esto que estoy diciendo es aplicable también a la enseñanza básica y media. La pregunta es: ¿enseñanza para todos, o todos la misma enseñanza? Yo digo que enseñanza para todos, pero no para todos la misma enseñanza, puesto que no somos todos iguales. De la misma manera que ayudamos a aquellos alumnos que tienen más dificultades para llegar al nivel mínimo exigible, deberíamos invertir esfuerzos y recursos en aupar un poquito más a los que están en condiciones de aportar más que la media.

Me explico.

Nos permitimos en educación lo que no permitimos en nuestros equipos de fútbol, por ejemplo. España está triunfando en deporte precisamente porque el deporte prima la excelencia. ¿Os imagináis que los jugadores de un equipo como el Real Madrid cobraran todos lo mismo? ¿O que los veteranos del equipo decidieran a quién se ficha y quién entra en el once inicial? Pues esto es lo que ocurre en las Universidades españolas. Todos los profesores/investigadores cobran por igual independientemente de su aportación académica y los catedráticos son los que deciden quiénes pueden dar clase en sus departamentos, perpetuándose así ellos mismos en sus poltronas. ¡Si hasta nos permitimos el lujo de que gente de reconocido prestigio no dé clases en algunas de nuestras Universidades por no hablar una lengua cooficial!

Considero que la clave es hacer un sistema educativo que valore la responsabilidad desde la infancia. Esta responsabilidad, bien administrada por los propios estudiantes, les hará afrontar la Universidad y la vida con espíritu crítico.

Algunos vemos en Bolonia un atisbo de luz que nos permita disfrutar de una Universidad mejor y de calidad. Pero no nos engañemos, Bolonia no es un fin en sí mismo, sino tan sólo un medio, y uno muy pequeño por cierto. Si no eliminamos los errores enquistados en nuestro sistema universitario y que he detallado con anterioridad, seguiremos como hasta ahora.

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