Columnismo

Cervantes y Shakespeare: ¿400 años?

23.04.2016 4 minutos

Ferdinand de Lamare, Profesor de Literatura Neurocientífica de la Wichita State University, acaba de publicar un interesantísimo artículo, en colaboración y con el asesoramiento de Stephen Erwin Smolianinov, del Max Planck Institute for Physics, sobre Cervantes y Shakespeare, los dos excelsos genios de la literatura mundial, de cuyo fallecimiento, en el mismo día a decir de algunos, se conmemoran los 400 años hoy, 23 de abril.

El artículo publicado es en realidad el resumen o corolario de una mucho más profunda investigación llevada a cabo en los últimos 15 años por ambos profesores-investigadores.

Lamare, creador e introductor de lo que, quizás con cierto esfuerzo, podríamos traducir como “narralética psicolingüística”, en su estudio junto con el reputado investigador cuántico, concluye, resumiendo mucho, que es imposible que dos individuos de finales del siglo XVI tuvieran la capacidad de prospección psicológica, el entendimiento de la mente humana y de los distintos tipos de personalidad, la capacidad para diseccionar al hombre con una visión tan comprensiva y tan amplia, y el conocimiento de materias sumamente dispares e infrecuentes para su época que mostraron ambos genios. Tendrían que haber vivido varias vidas o haber estado en otros mundos para llegar a tal nivel de complejidad y de perfección en el análisis.

Como ejemplo de esto último, se refiere a cuestiones como la la tipología corporal de Kretschmer, descubierta por el psiquiatra y neurólogo alemán Ernst Kretschmer (1888-1964), que se ocupa de la distribución de la Humanidad en dos tipos, el pícnico y el leptosomático, y la relación entre la contextura corporal y el carácter, teorías que son ya desarrolladas por Cervantes en su Don Quijote, con un Sancho pícnico que se relaciona más con el mundo, tiene un horizonte más amplio de intereses, es más sensible, y demuestra movimientos emocionales más oscilantes, pero también más profundos, y un Quijote leptosomático que restringe su atención sobre un campo más limitado y propende al razonamiento frío y analizador.

Comenta Lamare que tanto Shakespeare como Cervantes rebasaron los límites de su época y por ello tienen una resonancia que perdura hasta nuestros días. Don Quijote, Sancho, Hamlet, Macbeth, Falstaff... sus temas y personajes nos fascinan todavía. Experimentaron continuamente con la lengua y, cada uno a su manera, lograron inventar modos de expresión que todavía inspiran a los creadores de hoy.

Hoy en día se los sigue leyendo con tanta naturalidad como si fueran contemporáneos, dejando aparte los lógicos arcaísmos de su lenguaje, pero lo que hace enormemente modernos a ambos es que no emiten juicios de valor sobre sus personajes.  Resulta casi imposible asegurar qué pensaban sus creadores sobre ellos, y ese es el rasgo mayor de su persistente modernidad.

La conclusión de todo ello es que, si no es posible que dos individuos, por muy geniales que fueran, escribieran como si fueran de una época posterior, es porque efectivamente, eran de una época posterior. O dicho de otra forma, Cervantes (y su colega Shakespeare) viajaron de un futuro impreciso al Siglo XVI, y volvieron a su tiempo el mismo día, tal vez puestos de acuerdo en su viaje, con un mismo origen y un mismo final.

Smolianinov teoriza en el estudio sobre las posibilidades de un viaje en el tiempo desde el punto de vista de la física cuántica, y analiza con precisión coincidencias y discrepancias temporales en la vida de ambos escritores. Nos habla de que tal y como demostró Kurt Gödel tiempo atrás, las leyes físicas no prohíben los viajes hacia el pasado, y concluye que nada impide considerar que nuestra propia civilización haya incurrido en la paradoja de moldear su propio destino literario, ya que si se combina la postselección computacional cuántica (la capacidad de realizar un cómputo que descarte automáticamente ciertos resultados) con la teletransportación cuántica, se podría construir una máquina del tiempo libre de paradojas.

Bromas aparte, pues todo esto que escribo no es sino producto de los desvaríos de una ciertamente más que calenturienta imaginación, quería con ello compartir mi modesto homenaje a quienes, como señaló Teodoro Dostoyevski – el más grande escritor cervantino -, crearon lo suficiente como para justificar la historia entera de la Humanidad.

¿Y no sería apasionantemente bello que existiera un “Ministerio del Tiempo” que nos hubiera procurado la felicidad y la magia de disfrutar hoy de la literatura del futuro?

Feliz Día del Libro a todos.

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