Política y economía

¿Y ahora quién gobierna?

Sin que caiga la trinchera del PSOE poco puede hacer PP, mientras Unidos Podemos y C's esperan su momento

05.07.2016 @pablomerinoruiz 6 minutos

La noche de las elecciones los cuatro secretarios generales aseguraron que no habrá terceras elecciones. Analizando la aritmética parlamentaria todo sigue siendo un caos. Me cuesta creerlos. La intransigencia y la falta de voluntad de acuerdo siguen vigentes. Repasando la actitud de los partidos y las posibilidades abiertas pocas soluciones hay que no sean las de un gobierno breve, inestable y de un par de años del que solo el Partido Popular forme parte. La decisión del PSOE sigue siendo la pieza sobre la que se edificará o no el nuevo gobierno. Sin un movimiento socialista en las alianzas o investiduras, las nuevas elecciones están prácticamente aseguradas. ¿Quién conseguirá echar a un lado su trinchera?

-Ciudadanos no puede aceptar un gobierno en coalición con los nacionalistas vascos, atentaría contra su propia lógica fundacional. El acuerdo con el PSOE perdió su razón de ser hace meses. Tampoco puede tenderle la mano a Rajoy. La regeneración política que pretenden impulsar les deja inmóviles ante la clara (pero no resolutiva) victoria del PP. El pasado 26J perdieron 8 escaños en el Parlamento y sus apoyos de nada sirven para investir a un presidente. Les toca ahora dar un paso al lado y reunirse con el que lo solicite. Nada más.

-El futuro del país depende de la decisión del PSOE como digo y deberán tomarla antes del comité federal de octubre, por lo que todo cae en las manos del secretario general Pedro Sánchez. Su liderazgo se cuestiona día sí y día también entre los barones tras cosechar de forma consecutiva los dos peores resultados del partido en la historia de la democracia. Rubalcaba en su momento dimitió. Lo cierto es que de los cuatro grandes líderes Pedro es el único que se sometió a primarias y recibió el voto de confianza de su partido. Ahí queda el apunte.

La mínima abstención es una de las opciones que barajan los socialistas. El presidente de Extremadura y pieza importante del sector más crítico, Guillermo Fernández Vara, apuesta por esta vía. Pide a su partido la abstención, en caso de que fuera necesaria (que lo será), para investir a un presidente y “reconstruir” un proyecto político desde la oposición, como hará Unidos Podemos. Parece sensato. Esa abstención se produciría con algunas concesiones de los populares -¿la presidencia de la cámara?- que mantendrían en la mesa negociadora a los dirigentes de uno y otro enclave por primera vez, obligados a entenderse bajo la amenaza de unas terceras elecciones. Ahora bien, si PP no consiguiera ningún socio la abstención se complicaría. Con el apoyo de PNV, C’S y CC se abría antes una alternativa nueva. El apoyo del candidato de Nueva Canarias Pedro Quevedo nos dejaría un panorama diferente donde sin necesidad del PSOE, técnicamente, Rajoy podría ser presidente. El sí ganaría por un voto al no. Tras unos primeros días de confusión, el candidato nacionalista canario ha decidido descartar esa opción y se niega a colaborar, votará en contra si la posición de su acuerdo con el PSOE no varía. Hasta el momento no lo ha hecho y respetará la agenda común que tienen. Descartado queda pues, salvo sorpresa y cambio de parecer.

Desde la Unión Europea, en especial la canciller alemana Angela Merkel, promueven la ya famosa gran coalición. Desde Bruselas no quieren sobresaltos. El Bréxit ha supuesto un duro golpe para el proyecto común europeo y España, como tercera fuerza económica ya sin contar con la exiliada Reino Unido, resulta decisiva para mantener la estabilidad y dar un mensaje de seguridad al mercado internacional. PP siempre ha sido partidario de esta opción, instado por las altas esferas del parlamento europeo. Ciudadanos en algún momento lo fue, cuando todavía confiaba en el entendimiento entre Sánchez y Rajoy. Buscaba una reforma en todas las cámaras y la renovación de la Constitución. Pero, visto el percal, ven altamente improbable un acuerdo PP-PSOE y rechazan formar parte de él. No eran ni son necesarios, solo legitimaban un profundo cambio en el Congreso. También hubo un momento en el que Felipe González la abanderaba junto con otros barones socialistas. Ya no es así. La gran coalición hoy es una quimera, supondría un desgaste innecesario para el PSOE que los militantes no entenderían. La utopía de las grandes empresas del IBEX 35 y las multinacionales se esfuma.

-La polarización del mapa político deja a los extremos en una posición favorable. Gracias a esta situación al único partido al que no se le atribuye ninguna responsabilidad es Unidos Podemos. Lo que años atrás le ocurría al PSOE, pasará a la oposición sin más. Los partidos moderados se ven presionados ante la necesidad de formar un gobierno, pero ellos no. Descartado queda, y por completo, cualquier movimiento que implique a Unidos Podemos. Rechazan cualquier posibilidad que incluya al PP. Tras el batacazo de las elecciones se abre un debate en las confluencias para analizar los errores cometidos en la campaña y el rédito y respaldo electoral que han tenido.

Quieren ejercitarse en la oposición y esperar al momento en el que, de verdad y de forma definitiva, puedan ejecutar el sorpasso en la izquierda. A pesar de que PP sea siempre su principal adversario en los futuros comicios, por descontado. Tiempo tendrán para aclarar ideas, analizar los resultados del 26J y entender por qué ha sido la fuerza que más votos ha perdido, cerca de un millón. El conflicto entre personalidades de la confluencia se palpa, sobre todo en Íñigo Errejón. El número 2 de la formación cree que la unión con IU les ha perjudicado, igual piensa el exdirigente de IU Gáspar Llamazares.

-Por su parte, el Partido Popular tiene decidido presentarse a la investidura, igual da los apoyos que consiga estas dos semanas. Esta vez sí dará la cara ante el rey. Antes se sentará a la mesa con todos los partidos que obtuvieron en elecciones representación parlamentaria, excepto con Bildu al que acusan de presentar al Parlamento dos candidatos proetarras. Tratarán de convencer y acordar el máximo número de apoyos aunque saben que lo tienen complicado. Se centrarán fundamentalmente en PNV, C's, CC y, al final, con el PSOE

El panorama queda confuso. C’s se niega a ser, de nuevo, la cabeza de turco de los dos grandes partidos. Al no ser necesarios, pasarán a la oposición si no hay cambios en las altas esferas de Génova. Unidos Podemos también se declara oposición, al igual que todos los nacionalistas. Coalición Canaria apoyará la formación de un gobierno, cualquiera que este sea dentro del marco constitucional y de la moderación. La pelota está entonces en el campo del PSOE. Su unión, mínima abstención o negativa marcará el futuro del PP. Si nada cambia y todos siguen en sus trincheras, habrá terceras elecciones. No queda otra.

La aritmética parlamentaria que hemos configurado libremente los votantes (sin pucherazos ni conspiraciones maquiavélicas) no da para más, ni para menos. Y eso hemos decidido, que los partidos acuerden y, así, poner fin a las mayorías absolutas. Aparten sus trincheras y abran paso a los ciudadanos. Formen gobierno y gobiernen, para eso se les paga.

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